lunes, 6 de marzo de 2006

TETRUÑOS: TEORÍAS PSEUDOCIENTÍFICAS Y PATRAÑUDAS (II)

EL SEDENTARISMO Y EL VINO (resacón sociocultural)

Los orígenes del vino, aunque inciertos, son muy antiguos. La vid silvestre crecía feliz trepando árboles (como robles). En los árboles se encontraba una levadura exógena conocida como Saccharomyces cerevisiae que fermentaba el jugo de las uvas, detalle que interesó mucho a las primeras civilizaciones. Pero ¿qué vides se encontraban en Europa en aquel tiempo? Las vitáceas son predominantemente tropicales y subtropicales y engloban cientos de géneros. Uno de ellos, el género Vitis, supo proliferar en zonas más templadas (entre los 35 grados de latitud Norte y los 35 grados de latitud Sur) y convertirse en exclusiva del hemisferio Norte. De las varias especies que pertenecen a este género, sólo una, la Vitis vinífera es realmente útil para fabricar vino. Esto muestra que hubo vino antes que vides, como cuenta la profesora Vázquez Hoys: "el estudio paleobotánico de las semillas parece sugerir que se produjo una lenta introducción del cultivo de Vitis vinifera en lo que hoy es el noreste de Irán en el cuarto milenio antes de Cristo. Sorprendentemente, esta fecha es casi 2,000 años posterior a la primera evidencia hallada de producción de vino. El motivo del tal desajuste temporal puede estar en el hecho de que el vino nació casi a la par que la agricultura misma. La producción de este néctar debió correr una suerte paralela a la expansión de los usos agrícolas desde la región del Creciente Fértil (entre el Golfo Pérsico y Egipto) hasta el norte de Irán y Anatolia. De ahí que el registro de la época sea especialmente difuso. En cualquier caso, existen evidencias contundentes de la presencia de semillas de vid semidomesticadas desde el 2,700 antes de Cristo en las actuales Inglaterra, Suiza e Italia, y un poco posteriores, hasta el 2,500 a.C., en Dinamarca, Suecia y España."


Lo único que precisan las vides es calma y un suelo fértil (mediterranean solis) Ahora imaginemos a un Homo sapiens no sedentario aún (le quedan tres meses para ello) Este Homo sapiens (llamémosle Liotto, por ejemplo) es un cabeza de familia, que está de caza día sí día también, que no tiene muy claro cómo y de dónde le vienen los churumbeles, ni qué es eso que reluce cuando llueve ni por qué se origina. Liotto vive una vida sin demasiados problemas, pero sin respuestas. Su asombro (punto de partida del conocimiento, como afirmó Platón) le lleva a buscar. Un día Liotto ve su reflejo en el agua y toma una decisión: “hay que vivir en cuevas, hay que hacer grupos, hay que plantar vides” Liotto, líder del pequeño núcleo familiar, deja de ir de caza para ocuparse de su viñedo (consistente en tres robles y cuatro cepas trepadoras, encontrado por casualidad en una incursión cazadora) ante la mirada atónita de Huilo, Samesón y Jiporo, que siguen siendo nómadas. Pero otros Homo sapiens se unen a Liotto: “¡hay que hacer vino!” (que entonces no se llamaba vino, claro) y un grupo se une a él en la plantación, mientras otros siguen yendo a por chicha. Pero la caza se acaba y hay que moverse buscando más y las vides sufren, se mueren y no hay vino. Momentos de crisis asolan la micro sociedad de Liotto “¡hay que hacer vino!”, grita la muchedumbre (de quince personas), pero no hay manera de hacerlo ya que la materia prima perece. Liotto, que ha visto su reflejo en el agua y ha descifrado los misterios del trueno y la venida de los nenes comunica una nueva decisión: “hay que abandonar el nomadismo, tan perjudicial para las vides.” Clamor popular: Bodegas Liotto se ha puesto en activo y la sociedad ha vendido sus viajes por el vino, que ayuda a pasar el mamut. He aquí la influencia decisiva del vino en el sedentarismo del hombre: todo placer hará cambiar de vida a cualquiera.

3 comentarios:

josemoya dijo...

La verdad es que es una buena razón para que la gente se asiente: la comida crece por todas partes, pero el vino... ;-)

Rafa dijo...

Bravo por el tetruño, me ha parecido divertido a la vez que didáctico ¡qué más de puede pedir!
saludetes

Graciela dijo...

Y lo que nadie supo jamás es si Liotto desentrañó el problema de la autoconciencia, que sin duda es algo que surge en situaciones de embriaguez intermedia, "¿quién soy?", "¿que hago aquí?", "¿quién me mandaría a mí hacer que la vid creciera en el mismo sitio proveyéndome de vino siempre que lo necesité?"...y así. Pobre Liotto, no sabía que le quedaban dos telediarios para descubrir el fuego, la rueda y google.