martes, 5 de julio de 2005

EL JARAMA (experiencias)

Además de un libro, el jarama es un río, no nos olvidemos. Y creo que ni el libro ni el río han sido jamás comprendidos.
Casi todas las personas que han leído el libro opinan que "no pasa nada y es un auténtico coñazo". Casi todos los que pasan por el río se quejan de su color verdoso, sus plantas de ribera, sus mosquitos y sus otras alimañas en general. ¿Es esto verdad? En mi opinión, no.
Todos los habitantes que conviven con el Jarama (y también con el Henares, por cierto) viven de espaldas al río. No saben muy bien lo que pasa allí y, aparte de que está contaminado, no conocen muchos más datos. Les asquean los juncos y creen que el color verdoso es porquería sin contar con que es el típico color de los cursos medios de los ríos (como el Tajo en Aranjuez) Yo entiendo que la contaminación es bastante desagradable, casi tanto como los cables de alta tensión pasando por encima, pero eso es consecuencia de falta de comprensión por parte de otros que también vivieron de espaldas al río.
Los lectores de El Jarama pasan páginas y páginas esperando que haya sexo, asesinatos, suicidios, juicios, la cosa del pantano... y, claro, como eso nunca llega resulta que no pasa nada. Y el libro se acaba y no se han enterado ni del NODO porque tenían la vista puesta mucho más allá (o más acá, según se mire)
Pero todo late, todo está ahí... viviendo y esperando a que alguien lo descifre: las conversaciones y el bosque de álamos blancos, un chiringuito y las golondrinas, un ahogamiento y una culebra.
Image hosted by Photobucket.com

1 comentario:

josemoya dijo...

Es cierto que para leer este libro hay que estar preparado. Yo lo estuve: no lo leí haste un par de años después de terminar la carrera de filología, cuando preparaba oposiciones. Todo el mundo me había hablado del libro, y sabía qué iba a encontrar y qué no. Lo más gracioso de todo es que alguno me dijo que lo más poético era la cita del comienzo, y que en mi edición el propio Ferlosio indicaba, claramente, que estaba tomada de un tratado de Geografía.

En cualquier caso, tiene un gran valor, y no sólo como descripción de lo que sienten los jóvenes de la épopa. En el libro hay una colisión de mundos: los primeros domingueros, los aldeanos, el mundo de la justicia... y por debajo el río, que sigue fluyendo e indicando, efectivamente, que no pasa nada. Porque lo mejor del libro es esa sensación: que, a pesar de que alguien haya muerto, la rutina de volver al mismo lugar se seguirá ejecutando semanalmente.