viernes, 16 de diciembre de 2005

LA TERRIBLE HISTORIA DEL ASESINO PALITO

Palito vivía en un semisuelo (o semisótano), que no era más que una semicasa. Bebía agua del grifo en botella y trabajaba en la oficina del paro, que es una forma irónica de trabajar.
Palito iba los fines de semana al campo, donde respiraba aire puro y recogía flores que luego metía en un tarro. Ya tenía ciento seis tarros llenos. Estaba pensando dejar de coger flores porque el número ciento siete le aterraba desde que tenía él nueve años.
Palito no tenía novia porque una vez tuvo un desengaño tan gordo que se dijo "nunca más tendré novia" No por despecho, ya ni se acordaba de ella, pero Palito era un hombre de palabra y no podía ahora incumplir su promesa, así que Palito vivía solo (sólo con su soledad).
Harto de todo y de nada decidió romper sus casi ciento siete tarros de flores muertas, rocíar el coche que nunca tuvo de agua del grifo embotellada y asesinar a su jefe de la oficina del paro porque nunca le decía la hora (aunque Palito jamás la preguntaba)
La historia de Palito, en realidad, no es nada terrible, que es una forma irónica de decir que sí lo es.

1 comentario:

josemoya dijo...

Hay algo de terrible en la ternura de la historia.