lunes, 1 de agosto de 2005

EL PAISAJE EN LA FÁBULA DE POLIFEMO Y GALATEA

El paisaje de Góngora se diferencia claramente del de sus predecesores clásicos (Ovidio, Virgilio) por la riqueza y variedad con que se presenta el espacio. En el Polifemo gongorino los detalles son muy abundantes, las descripciones llegan a ser minimalistas y a cada fragmento del paisaje se le une una impresión sensorial.

El paisaje no aparece como algo aislado, no es sólo el marco de la acción mítica (como ocurría en los poemas renacentistas) Así, el poeta se preocupa de pintar todo un mundo para sus personajes. El entorno que rodea a Polifemo, Acis y Galatea, además, no sólo se puede ver en las descripciones de Góngora, sino que también se observa (quizá sería más correcto decir que se puede sentir, ya que Góngora utiliza sobre todo la capacidad sensorial) en la fonética y sintaxis de los versos.

La Sicilia de Góngora no se fija en los modelos latinos, sino que entronca con la tradición de la Edad de Oro. Se trata de un paisaje mucho más primitivo (primitivismo feliz de la primera edad del universo) donde la naturaleza es benefactora del hombre. Toda esta sencilla felicidad se complica con la aparición del amor y, sobre todo, de los celos, y el paisaje comienza a volverse hostil. El paisaje barroco puede ser exuberante y grato, pero siempre sobrecogedor. Por otro lado, los personajes están condenados a vivir en este paisaje (es destacable el hecho de que vivan en una isla: los límites son claros) y esto desencadenará la tragedia.

La primera fuerza de la naturaleza que se nos presenta es el propio Polifemo. Polifemo es un personaje barroco en sí mismo, ya no sólo por su físico contrahecho sino por sus habilidades destructoras. Polifemo es impresionante, horroroso, pero a la vez tiene sentimientos. Estas características del cíclope se muestran en el paisaje. Así, en la octava número 12 vemos que no es un personaje más, es una potencia capaz de destruir bosques y de desequilibrar el armonioso paisaje. Su fuerza sobrenatural actúa como el mar o el viento, él es un fenómeno natural más (un monte, por ejemplo, como se ve en la octava 7).

Galatea también tiene su reflejo en el paisaje, pero de forma contraria a Polifemo. El cíclope es una fuerza física y Galatea es una fuerza espiritual. Polifemo actúa sobre el paisaje con su fuerza, mientras que Galatea, de una forma pasiva, también hace que el paisaje cambie, sólo que no de una forma violenta (como lo hace Polifemo). En la estrofa 19 vemos la riqueza natural de la isla. Esta fertilidad se debe a la sensualidad de Galatea. El paisaje barroco también es aquí sobrecogedor pero debido a la superabundancia de vida. Estas fuerzas contrarias (Polifemo-Galatea) se relacionan, sin embargo. Puesto que la naturaleza barroca no es única sino que está llena de matices, vemos cómo Polifemo, con toda su monstruosidad, es capaz de amar a Galatea y conseguir apreciar lo delicado de la ninfa. La naturaleza se muestra aquí de lo más anómala e imperfecta: el ser más feo ama al ser más hermoso. En esto vemos un tema del barroco: el desorden del mundo acaba en tragedia. La muerte es la única salida para este mundo imperfecto.

Un elemento importante en el paisaje del Polifemo es el mar. El mar es un símbolo tradicional de vida y de muerte (nueva contradicción barroca) El mar del barroco suele ser fiero e insondable
[1]. En el Polifemo, la acción es más terrestre y el mar no resulta aquí un enemigo asesino; simplemente será una tumba. El sol que se oculta en el mar para morir (octava 43) y el caer de la noche son los símbolos premonitorios de la muerte de Acis. La oscuridad simboliza el drama y es el momento en que Polifemo toca su canción antes de matar a Acis. El mar será el lugar donde va a refugiarse Galatea (que es ninfa marina) El mar, por último, se convierte en “amigo” cuando la tragedia ya no tiene remedio: Acis ha muerto aplastado por la roca y su sangre se convierte en río y se junta con el mar (estrofa 63) Esta última unión río-mar nos muestra la unión final Acis-Galatea (Acis, convertido en río, junto a Galatea, ninfa del mar)

El volcán Etna no es menos importante. Es el gran monte que preside todas las escenas ocurridas en la fábula y se relaciona directamente con Polifemo. El cíclope es otro monte que, al igual que el volcán, tiene fuego en su interior (fuego de amor y fuego de muerte) Polifemo es el volcán mismo: tiene la misma capacidad destructora, el mismo tamaño y la misma furia
[2]. El fuego del volcán es el fuego de amor en el que Polifemo se consume, pero también un fuego destructor[3]. El volcán, aunque aparentemente dormido, es el único que puede romper la armonía de bosques y campos. Polifemo, cuando se siente celoso (cuando despierta su ira), es quien destruye el mundo armonioso de amor que AcIs y Galatea habían construido. El volcán, además, es una contradicción en sí mismo (de nuevo encontramos contradicciones al más puro estilo barroco): el volcán da una tierra fértil, pero a la vez puede destruir todo lo que está a su alrededor. De igual modo, Polifemo puede albergar sentimientos puros (como el amor) pero es capaz de crear la muerte. Góngora muestra la gran contradicción que se puede dar: el amor y la muerte se contraponen por naturaleza.

[1] El tema del mar en el barroco será muy recurrente en las novelas bizantinas, por ejemplo. La cultura marina del siglo XVII ha convertido al mar en un elemento muy importante para la economía, pero también en algo inquietante: en el mar hay piratas, tormentas y naufragios.
[2] Así nos lo muestra el pintor Nicolás de Poussin en su obra Paisaje con Polifemo: el cíclope y el volcán se identifican.
[3] Comprobamos cómo Góngora acumula conceptos para una misma idea.