domingo, 5 de junio de 2005

MADRID CITY IS VERY PRETTY IN THE NIGHT TIME

Tras un duro día de “Vive la France!” (por cierto, Borja Mari te tengo calado, sé que te copiaste de mí en lo de la caza del oso en Rumania, pero que sepas que me lo inventé TODO, no tengo ni idea de lo que sienten los turistas al ver los osos muertos) el agente Gacelo (de Maphia’s Corps) y yo nos dirigimos al centro de la ciudad, al barrio que el alcalde ha dado en llamar “Barrio de las Letras”, donde te dejan pisar los versos de Espronceda y Bécquer y donde, de las farolas, cuelgan inquietantes carteles con ¿poemas? (me encantaría conocer al escritor que ha dejado caer tantas palabras al aire... ¿habrá sido el alcalde, que se aburre en Correos? ¿tendrán mensajes subliminales para el COI?))

La noche empezó divertida porque ya en Preciados nos encontramos con uno de esos grupos que alegran tanto las noches de sábado: una despedida de soltero o soltera o qué sé yo, un grupo de amigos ruidosos, vamos. Iban ataviados con mantillas y disfraces de conejito (entre otras cosas) Cuando, sí señores y señoras, comenzaron con ese grito de coacción que avergüenza a la par que divierte: “que bote...” Esta vez era un barrendero la víctima, pero él no tuvo mucho problema en ponerse a dar saltos (con tal de no currar) Llegados a Sol y tras esquivar a los que se hacían fotos con Carlos III, poner en hora los relojes y todas esas chorradas acabamos por fin en Santa Ana: la noche empieza ahora.

Siempre a la caza de copas gratis aceptamos una invitación a sangría (mala, of course) en un bar de pachanga moderada (al menos se podía bailar y hacer el chorra, aunque a mí se me caían los pantalones y perdía las sandalias al pegar pataditas) des cubrimos que la cerveza debía estar echa con oro, por la clavada que nos dieron (eso de que Madrid en verano sea un continuo Zone Erasmus...) Vimos que tenían una foto de Sabina... ¿también le clavarían a él? Seguramente. La amistad es una cosa y el negocio, otra. Donde tengas la olla, no invites a Sabina. Despedida del primer bar y marcha para otro. El típico RR.PP. nos asalta por la calle (este, encima no se invita a nada) Nos asegura que en su bar está la mejor música del barrio ¿? Vale, nos dejamos timar y entramos. Lo que me temía: pachanga de menor calidad. Pero teníamos con qué entretenernos: tres chavales de unos 19 años miraban aburridos al suelo. Más que aburridos... con dolor. ¡Cielos! hacía mucho que no veía caras tan largas, y menos en un bar. Quizá les había dejado la novia... a los 3 (a lo mejor la compartían) o es que se habían gastado todo el dinero del mes en un alerón nuevo para el bólido y no les quedó suficiente para drogas y diversión. No sé por qué no se iban si tan mal lo pasaban... aunque, total, mejor estar aburridos en un bar con sofás, que estar aburridos de pie. Además, en este cuadro de tres había algo que destacaba y era el chiquillo de en medio. Los de los lados iban a la moda macarrilla pija neo-punk (o sea, una mezcla de Timberland, Rottweiler y Estopa) mientras que el de en medio (que además era mucho más bajito) se había dejado el uniforme en casa. De todas formas, los otros dos parecían pasar de él, porque, aunque estaba en medio, hablaban por encima de él y no le dejaban participar en los abrazos Teletubbies que se daban. En fin, la pachanga se puso sórdida y acabamos por irnos, no fuera que “los fiestas padre” nos pegaran la alegría de vivir.

Ya íbamos a tirar para el metro (que, oh dioses, ha bajado 15 céntimos!!!!) cuando el agente Gacelo expresó su deseo de que nos invitaran a algo más (dos clavadas son demasiadas para trabajos precarios) Cuando, nacida de nuestras mentes gorronas apareció ella, una mini-pampita que nos colaba un chupito (wina! arriba esos RR.PP. argentinos, como deben ser) Ella misma se quedó alucinada de que aceptáramos tan pronto (y es que el primer impulso, extrañamente, es decir no) pero, en fin, somos el agente Gacelo y Miss Melindra, capaces de hacerse una calle de bares en Granada sin pagar una sóla ronda. Y allí nos fuimos con ella, subiendo por Costanilla de los Desamparados (esta ciudad tiene unas calles que te escojonas) mientras intentaba captar más público. pero nada. Ya le dije yo que la gente de esta ciudad es borde hasta el infinito. Ella confirmó mi aserción, pero también nos contó que, bueno, el trabajo le daba para pagar el alquiler y otras cosas (¿qué cosas?) El bar no aparecía y la calle se acababa (¿a dónde nos llevas, niña?) El agente Gacelo comenta el estado de sus piernas, por la cosa del ejercicio, ella asegura que las tiene fuertes y preciosas... Ok... ¿cuándo llegamos? Entramos en el bar (adios, Pampita) y, je, je, lo sabía, la cosa había ido en picado y ya nunca se iba a levantar: Bisbal. Chupito al gaznate un poquito de “Lloraré las penas”, flipada del agente Gacelo porque me la sabía (soy una chica fácil) y marchando Costanilla para abajo. Marcha a cámara lenta hacia el metro, interés por los chinos que dan masajes en los pies a 10€ (joe, venía de bailar con sandalias... hubiera dado media vida, pero no, había prisa) Calle del Carmen, el tío que riega la calle siempre a estas horas, saltitos para no mojarme los pies, cartel de Bonnie Tyler en Fnac (no sabía que hubiera vuelto) y al metro. La noche aún dio para comentar los anuncios del metro: créditos usureros (la rotura de piernas entra en el precio) saunas gays (aunque al principio no teníamos muy claro que fueran gays sólo porque dijera “only for men”, acabamos por convencernos cuando vimos un anuncio de un 806 “no estés solo” y el nombre de la página web de la sauna
www.mundoplacer.com, podéis clicar a ver qué pasa)

Y aquí acaban las aventuras del agente Gacelo y Miss Melindra... más cuando nos recuperemos de los precios de esta ciudad olímpica.

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