miércoles, 28 de diciembre de 2005

ELLA Y YO SOMOS IGUALES

Ella y yo somos iguales.
Anoche la volví a ver
caminando entre olivos.
Ella era gris, como los árboles.

Veo sus ojos ausentes
su alma sin cuerpo,
su cuerpo inmóvil.
No ríe, no llora,
pero siempre tiene miedo.

Sus horas se han parado,
siempre es y será niña.

No ha elegido nada,
obligada por el hambre
todo le parece justo.

Ella y yo somos la misma.
Y eso me asusta.
No dejaré que juegue sola.

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