miércoles, 5 de octubre de 2005

19:27

El Sol ha tenido un día duro, muchas emociones y miradas hoy. Ya se va a la cama, en un ratito, estará cenando ahora, supongo yo.
Tengo los pies fríos, normal, voy descalza, como los indios, que tienen los pies cuadrados y no soportan zapatos, justo igual que yo.
Estoy a la espera, pero estoy tranquila. No cambia nada que venga o no venga. Algo de ocio, quizá, pero estoy bien, puedo verlo mañana o al otro... da igual porque no da igual: él está ahí, siempre.
19 y 27, hora de contar, darme explicaciones y preguntarme lo que nadie me pregunta más lo que pregunto a los demás (¿"cuánto pesa la Tierra?", "¿por qué los niños aprenden a hablar tan rápido?")
19 y 27, sólo un minudo al día que no volverá a ser igual mañana, porque las 19 horas y 27 minutos precedentes habrán sido diferentes. Y ya no habrá preguntas, quizá. Tal vez haya respuestas o silencio o ruido del que no dice nada pero te calla.
19 y 27 han muerto hace ya rato.

1 comentario:

juank sinclair fantoba dijo...

Nos queda pensar en que el minuto de hoy será diferente. Y afortunadamente lo será (resulte como resulte), aunque parezca imposible.

Toma medio 1 centimillo.