sábado, 11 de junio de 2005

WALLY, UN TURISTA ACCIDENTAL

Image hosted by Photobucket.com¿Qué lleva a un hombrecillo (y sobre todo a su autor) vestido a rayas a viajar por todo el mundo conocido y desconocido? Posiblemente una irrefrenable curiosidad. Este amigo de las muchedumbres, Wally (Walter para los alemanes, Wallo para los ingleses y Charlie para los franceses) se pasea en cada libro por un lugar más raro que el anterior acompañado de miles de cachivaches (mochila, bastón, gorro, gafas, libros, pergaminos...) y amigos (el Mago Barbablanca, Wenda, Odlaw, Woff-el-perro) La verdad es que Martin Handford tuvo una idea magnífica porque si algo le gusta a la gente es fijarse en los demás y, claro, el gregarismo: gente, gente, gente.
Wally, que siempre pierde cosas (con lo que, supongo yo, se hace el viaje dos veces, una de ida perdiendo cosas y otra de vuelta recuperándolas) Más cosas sobre Wally: siempre va de perfil, jamás de frente (cosas de las dos dimensiones), lleva colgada una sempiterna sonrisa de satisfacción (¿drogas? no, hombre, no seáis así) Lleva los calcetines también a rayas. Lo cual nos hace suponer cosas sobre su ropa interior (efectivamente: no lleva)
Misterios sin descubrir: ¿qué hay entre Wally y Wenda? ¿Y entre el mago y el perro? ¿Y entre Odlaw y...? (era un tío solitario) Y, lo que más me interesa a mí: ¿con qué agencia de viajes trabaja Wally? ¡Cielos! Ir al País de las Tartas o a la guerra de los monjes del agua y los monjes del fuego... Eso no lo lleva El Corte Inglés.
Curiosamente, Wally siempre está por ahí de paso, nunca participa de los momentos del lugar (oh, siempre ese aire aristocrático) Y es que Wally es un turista accidental.

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