viernes, 24 de junio de 2005

TÍPICOS ERRORES EN LA LITERATURA (sí, me gusta criticar)

Lo primero que voy a tratar es algo que suele pasarles a los escritores noveles, que se subliman y olvidan que estamos en el siglo XXI (pero nadie está libre de pecado) Me refiero al recurso de la carta. Siempre hay alguien que escribe una carta llena de romanticismo... ¿hola? estamos en la era del mail. Claro, que luego está el mega-branché (que dirían los franceses) y aprovecha toda la tecnología naciente para sacarle partido a su novela y hace que su personaje no tenga fondo pero sí móvil, mp3, discman, bluetooth y el batmovil y así soluciona bastantes entuertos con el tiempo (cosa que da muchos quebraderos de cabeza a los escritores) Craso error.
Otro error muy clásico es el de los narradores homodiegéticos o en primera persona. Este narrador se supone que debe dar verosimilitud porque nos da un punto de vista subjetivo, pero si empieza a actuar como un narrador omnisciente, francamente literato, la estás cagando. Así, cuando uno de estos narradores dice "le miré con ojos fríos" yo me pregunto ¿y tú qué sabes qué ojos pones en una mirada? O bien la planeaste mucho (en cuyo caso se acaba de salvar el fragmento) o bien no tenías ni idea, pequeño, de los ojos que ponías, porque, seamos sinceros ¿cuántas veces sois conscientes de las miradas que ponéis o las muecas que hacéis?
Es bastante habitual también usar palabras y modismos que jamás nadie ha usado más que en la literatura. Así, los novelistas se las vienen copiando desde El Cantar de Mio Cid y así nos va. No, nadie dice habitualmente "lo lamento", nadie usa el futuro sintético "lo haré" sino el analítico "lo voy a hacer" (no se me líen los economistas con lo del futuro analítico) Y, claro, como con la tecnología, está el que se quiere pasar de súper-guay y toma a los quinceañeros por pobres vertederos de argot "oye, tío súper mola, nos vamos pa mi kely que esto es una rayada mil, mazo, de la hostia, o sea, qué me estás contando" Esto, sobre todo, ocurre en el teatro, que es donde los diálogos encarnan todo.
Otro pequeño problema son las descripciones sin ton ni son. Cuando Cervantes o Clarín, incluso mi odiado Azorín, hacían una descripción la estaban haciendo para mostrar algo, quizá por esteticismo, pero no por llenar páginas con la técnica de la aburritio. No, señores, no nos interesa la vía del tren si no nos va a dar un punto de vista de algo. Ya sé, ya sé, ahora todos los resabidillos me van a tirar encima a Gabriel Miró, el hombre que describía un limón en 50 páginas... pues ni siquiera Miró describía por describir. No, me refiero a esas descripciones pormenorizadas de algo que no lleva a ninguna parte. Todos sabemos a qué vienen esas eternas descripciones de la nada: hay que llenar, cobramos por página.
Y hablando de cobrar por página: ¿qué me decís de lo recurrente que es meter un juicio o un rollito leguleyo con tecnicismos (que luego agradeceremos en otras 3 páginas a nuestros colegas abogados)? Oh, Stephen King se ha hecho rico con eso; con eso y con un polvo a media luz que no viene a cuento. Dura lex, sed lex; duro sex, sed sex. Claro, que king escribe pensando en la peli que le van a hacer, así que ahorra mucho papel de novela y gasta mucho en escenita que quedará bien en la gran pantalla.
Y tantas cosas más, pero el azote no quiere llenar páginas... que ella no cobra. Estad atentos y descubrid las técnicas chapuceras de las novelas de hoy y de siempre.

1 comentario:

josemoya dijo...

¡Qué grandes verdades! Y la mayor de todas es que yo, que suelo criticar todos esos errores a la hora de leer novelas, soy el primero en cometerlos (si lo dudas, pásate por mi novela para nanowrimo.