miércoles, 22 de junio de 2005

HAY QUE REPRIMIRSE (relato de la rebeldía infructuosa)

Hay que reprimirse para no cantar a grito pelado eso que te suena dentro.

Hay que reprimirse para no ponerte a bailar (brazos atrás, cabeza delante, ojos de mujer fatal) en medio del tren.

Hay que reprimirse para no decirle a la señora del bus que el susodicho bus no es suyo y que si en su casa no la hace caso su marido, se meta a política, que es lo que hacen todos los que quieren organizar algo.

Hay que reprimirse para no contestar en un examen "y dicho lo anterior... no te lo crees ni tú, majete/a"

Hay que reprimirse ante la tontería de "hola compañeros y compañeras" y no decir que en español (tiene ese defectillo) el plural es masculino.

Hay que reprimirse para no meterle el "20 minutos" por una oreja (por decir algo) al mirón que babea en tus piernas.

Hay que reprimirse para que no se te mueva el maquillaje o la gomina del pelo.

Hay que reprimirse para no gritar "guapo" al guapo (o, por qué no, a ese feo que tanto nos gusta) Y hay que reprimirse cuando ves que esto se permite cuando estás borracho: es el precio de dos cubatas el que hay que pagar para que te dejen ser tú.

Hay que reprimirse y sonreír cuando alguien te dice que la democracia es el consuelo que le queda al ciudadano.

Hay que reprimirse ante el clavo de 10€ (o más) que te meten cuando compras un billete de avión.

Hay que reprimirse cuando un "amigo" ha olvidado la conversación profunda y mística que tuvistéis ayer y hoy te habla del triunfo de Alonso en la pista.

Hay que reprimirse y no contarle a los niños la verdad de las cosas.

Hay que reprimirse para no pisarle el cuello al perro asesino del vecino o te denunciará y habrá que pagarle daños morales.

Hay que reprimirse y respirar hondo cuando eres peatón (y tienes todo perdido de antemano) y te atropellan los coches en los pasos de cebra.

Hay que reprimirse y callar cuando te invitan a una fiesta que no es tal donde ni las drogas son drogas ni la conversación es conversación.

Hay que reprimirse ante la visión dantesca de la mujer alienada que compra productos de belleza para ella y su chico (sólo que a él le compra "for men")

Hay que reprimirse ante el "segurata" con pistola de 12mm y botas militares que te golpea en las piernas con la porra porque has osado rozar la tapicería del tren con tu pie. Y, claro, hay que reprimirse cuando alguien te coloca sus pies en tus muslos cuando estás sentado en el tren. Sí, hay que reprimir un "¿sólo me ven a mí?" porque la respuesta es un gran "¡efectivamente!"

Hay que reprimirse cuando te echan el humo en la cara (tanto en lugares donde se puede, como donde no se puede fumar)

Hay que reprimirse... porque el mundo es así y tenemos tantas cosas de provecho que hacer en la vida... "Tenemos que" no "nos gustaría". Ciao, belli, seguid aguantando el tirón.




5 comentarios:

grialita dijo...

Diosss, poeta como te cmprendo, xq has escrito tu ese post, pero pa no variar mi mente hubiera escrito algo sumamente similar de no haberlo hecho ,tú:))
Siento mi ausencias estos últimos días pero estoy a muerte con el últimismo examen y el internete lo tengo casi marginado del todo!!änimo y..sabes que? me alegro de que en el mundo y más aun en mi vida haya gente como tú q solamente se repirme cuandoe s estrictamente necesario:))
mil besazos bella

Edryas dijo...

amén, hermana

Agente Gacelo (Powa) dijo...

Yo me tengo que reprimir y no mandar a la mierda a los que me tienen toda la tarde haciendo el trabajo más aburrido del mundo (más aún que el habitual), archivar un taco de papelotes que me la traen al pairo. Y más cuando hay compañeros con más cara que espalda que no hacen prácticamente nada o directamente ni vienen a trabajar. Me indigno, :-s

Edryas dijo...

maldito Richy Pow... ya sabes, saca el Dani Yey que hay en ti

josemoya dijo...

Hey, yo soy de los que se irritan cuando ven a alguien colocar los pies sobre la tapicería del tren!!

Pero, por lo menos, evito echar el humo en la cara de los demás: mi método consiste en no fumar.

En cuanto a los dos cubatas para decir verdades en voz alta... hace tiempo que perdí el sentido del ridículo, menos para lo que realmente importa.