lunes, 25 de julio de 2005

EL LADRÓN DE ESTRELLAS (lectura dramatizada)

Érase una vez una expedición que buscaba al ladrón de estrellas. En la expedición iban cuatro aventureros: el piloto del cohete, una azafata, una princesa que buscaba a su príncipe azul y un perro galáctico.

La azafata se dio cuenta de que faltaban varias estrellas en el cielo: eran las estrellas del arte.

Buscando las estrellas aterrizaron en Marte y allí faltaban aún más estrellas. Cuando quisieron despegar, el cohete no funcionaba porque... ¡el monstruo Cuatrocabezas no les dejaba irse! Tenían que cantar todos Cumpleaños feliz para poder marcharse, así que pidieron ayuda a todo el mundo
[SE PIDE QUE CANTEN LA CANCIÓN]

Cuando salieron de Marte fueron a Saturno y allí vieron que alguien se había llevado los anillos. Pensaron que ladrón de estrellas había pasado por allí. Bajaron a ver qué había y vieron un palacio donde vivía el príncipe azul. La princesa lo miro y dijo:

-¡Oh, mi príncipe! ¡Me he enamorado!

Y la dejaron en Saturno para que juntos fueran felices y comieran perdices en el palacio donde, por supuesto, las tuberías funcionaban de maravilla.

Viajaron hasta la Luna y desde allí vieron un planeta muy azul que era la Tierra y el piloto preguntó:

-¿Allí vivirá el ladrón de estrellas?

Y decidieron ir a verlo.

Volaron hasta la Tierra y aterrizaron en un lago de natillas donde, según la Guía Interestelar de Carreteras, vivía el ladrón de estrellas. Entonces descubrieron que el ladrón de estrellas... ¡era una ladrona!

El perro galáctico intentó morderla, pero la azafata le dijo:

-Espera, vamos a preguntarle por qué robó tantas estrellas.

Y la ladrona contó llorando:

-A mí me gustan mucho las estrellas del arte: el baile, la magia, la música, la pintura, el teatro... ¡Y también me gusta el amor!

Y el piloto le dijo:

-Pues si te gusta el amor nosotros seremos tus amigos.

Y vivieron los cuatro en el lago de natillas jugando, cantando, bailando, pintando y coleccionando estrellas artísticas.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
(Escrito a cuatro manos por Mónica, 11 años, y Melindra, sin edad)

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