miércoles, 28 de septiembre de 2005

OTOÑO

La morera pierde sus hojas. Pero volverán. Huele a teatro. Todos los teatros del mundo huelen a otoño, aunque sea agosto. Aunque los happening están intentando cambiar eso. Huele a hojas, pero a hojas de libro, ¡la Casa del Libro! Huele a cuadrado, a espacios ocupados, a estanterías y a calor, porque el frío siempre trae calor; a veces, calor dulce, de añoranza, otras, calor agobiante, de bufanda que ahoga. Y trenes. Normalmente se pierden. Pero vienen otros. Los pierdo porque aún no sé quitarme la bufanda con rapidez, qué vergüenza, a mi edad. Hay calma, huele a calma. Y a estrés. Paradoja. Huele a Galdós, a Valle-Inclán, a Newton, a Rousseau, pero como es un olor sabido, ya casi no lo olemos, hasta Rousseau nos huele a Valle-Inclán... Y ya no corren lagartijas y tengo frío en las medias. Palabras esdrújulas (las mejores): lingüística, pragmática, metáfora, lítote, catástrofe, misántropo... En África cacé un elefante en pijama, lo que no sé es cómo hizo para ponérselo.

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