lunes 13 de julio de 2009

LA TRISTEZA

La tristeza no es besar sin querer,

sino sin expectativa.
La tristeza nos da confianza
puesto que nos desblinda, nos descerraja.
La tristeza no es no ser como Goldfinger,
sino sentirte él en muchas ocasiones
y escuchar que los demás ríen tus bromas
sólo si están en boca de otros.
La tristeza es Bruce Springsteen cantando solo
o acompañado.
La tristeza es verte reflejado más feo
o, peor, más guapo y no reconocerte.
La tristeza es saber que tras de este abrazo
habrá mil miradas al suelo,
una puerta de acero llamada carácter
y no me importa nada mientras te destrozas
porque te importaba.
La tristeza es bailar siempre sin pareja
o con pareja ajena
o con pareja sin nombre.
La tristeza no es darse cabezazos contra la realidad,
es la realidad que se te regala como una odalisca de saldo.
La tristeza es el que te pide una caricia de limosna
y tú llevas guantes de hierro hace tiempo,
tu cara de circunstancia.
La tristeza es soñar despierto a tres semanas vista
con un toque de pestañas, ojo a ojo,
con la cosa más pura y sustancial que pueda concebirse
y saber que no saldrá como lo habías planeado y, sin embargo,
no dejar de planearlo, por si acaso.
La tristeza no es saber que ocupas muy poco espacio en la tierra,
sino entender que tus pocos gramos los dedicarás a amar
sin que se entere
a una humanidad demasiado ahíta
y saber que dejarás peso y pulmones
y que de ti quedará poco más que un charco breve.
La tristeza que te ha preguntado tantas veces
por qué te torturas, con lo fácil que es olvidarse,
luchar es de cobardes, ya lo sabes, ya lo has probado casi todo.
La tristeza no es lo mismo que el amor,
pero se le parece,
podría ser su principio, su final o su placebo
y en esto último
es en lo que más años llevo creyendo.

domingo 12 de julio de 2009

En el supermercado te veo con las gafas en la cabeza eligiendo un buen queso (siempre fue tu debilidad, a pesar de ser tan caro) Llevo en la mano... no lo recuerdo, algo que se puede encontrar en el supermercado, y corro hacia a ti porque te encuentro irresistible, simplemente por tus gafas encima de la cabeza, unas gafas que se te caen y, en vez de romper el hechizo, todavía lo acentúan más porque te hacen humano e imperfecto. Creo que al final nunca cogerás ese queso, te has quedado abrazándome.

sábado 11 de julio de 2009

DOS POEMAS

DI QUE NO



Es cierto que el sol construye la mañana,
pero soy yo quien la mira
y no es mañana sin mí bajo el palacio del sol:
nubes moradas, rojas, yo
tras una noche que no fue noche
para aterrizar en un día que no será día
ya nunca.
Y todas las caras que rompí,
y todos los corazones que cosí, incluído el mío,
me miran sin duda en los ojos.
Y yo no quiero saber.



DI QUE SÍ

Pasó y no estalló ningún planeta,
ni fue la guerra mundial
(sí en mi cabeza, pero no como te esperas)
Y pasó sin pasar nada
y no importó que importara.
Y seguir en esa imagen de inocencia y margaritas
no sé si es posible,
pero merecerá la pena ¿no crees?
Y resuelto cierto asunto no resuelto
¿que nos queda?
ser felices y un poco mejores.
Por nuestra salud, más que nada.

viernes 10 de julio de 2009

¿Qué es esta losa sobre el pecho?
Araña con detalles su peso vivo,
usa de palanca las raíces del olivo puro,
cuenta las hojas que dejó en el muro la hiedra.
La masa amplia te envolverá, lo sabes,
concéntrate en el poro, el instante, la maleta.
¿Qué esta losa sobre el pecho?
La labor cansada, pegajosa sin límites,
mas nada comparable
con la suma de quehaceres que resulta de ti.

jueves 9 de julio de 2009

La memoria es una metáfora constructiva,
cuando sólo quedan bordes se almacena.
Recuerdos táctiles, visuales, olfativos.
Aunque degradado bajo mil atmósferas
permanece en hilo de plata hecho jersey
que metes en el cajón. No se apolilla,
llegada la temporada vuelves a usarlo,
el mismo recuerdo por tus hombros,
sacado del armario insinuando.
La memoria es la metáfora constructiva
que te tiene desde hace tiempo tejiendo, tejiendo.

miércoles 8 de julio de 2009

VALSAÍN

Hueles Valsaín
a tienda de muebles modernos
y a barniz.
Y un poco a miedo cuando es de noche.
Te riés
con todo lo que conocen tus agujas,
sabio y fronterizo,
mas no tan poderoso como te hubiera convenido,
no has podido evitar al adoquín y al guía
y ahí sigues de cerca tu curso
dejando libre albedrío.
Hueles Valsaín
a lo agotado y lo lleno,
a nombre secreto,
a centro.



martes 7 de julio de 2009

NO ESTÉS TRISTE (versión pública)

No estés triste. Esto te lo digo como un ser humano que se acerca a otro ser humano.

No estés triste. ya sé que la vida nos obliga a hacer muchas cosas que van contra nuestros principios, contra nuestro yo más puro. deberíamos negarnos a hacerlas, pero no siempre podemos. Tenemos que ser falsos y aislarnos porque parece ser que acercarse a otra persona de frente es arriesgarse mucho.
No estés triste. Ya sé que te sientes solo, es a lo que nos obliga este puto mundo, no vaya a ser que nos queramos más de la cuenta. Pero no claudiques. Conocerás a gente, la perderás, conocerás a otra. Quizá alguno se quede y tenga la suerte de conocerte de verdad. Pero para eso tienes que ser valiente tú también ¿eh? No te dejes arrastrar por la atrayente soledad o el pasotismo. No pierdas ni un minuto con quien no merece la pena y lánzate a la piscina de cualquiera que te sonría un poco. El tiempo te dirá si finalmente es alguien importante.
No estés triste porque lo único que pasa es que ahora estás en un proceso de transición, algo así como un período entre glaciaciones, algo entre perder y ganar.
Lo único que puedo darte es ánimo y la voz de la experiencia, regalarte las mismas palabras que tú me decías una vez encima del edredón naranja mientras yo, destrozada, sabía que el mundo iba a ser demasiado para mí.
No estés triste porque vales mucho. Házselo ver al mundo.

lunes 6 de julio de 2009

BAJAS PASIONES

Las chispas nunca
incendian, se comen
las maderas de una vez por todas,
son más bien clavos,
grapas pequeñas que arañan
una astilla y otra.
El fuego nunca
crece de repente,
va caminando como una culebra,
se mete en tu cama, te silba despacio.
Todo ocurre en años, con tiempo a que te arrugues,
con tiempo para que pienses venganzas frías
en platos calientes de chispas de trenes.
El fuego como una sierpe
no te quema, te roba,
se va llevando tu amor, tus buenas palabras,
las cosas por las que te hablaba,
los motivos que tenía para pensar en ti en cada momento.

Así, no me preocupa lo que grites o me insultes,
yo sé que el peligro está en las llamas azules.

Las ascuas no se apagan calentando
tu olvido.

domingo 5 de julio de 2009

Menos mal que estás tú
para curarme detrás de todos los ridículos que hago
en este camino que he tomado.
Si bien no puedes evitármelos
porque soy más insistente en malograrme
que el resto de personas del planeta
al menos te encuentro
sin un reproche
y no tengo que entrar en tu casa a buscarte
siempre esperas en camino.
Una lástima que entregarse sea hoy
un gesto ofensivo para muchos
y que, caricia tras palabra, mirada tras sinceridad,
tenga siempre que volver a ti
que me preguntas cómo ha ido mi expedición
y yo, nueve de cada diez veces,
cabeza baja, armas destrozadas,
te respondo que no traigo caza en el zurrón
y que el amor no está sirviendo en este coto,
algo pasa con los otros:
no se me acercan.
Y mucho menos deciden
arriesgarse como tú.

sábado 4 de julio de 2009

CRIMEN EJEMPLAR, Max Aub

Hacía un frío de mil demonios. Me había citado a las siete y cuarto en la esquina de Venustiano Carranza y San Juan de Letrán. No soy de esos hombres absurdos que adoran el reloj reverenciándolo como una deidad inalterable. Comprendo que el tiempo es elástico y que cuando le dicen a uno a las siete y cuarto, lo mismo da que sean las siete y media. Tengo un criterio amplio para todas las cosas. Siempre he sido un hombre muy tolerante: un liberal de la buena escuela. Pero hay cosas que no se pueden aguantar por muy liberal que uno sea. Que yo sea puntual a las citas no obliga a los demás sino hasta cierto punto; pero ustedes reconocerán conmigo que ese punto existe. Ya dije que hacía un frío espantoso. Y aquella condenada esquina abierta a todos los vientos. Las siete y media, las ocho menos veinte, las ocho menos diez. Las ocho. Es natural que ustedes se pregunten que por qué no lo dejé plantado. La cosa es muy sencilla: yo soy un hombre respetuoso de mi palabra, un poco chapado a la antigua, si ustedes quieren, pero cuando digo una cosa, la cumplo. Héctor me había citado a las siete y cuarto y no me cabe en la cabeza el faltar a una cita. Las ocho y cuarto, las ocho y veinte, las ocho y veinticinco, las ocho y media, y Héctor sin venir. Yo estaba positivamente helado: me dolían los pies, me dolían las manos, me dolía el pecho, me dolía el pelo. La verdad es que si hubiese llevado mi abrigo café, lo más probable es que no hubiera sucedido nada. Pero ésas son cosas del destino y les aseguro que a las tres de la tarde, hora en que salí de casa, nadie podía suponer que se levantara aquel viento. Las nueve menos veinticinco, las nueve menos veinte, las nueve menos cuarto. Transido, amoratado… Llegó a las nueve menos diez: tranquilo, sonriente y satisfecho. Con su grueso abrigo gris y sus guantes forrados:

- ¡Hola, mano!

Así, sin más. No lo pude remediar: lo empujé bajo el tren que pasaba.

viernes 3 de julio de 2009

HAIKUS DE LA CIUDAD (VII)

XIX
El sol engaña
a todo el que camina
hacia la muerte.

XX
Carpas doradas
se inventan cada día
contracorriente.

XXI
No veo nada
sino a través del humo
negro y espeso.

jueves 2 de julio de 2009

TESEO EN SU LABERINTO

I

El sol se reflejaba en la espada brillante y Teseo la movía para poder reflejarse él. Clavaba la espada en el aire, la pasaba por encima de su cabeza ensayando golpes mortales. El arma silbaba con cada golpe de Teseo. Era joven y fuerte ¿Qué más le podía pedir a la vida? Teseo pensaba que aún podía reclamar mucho más. Y eso mismo iba a hacer. Se levantó y estiró las piernas.

Ariadna se columpiaba infantil en la borda de la nave. Ella estaba de frente al mar, de espaldas a Teseo. De pronto se volvió:

-Oye, Teseo, amor, cuéntame otra vez cómo mataste al minotauro.

-No hay mucho que contar: entré, lo maté y salí.

-Pero dame los detalles, por favor, por favor, por favor... –pedía ella poniendo ojos tiernos.

Teseo puso los ojos en blanco y con una mueca de cansancio dijo:

-Ya sabes, buscar al minotauro, clavar espada...

-Pero, Teseo, mi cielo, ¿por qué la espada está tan brillante? ¿Cómo es que no hay ni rastro de la sangre de la bestia? –preguntó Ariadna sonriendo.

Teseo empezaba a estar un poco harto de dar tantas explicaciones, nunca le gustó hablar, sólo cuando su elocuencia talentosa era requerida para actos públicos. Concluyó la conversación diciendo con mucha tranquilidad:

-Mira, las mujeres no entendéis de esto.

Y se volvió a sentar mientras frotaba la espada para limpiar la sangre que Ariadna no veía. Teseo pensó que Minos se la había jugado con Ariadna. Con eso de hacerse el ciego mientras él se la robaba le había cargado un buen muerto. No era tan tonto. Y Ariadna tampoco era tan estúpida como parecía.

-Teseo –empezó Ariadna -, a lo mejor había que ir cambiando las velas porque si no...
-¡Que te calles! –bramó Teseo.

Ariadna se acobardó en un rincón y no volvió a hablar.

Le estaba poniendo malo. Como lo echara todo a perder... Después de todo el esfuerzo de ir hasta Creta y lo mal que le sentaban a él los viajes... Él era un príncipe, no tenía que andar por ahí deambulando. Y la niña no hacía más que molestar con remilgos: que si vamos a poner las velas ya, que si no limpies tanto la espada y, lo último, que le daba un poco de pena el pobre minotauro, ¡por favor!, ¡hasta dónde iba a llegar! Sentir lástima de un ser homicida. Pero él era un hombre joven y fuerte y astuto y minotauricida. Se imponía una solución limpia y eficaz, definitiva pero sin que le implicara.

-Oye, Ariadna–Teseo dulcificaba el tono acercándose a su amada -, lo siento. Es que este tema de matar me tiene un poco estresado. ¿Quieres que hagamos algo bonito juntos?

Ariadna no se fiaba, pero ¿qué otra cosa podía hacer? Cuando una se fuga de casa es con todas las consecuencias. Teseo dio la orden de atracar en la isla más cercana. Cuando hubieron llegado hasta Naxos, bajaron de los barcos para descansar.

-Venga, Teseo, vamos a dar un paseo, ¿eh? Venga, anda, no seas vago, hombre, venga, vamos... –Ariadna estaba eufórica.

-Anda, vete a coger unas flores o algo así.

-¿Flores en la playa?

-Pues conchas, lo que sea, cualquier cosa que suelas hacer cuando estás en una playa. Coge unas cuantas y cuando tengas muchas me las traes todas, anda, ve.

-No, mejor haré una composición para dejar constancia de que estuvimos aquí: Teseo, el salvador y Ariadna, su futura... esposa.

Ariadna se fue trotando por entre las rocas de la playa. Teseo silbó y todos sus hombres subieron a los navíos. Ariadna quería dejar constancia de su presencia allí. Teseo le concedía el deseo: sus restos mortales permanecerían en Naxos eternamente.

-¿Y la chica? –preguntó uno de los compañeros de Teseo.

-¡Bah! Ya sabes, hablaba mucho y, sobre todo, sabía mucho –dijo Teseo guiñando un ojo con ironía.

Ambos rieron y entrechocaron sus copas de vino.

-¡Ah, las mujeres! –decía el compañero de Teseo -, ya se sabe, nunca tienen ni idea de nada, nunca se enteran de las cosas, ¿verdad?

Teseo dejó de sonreír. Ya no le hacía gracia tratar con ese individuo:

-Sí, son muy tontas –apuró su copa de un trago rápido y se marchó a descansar sin más palabras.
II

Teseo dormitaba bajo el sol de la tarde. Pensaba en su suerte. Qué oportuna la visita de Minos el día de su vigésimo aniversario. Con lo estúpido que era y lo asustado que siempre estaba no fue difícil convencerlo. A ambos les estorbaba algo, lo lógico es que se ayudaran. Total, no creía que nadie echara en falta a una criatura fruto de un amor tan dudoso como el de Pasifae.. ¿Y es que acaso tenía más honor alguien que mataba a un monstruo en un combate cuerpo a cuerpo, arriesgando su vida, que otro que, sin hacerse un rasguño, lo dejaba morir de hambre o sed, lo aniquilaba con veneno o lo encerraba entre dos muros de fuego sin darle tiempo a defenderse? Si el caso es matarlo. Teseo no tenía la culpa de ser tan listo ni de encontrar siempre atajos en la vida...incluso en los laberintos. Los trucos también forman parte del juego. Y Teseo tenía aspiraciones mayores que ser siempre el muchachito de Egeo. Y este era su momento.

-¡Vino, muchachos! No todos los días se consigue desterrar el miedo y el dolor. Alegraos, porque desde este día y gracias a vuestro líder, o sea, yo, estáis libres de la muerte segura y de la horrible bestia bufadora. Estad felices, ya que el tributo y la rendición a Creta ha finalizado en este día luminoso de gloria y ventura. Satisfaceos con esta victoria de Atenas y del mundo y mía, la victoria de la vida frente a la muerte. Vivid tranquilos desde hoy: ni vosotros ni vuestras hijas sufrirán la devastadora masacre de la fiera que mira con centellas en vez de ojos y gruñe con rugidos jamás oídos antes. Debemos pensar en un futuro más brillante y esplendoroso. Días dichosos nos aguardan a nuestra llegada a la amada ciudad de Atenas, donde nuestras madres quedaron orando a los dioses y nuestros hermanos lloraban nuestra trágica suerte. Días dichosos, digo, mis queridos hermanos, porque con los primeros rayos del sol sabremos que estamos vivos. Ya los dioses han querido que cese este sufrir nuestro, esta barbarie minoica, donde las mujeres vivían desparramadas y los hombres...en fin, no eran hombres. ¡Que la alimaña sufra en el Averno y que los griegos sean jubilosos con mi triunfo!

La tripulación gritaba, las mujeres saltaban, los hombres coreaban el nombre de Teseo. Con cada inflexión de la arenga los navegantes vibraban. Teseo permanecía impertérrito entre la alegría de la gente. Alguien le alcanzó una copa de vino, pero él sólo se mojó los labios para recuperarse tras tanta charla. Se sentía satisfecho de sus palabras, aunque habían sido demasiado breves, pero a la plebe se la contenta con nada. El próximo discurso, que sería pronto, no debía hacerlo tan sencillo, había que educar al pueblo. Pero qué le iba a hacer si él, en el fondo, era un hombre muy simple.

El vino llenaba las copas y las copas llenaban las felices gargantas de todos. La noche había caído y los cánticos se hacían cada vez menos frecuentes. La gente comenzaba a dormirse. Teseo contemplaba detenidamente su pequeño universo y meditaba. Él no dormía.

Amanecía cuando Teseo divisó la estatua de Atenea que, armada para el combate, presidía la Acrópolis. Teseo tomó las velas blancas, enseñas de la victoria, y las tiró por la borda. Cogió su espada y, comprobando una vez más que no había perdido su brillo, la enfundó. Debía prepararse para lo que se iba a encontrar y tratar de parecer convincente. Amanecía un nuevo día. Y esta vez él era el rey. Nuevos tiempos para Atenas, ahora que la fuerza minoica había desaparecido ¿Qué más le podía pedir a la vida?

miércoles 1 de julio de 2009

SI HAS ESTADO EN GRECIA

Si has estado en Grecia y has visto
el sol que Apolo regala o escatima
y has sentido la pesadumbre de un pueblo aburrido que espera a las turistas,
si estuviste y viste
cosas que ya eran y ya estaban
antes de los anteproyectos de todo
y te sentaste en los propíleos de la bella Acrópolis
porque no podías soportar de pie tanto y tanto,
y buscaste vino de resina
y viste las esponjas colgando
y regateaste por una pulsera de plata intuyendo que aún pagabas demasiado
(y eso que no sabías que la ibas a perder al año siguiente)
y hubieras abierto tus venas en el templo de Poseidón
porque habías sentido suficiente como para morir en ese momento
y haber merecido todo la pena,
entonces me entenderás si te digo
que cuando vayas a París
no vayas solo.

martes 30 de junio de 2009

Qué sed me da
si tu frase se queda a medias
y ésta era una petición
y a eso voy. Busco asilo
y no acabas de atreverte
a concederme un hueco. Es muy posible,
y eso me consuela, que no sea cuestión de desapego
sino más bien miedo a ese compromiso sui generis que inventé por ti.
Y llega inevitable el final de los días
y no haces nada para recordarme tu presencia
de lo que deduzco que no te interesa
por mucho interés que muestres.
Ya sé, no puedo pedirte un sacrificio
y debería dejar este teatro del absurdo
y ser más consecuente. Pero es que algunas veces
digo yo que podrías limosnarme,
hacer una excepción precisamente por ser yo.
Entonces no tendría que confabular contra todas las circunstancias
porque habrías desequilibrado la balanza
poniendo algo de tu parte.
No cuides mi integridad, que está perdida,
y dale sentido a mi tiempo.
Y cualquier fin de semana
invítame a tu vida.

lunes 29 de junio de 2009

CANTOS RODADOS (VII)

19. A veces, el arte no es bastante, pero, normalmente, la vida no es suficiente.

20. No es tan importante la capacidad para asombrar siempre, sino la de asombrarse todavía.

21. Existen seres humanos low cost: con ellos ni valen reclamaciones, ni se puede dejar de admirar su tarjeta de fidelidad.

domingo 28 de junio de 2009

Hasta ti,
nunca había estado en los lugares remotos y cercanos
de una existencia que, ¡cielos!,
estaba ahí, tan a mi alcance.
Hasta que tú,
no había podido extraer del sarcófago de mi cuerpo
esto tan mío que se asusta de ser tan propio.
Hasta tus horas,
me había imaginado la vida adulta
como algo parecido a esto:
un poco de glamour
envuelto en la sencillez del día a día,
y resultó ser cierto de tu mano,
cicerone de mi vida.
Así que, gracias por hoy,
creo que mañana podré caminar sola
y enseñarme a mí misma
lo que tú me das dado.

sábado 27 de junio de 2009

UN PROFESIONAL

Aquello estaba tranquilo como burdel al mediodía. Aún así no se inquietó porque en sus tres años de manifestante profesional había aprendido que, a veces, las masas se hacían esperar.

Después de haber estado trabajando doce años como detective de novela negra aún sentía emociones encontradas al verse rodeado del pueblo: cierto reparo solitario unido al asco producido por el deseo de comunión. Pudo comprobar que los cursos previos de formación, si bien no eran del todo aplicables a los eventos reales, sí tenían su parte de razón al afirmar que el objetivo de hacerse unidad creaba vértigo y, en la mayoría de los casos, afición y sudor. En sus años de detective de novela negra todo era muy distinto, su horario nocturno, fumar a todas horas, su soledad, su trágico vivir y el resto de topoi del detective de novela negra. Tuvo que abandonar el trabajo por mucho que su autor le rogó que no lo dejara tirado sin inspiración. Pero no pudo continuar esa clase de vida asentimental. Pero toda profesión deforma y de Bogart le había quedado un sabor a humo en la cara y un pánico a los semejantes que ahora, como manifestante, empezaba a transformarse en un almíbar dulzón, pegajoso y terne.

Y allí estaba ahora, esperando a que comenzara la manifestación. Normalmente, no conocía el motivo ni la tendencia del acto hasta que no encontraba a algunos de sus colegas (ya fueran profesionales o amateurs) En la oficina sólo le daban la dirección, la fecha y la hora. Esta imprecisión ya le había ocasionado algún poblema, pues no se puede acudir a la manifestación a favor de la mantequilla vestido de girasol, ni al acto conmemorativo contra los neumáticos de caucho con un traje de mariachi. Toda esta casuística venía en su manual que, ya olvidado, tenía guardado en algún cajón de sus escritorio. A sus cincuenta años, el instinto le ayudaba más, a pesar del caso de los girasoles (todavía su rodilla se resentía del adoquinazo de mantequilla dura) Los días previos al evento olfateaba el ambiente, sopesaba reacciones para intentar adivinar las intenciones de los manifestantes. Aunque debía reconocer que en aquella ocasión andaba perdido con lo que se decidió por un atuendo estándar válido para cualquier acto. Y escoger entre los trajes de manifestante no era fácil porque ¿quién puede vestirse todoterreno y más para momentos delicados como son las manifestaciones?

En aquella tranquilidad digna de cementerio en junio destacó la presencia de otra compañera de gremio. La reconoció enseguida por su aspecto, ya que sólo los profesionales se arreglaban por entero acorde al evento. Era una mujer con unas gafas de sol de las que salían dos cisnes. Llevaba un vestido verde vómito de borrachera muy elegante, de gasa y muselina. Ceñía su pelo con una cinta plateada. La mujer se acercó al ex-detective de novela negra y lo saludó:

-La languidez de la mañana nos hace vulnerables al dandismo -le dijo la señorita sonriendo y tendiendo la mano.

Él se la besó pensando que se había vuelto a equivocar: había venido a la manifestación pro-modernismo vestido al estilo fauve. Al menos había conseguido adivinar que se trataba de arte. Se despidió de la dama con una reverencia y se marchó alegremente a su casa. Tratándose de modernismo, allí no iba a aparecer nadie y si aparecía no era conveniente que lo vieran así.

viernes 26 de junio de 2009

HIPOTÁLAMO CONSCIENTE

Cuánta piel vendida llevas, ramera de la cuneta,
y qué poca alma comprada.
Será la esquizofrenia femenina
o quizá del ser humano:
ser fiel a todos y a sí mismo.
Sacarías tus ojos o romperías tu cara
en cada espejo que te señala culpable.
Y al final qué si eres una estatua griega.
Una idea tonta, básica y poco original,
pero sencilla y apetecible:
ser buena, ser buena.
Culpas a los actores de tu infancia
por no hablarte de tu belleza, si es que existía,
condenándote al intelectualismo de rescate.
Les culpas a ellos de tu fatalismo de ahora,
de tus poses de sombra,
de tu sombra de ojos,
de la tóxica necesidad de amor cambiante,
de adoradores expertos que te convenzan,
hipotálamo consciente, hipotálamo que sabe.
Y esa paz, la conoces, esa paz de ser quien eres,
dejar de ser el circo ambulante
que regala entradas a los hombres atractivos
y a alguna mujer de piel blanca,
dejar de hacer apuestas,
dejar de ganarlas todas
quedándote desnuda en cualquier puerta,
hipotálamo que sabe, hipotálamo consciente.
Si se pudiera eliminar de la cabeza
algunos pensamientos corrosivos
que dan goce un segundo
y un siglo de agujeros...
Y la idea permanece
tonta, básica, apetecible:
ser más buena, al fin ser buena.

miércoles 24 de junio de 2009

Algo así como escritura automática el día de sanjuán y coger aire que es valioso y uno no se da cuenta hasta que lo pierde por culpa de la contaminación -ya me lo decía aquella chica de grinpís, que me iba a morir si no le pagaba una cuota de socio- pero para pagar cuotas estoy yo si ya estoy cuotificada por entero, tengo más maridos que vidas, ya no me puedo casar más y el caso es que sigo feliz a pesar de la tos mortal que ya me persigue desde hace tiempo y no es la primera vez que hablo de esto y los días largos que yo espero se puedan disfrutar más y mejor y el solecito -que se debiera decir solito pero el interfijo por la cosa de no confundir solo con sol- en la piscina aunque sea sola porque tengo un bonito bikini y una bonita vida y todo podría ser más simple sin tanto mercadeo y sentirse útil aunque sea para las desgracias preparar pollo asado que me sale muy rico en el horno y mi hombre a mi lado le vamos a rapar el pelo y va a ser curioso y subir a un monte cuando el pulmón me deje y por qué no si hubo una mujer que subió al Everest casi sin pies aunque yo de pies tampoco ando muy bien pero tengo que pensar que me voy a curar o puedo acabar colgada como Judas pero Judas se suicidó porque sabía que tarde o temprano lo juzgarían y lo perdonarían -ya sé que esto es un autoplagio, pero qué mejor plagio que el autótrofo- y el musgo que no es un hongo, mamelucos, que es una planta porque es verde y si es verde realiza la fotosíntesis y yo qué sé profe pues es que hay que pensar y ya os dije que iba a entrar Quevedo seguro si es que no escucháis con lo valioso que es el aire y un día de estos me lío la manta a la cabeza y me pongo a imprimir todos los poemarios y un día de estos voy a volver a Grecia y todo será diferente pero igual y si es chico que no le llamen Ángel, por favor.

lunes 22 de junio de 2009

Tengo los ojos para siempre abiertos
y pasa no el verano, no,
sino la realidad del verano por encima
y la música marea, no la cabeza, no,
sino aquello que está más dentro
y las chicas que se ríen cogidas de alguna correa
y los chicos que se quitan las camisetas
y el volumen que sube en implosión
y algo que sube desde el asfalto y no veo
con los ojos para siempre abiertos.


CAMBIO DE ESTACIÓN

Él se queda inmóvil en la cama
y la sonríe con la boca torcida.
Ella se viste y sonríe mucho más
pero está más triste.
Ella se va, lo besa
y le enseña un poco de sus medias intentando
todavía sacar algo.
Pero el cambio de estación se ha hecho efectivo.
Ella se va pensando en él,
como siempre.
Él se queda pensando en la de siempre,
que nunca es ella.

jueves 18 de junio de 2009

AMANECERÁ

“Aquí viene tu hombre”, dicen los Pixies.
Mientras, te echo de menos.
Pero eso ya lo sabes
porque tú también me echas de menos.
Ya no me esperas,
pero eso no lo sabes
porque yo sí que te espero inútilmente.
No me dices nada,
yo no te perturbo.
Todo fue muy triste,
todo muy normal.
Conocernos en estéreo,
la despedida en blanco y negro...
Amanecerá y no saldrá el sol,
amanecerá y él último minuto caerá al suelo
y nadie lo recogerá.
Game over, me has dicho.
Cuando quieras, mi tiempo es tuyo
y también el tremendo delirio, faltaría más.

Te diré. Y amanecerá de verdad.

miércoles 17 de junio de 2009

EMPATÍA

Si una pareja se rompe a mi lado, si nace un niño cerca, si un amigo aprueba su examen, si una madre está enferma, si tiene calor tu cuerpo y frío tu alma, si aún recuerdas a una antigua novia, si tu marido te engaña y lo sabes, si sientes que otro paso no merece la pena, si toses, si te han herido, si no tienes lo que quieres, si estás perdido... ¿cómo no sentirme yo afectada si vivo en este mundo, a vuestro lado?, ¿cómo no ser yo también esa novia, esa madre, ese estudiante, esa persona?

martes 16 de junio de 2009

Hemos vuelto al trabajo, pero esta vez
sólo llueve fuera.
Sigo buscando las mismas cosas, las mismas tildes en las mismas tónicas
refrescantes. Pero esta vez me alimento desde dentro.
Las orquestas en la menor suenan grabadas en disco
y no las compongo ya.
Puedo decirte que me da pena no tener el blues suficiente
para volar poemas de pureza que se clava sin matarte
(de tan puros)
pero, sinceramente, nada comparable a la suciedad
de una vida feliz.

domingo 14 de junio de 2009

Majestuoso y enorme está ahí. Lo miras
traspasando su abrigo negro, aquel que mojaste
arando con lágrimas, aquel que tocabas
punta de dedos en ristre.
Gigante en movimiento, saltarín,
intuyes sus ojos alegres
aun cuando no recuerdes su color exacto.
y su voz, su voz que te ha matado mil veces,
que te ha contado tu vida
tal y como quisiste que fuese,
la voz por la que venderías tus bienes
“deja todo y sígueme”, dice mesiánica,
siempre a un volumen bajo en acuerdo tácito de intimidad.
La voz pequeña de su magno cuerpo.
La voz abrigo de tus corredores fríos.

viernes 12 de junio de 2009

No sabían que sería el último,
pero lo fue.
Porque unas cosas se recuerdan y otras no,
porque dejaron que algo más fuerte los dominara por su bien,
porque la tranquilidad es lo más cercano a la neurosis
y porque la efervescencia es aire que vuela, volemos,
porque escribiré como si cada palabra fuera para siempre,
porque era un sujeto impaciente esperando a un agente pasivo
y porque las peripecias de la claustrofobia no suelen ser admitidas,
porque un día más o menos nublado veintisiete personas pueden más o menos morir,
porque si te fijas como pegamento con los ojos grandes verás,
porque quisieron nacer en otro lugar y otro lugar los admitió al morir,
porque las presencias suelen ser ausencias
y cogernos de las manos cuando miedo es salvación,
porque estamos siempre a mitad de camino entre nosotros y otra cosa,
porque tengo un temperamento que me muerde si no lo alimento
y si lo alimento, me muerde,
porque tengo más aire que pulmones
y más amor que corazón.
Porque no sabían que sería el último,
porque tal vez no lo fue.

jueves 11 de junio de 2009

Desatarse de unos lazos que no existen
resulta tanto o más complicado que no perder un latido
y, sin embargo, cuánto aprieta lo invisible,
cómo pesa lo que no se dice
y cómo libera lo que de una vez hiere,
por fin la sangre limpiando.
Borbotea cualquier líquido estimulante en mis oídos
como si fuera preciado silencio, tesoro.
A dos mil por hora o despacito, da igual,
sé que puedo girar la cabeza y regalarte algo
y, si eres listo, sabrás aceptarlo como viene
sin buscar más allá del envoltorio.
Después yo aprenderé a hacer lo mismo.
¿Cuántas horas de oscuridad dices que me quedan?

martes 9 de junio de 2009

DENSIDAD (tres treinta y siete, aprox.)

Pífanos de esos del mañana será mío,
rítmicos y tamborileros encerrados carceleros,
dulzura de caras desastrosa perfección
y no saber cuándo será la próxima incertidumbre concreta
ni las seis últimas veces vecinas del dolor.
Cambiar de cara, de sueño, de hambre
para volver a ser lo que fueron,
era más fácil.
Menos carne lustrosa y triste
y más desgaste felicitaciones del pasado
porque lo más terrible es tener un solo error en la vida y solo uno.
Algo que se rompe y que debiera romperse y que definitivamente salta en pedazos,
algo que nos destroza la garganta.
Ningún amor se pierde, ninguno se encuentra
y todo puede robarse a la puerta de alguna casa con arpegios en las ventanas.
Podemos salvarnos, al menos eso creo,
con tal de que valentía no sea un señor que gana dinero por las ferias,
sino el ciclón maravilloso que nos lleva cerca y lejos.
Ponerle riñones al asunto y liberar a las generaciones futuras
¿qué sería perder el control sin un poco de ilusión por nuestra parte?
Una ceremonia más, un poco aburrida e insípida,
una pequeña isla donde no merece la pena perderse. Y ese no es nuestro estilo.
Funciones vitales que delaten que lo hemos intentado,
industria de vida hecha en lata
y palomas acurrucándose antes de que sea demasiado tarde
y no podamos ahogarlas con estricnina.
Todo eso será nuestro legado
y cuando ya no existamos, nadie
volverá a divertirse como nosotros lo hicimos,
cuervo a cuerpo.

lunes 8 de junio de 2009

LUZ

Está demasiado usada la vida,
no se aprecia de tan vista
y la poesía
no hace más que introducir
pensamientos torpes
que desgastan.
Seré responsable
y creceré por dentro para dejarme espacio,
no haré un problema de cada átomo de existencia.
Disfrutaré, lo juro, del milagro que es la vida
que no por cotidiano
hay que darlo siempre por seguro.

viernes 5 de junio de 2009

LA ANILLA

Un cuento largo para los que aún tienen tiempo para leer y, quizá, disfrutar
I
En el paseo de la Reina Victoria, en Madrid, hay un bulevar y dos fruterías enfrentadas (que no opuestas, ni rivales) Una de ellas abre antes de las nueve de la mañana y pone coles de Bruselas y setas a la vista de los transeúntes que van siempre con prisa. Pero esto sólo sucede en otoño, lo de las setas. El resto permanece desde hace años. En el paseo de la Reina Victoria, en Madrid, hay un bar con barra de mármol, nada original, donde a las seis de la tarde una pareja de novios beben sendas cervezas. A ella le gusta esa calle porque tiene un bulevar y siempre dice que se parece a París, aunque nunca ha estado allí, pero, quizá, con un presentimiento platónico, ella reconoce París en el paseo, en sus casas de ladrillo, en su hospital y sus clínicas, en su cielos gris abierto, en sus fruterías, en sus acordeonistas. Él sí conoce París y sabe que allí no hay acordeonistas y los puestos más comunes no son de fruta, sino de ostras. Ella y él son novios y se quieren como se quieren los novios. Nos acercamos cinematográficamente a la barra de mármol donde ella está acodada y él apoya sólo un brazo, el izquierdo quedando frente a ella. Ella no le mira, parece cansada, pero yo sólo soy el narrador y no sé si realmente está cansada, así que lo mejor es que hagamos silencio y escuchemos para enterarnos de estas y muchas otras cosas. Antes diré que él ha encontrado una anilla, brillante, redonda, encima de la barra.

-Mira -dice él -un anillo de boda. Y le toma la mano izquierda, la que queda más cerca de él y le coloca la anilla en su dedo anular. Se lo coloca en ese dedo porque ella lo levanta un poco, él pensaba ponérselo en el corazón, ya que el corazón es, según él, el dedo del amor. Ella mira sin interés su mano izquierda y afirma con aire de superioridad:

-Es en la mano derecha, tonto -y se ríe un poco.

-¿Qué más da? -dice él cambiando de postura, mirando hacia dentro de la barra y dejando de mirarla a ella.

- Bueno, en la izquierda se pone el de compromiso y eso. Pero bueno, esto me está grande, anyway -y ella, que siempre suele terminar con algún extranjerismo sus speech le devuelve la anilla a su novio.

-¡No! -se queja él con tono lastimero -. Quédatelo, no seas…

-Anda, anda, que luego me aparecen en los bolsillos, los tengo siempre llenos de mierda y me salen con los clínex llenos de mocos siempre en el momento más inoportuno.

Él se ríe y le da un empujoncito. Coge la anilla y, sin que ella se dé cuenta, la mete en el bolsillo del abrigo de su novia que ésta tiene sobre la barra.

II

Ángela sabe que va a llegar tarde y mete a toda prisa sus cosas en su cartera. Corre por el paseo de la Reina Victoria, que le recuerda a París recordándonos a nosotros que ya la conocemos, y, efectivamente, llega tarde a la clínica en la que trabaja de enfermera. Mireya, su compañera, a la que no considera amiga, sobre todo porque le dice cosas como “alma de cántaro”, “tonta” o “pesada”, la está esperando con ojos nerviosos que van del reloj a la puerta de la puerta a todo el que quiera escuchar que ella ya se tenía que haber ido. Ángela llega, se disculpa, se sienta, descansa, se acuerda de que tendría que respirar, respira, se mete las manos en los bolsillos del abrigo y toca algo frío que, al principio le recuerda a los dedales que su madre usaba para coser. Cuando va a sacarlo para ver de qué se trata se contiene. Decide que puede tener unos minutos de misterio en su vida intentando descifrar qué es esa cosa circular, fría (lo que hace pensar que es metálico) Por fin cae: la anilla con la que Raúl estaba jugando ayer. Se sonríe y la saca de su bolsillo. Es una anilla como de un llavero. Es un bonito recuerdo de su novio, qué tonto (y aquí una serie de pensamientos íntimos que vamos a respetarle a Ángela) De pronto piensa que puede ser divertido devolvérsela sin que se dé cuenta y así él también tendrá un recuerdo suyo. Se pone a pensar cuándo sería el mejor momento y dónde podría dejársela. De entre las tinieblas del recuerdo sale un cuadro pintado con técnica puntillista. Es ella dejándole a su novio notas debajo de la almohada. Eso era antes de vivir juntos, cuando iba a verle a la casa donde vivía con sus padres. Le dejaba mensajes tontos, pero que siempre lo ilusionaban. Eran otros tiempos. Tiempos del puntillismo y del detallismo. Podría decirse que ahora la anilla, si estuviera animada y tuviera conciencia de sus actos, brillaría con un relámpago de esperanza, de posibilidad, de renacimiento.

Mireya pasó al marcharse y le gritó:

-¿No vas a quitarte el abrigo? Menudo pasmarote, madre mía, yo es que así… -y siguió hablando sola muchos metros más.

III

Una casa es una casa, pero no siempre es un hogar, al menos eso decía una canción soul y esa sensación tenía Raúl en su casa y eso que llevaban ya viviendo allí más de tres años. Pero nunca acababa de estar todo olraig, que diría Ángela. Y como no estaba olraig, todo cambiaba cada dos semanas. Raúl sabía que Ángela adoraba los cambios. Es más, sabía que, más que adorarlos, los necesitaba en su vida. Qué carácter, Dios mío, qué carácter complicado y difícil tiene esta chica.

Para su desgracia Raúl trabajaba en casa. En el alambre, decía el padre de Ángela. En algo raro, decía su propia madre. En algo, se decía él mismo. El caso es que trabajaba y su lugar de trabajo era su casa. Esto le traía complicaciones emotivo-formales. Si bien no había conocido un atasco desde hacía tres años, ni un empujón en el metro, ni una huelga de autobuses, también se había perdido el auge y caída de algunos diarios gratuitos, los temas de actualidad candente en materia de conversaciones vacías en el ascensor y alguna que otra actividad humana. En una palabra: echaba de menos el mundo de ahí fuera (ok, eso son ocho palabras) Oía cómo Ángela se quejaba de sus carreras por las aceras, de los relojes que se paraban y aceleraban a su antojo, lo mismo que el metro que un buen día se paraba en una estación, como si el conductor estuviera charlando con una chica guapa en un semáforo, y otras la amable voz de perfecta dicción se equivocaba y se adelantaba a las estaciones y cuando creías llegar a Guzmán el bueno, aún estabas en Avenida de América. También Ángela estaba aburrida del tráfico, la contaminación, el ruido, la gente con cara de estatua… Pero Raúl soñaba con esa amable voz del metro recitándole en el oído estación tras estación, sudaba recordando Alonso Martínez en sus tímpanos, volaba aspirando el denso humo de Madrid en invierno… Odiaba su casa, su falso hogar en las afueras y se daba perfecta cuenta de la ironía que era vivir allí por Ángela y que ella nunca estuviera en casa, mientras que él era la vecina-portera al que todos recurrían cuando pasaba algo en el edificio porque sabían que siempre estaba allí.

Se sentó a trabajar (“en algo”) Abrió el cajón donde guardabas sus útiles y la vio allí, a ella, a la de metal y a la de carne también, al amor hecho de metal barato. Suspiró y se reconcilió con la casa y con su algo mientras cogía con dos dedos la anilla que Ángela le había dejado allí con una nota donde lo insultaba más enamorada que nunca.

miércoles 3 de junio de 2009

Me siento cerca de ti, casi al lado, cuando
hablamos del vacío y resulta
que el primo de tu ídolo es mi ídolo y tú
abres la sonrisa cuchillo y yo
aún imagino más que tú.
Quién sabe lo que piensas o si juegas,
quién sabe si prefieres pelirrojas o morenas.
Conozco ya muchas bocas que me hablan de poesía,
alguna se descuelga con Alonso, el de La Mancha.
Quizá busque menos la sorpresa y más
la rutina de esas charlas, continuidad,
casi, casi,
como el sentarme a tu lado y sentirme cerca.
No puedo evitarlo y me aflora la sonrisa
si veo tu nombre en un papel.
Miro en tu cara y busco el mío. Parece
que no será hoy el día elegido.
Hago coincidir nuestros relojes, me temo
que el tuyo retrasa.
Me apasiono con tus pasiones, toco tus cosas robando lo que pueda,
me inclino hacia ti, me vendo gratis.
Piensa, piensa en mí, piensa
lo que serían dos horas a solas
(apuesto fuerte, lo sé)
Hazme el amor con la mente,
soy complaciente más que con el cuerpo.
Pero no inclines así la cabeza que me matas
y no me hables así de ningún tema
o tendré que tenerte por amigo
y eso, querido, me da aún más miedo.

Supongo que me encanta
tenerte entre la espada y la pared y torturarte
con mi florete afilado y mi lengua viperina.
Tienes que entender que represento
los papeles de más cien teatros,
confundo los carteles
y soy la princesa en la ciudad,
el galán en la cabaña,
el detective sin misterio,
el pirata sin barco.
Me tomo con calma
los versos que la vida me regala
aunque los crispe sacando todo su zumo,
comprende que mi poema es verso blanco
y la rima no siempre encaja.
A mí tampoco me salen las cuentas, no te esfuerces,
sólo disfruta del espectáculo que doy gratis
y si quieres cubrir una vacante, puedes,
en mi vida no hay castings.