martes, 7 de junio de 2005

EL PODER PODEROSO DE LA MENTE (FELINA)

Me hallaba yo en casa de la que se hace llamar alumna mía, esperándola a que viniera probablemente de una fiesta de pijos (aunque su madre aseguraba que se encontraban en una tutoría) cuando me he puesto a molestar a su gato a la par que corregía unos desastrosos ejercicios de matemáticas (¿cómo no se puede distinguir un círculo de un triángulo?) Y en esas andaba, vengándome de la niña en el gato. Los gatos no son tan independientes (dependen tanto de la gente que no hacen otra cosa que subírsete encima) Y, al igual que los perros, corren detrás de lo que le lances (mi boli rojo da fe, y el gato tambíen, que persiguiéndolo se ha colado en la papelera) Todo esto había que hacerlo en plan clandestino, cada vez que el padre pasaba yo me ponía las gafas de profa y murmuraba "pi por erre al cuadrado... eso es, sí, sí, sí". Entonces el pobre gato se ha quedado espachurrado contra el suelo y se ha dormido. Pero mi venganza no había acabado, son 9 meses de palurdeces de la niña. Así que, dormido como estaba, yo seguí dándole con el boli: plic, plic, y el gato se despertaba sin reflejos (he llegado a pensar que si yo fuera un depredador real él lo hubiera tenido realmente chungo) Hasta que me ha dado pena y he decidido dejar que durmiera, pero estaba tan estresado que ya no podía pegar ojo. Estaba tumbado justo a mis pies así que le he dicho en bajito (por la cosa del padre pululador) "¡eh, tú!" Me ha mirado y yo he cerrado los ojos e inclinado la cabeza en acto de dormir. El gato me ha imitado a la perfección y ha empezado a cerrar los ojos. Los abría un poco, pero yo los cerraba con él. hasta que se le ha caído la cabeza para atrás y se ha quedado frito.
Para hipnotizar a tu gato, aquí estoy. Eso sí, me tienes que dejar que lo chinche un poco antes.

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