viernes, 26 de mayo de 2006

EL TORDO

El otro día entró en clase un pájaro (es algo habitual, no os creáis). El ave en cuestión fue identificada por Manolo como un tordo (Manolo, profesor de teatro y varia lección, creador de posibles tetruños) He de confesar que me quedé bastante al márgen ,primero de la identificación (yo hubiera dicho que era un mirlo, pero ni idea) y segundo, de su volar en general. El aula era grande (y cuando digo grande me refiero a que no colgamos los abrigos en la percha por no ir hasta el final de la sala, a unos 50 metros... eso en Alcalá impresiona, y más entre los filólogos: 10 alumnos de media por curso) Así que yo seguía mirando a la pizarra observando la línea de la dramaticidad brechiana. Pero no podíamos seguir ignorando al tordo, sobre todo porque Manolo, nuestro líder, ya había puesto su carita de niño ilusionado.
El animal se daba golpes (cabezazos) contra la puerta, pero no encontraba la ventana, cosa lógica ya que hay 2 ventanas en todo el aula. El hombre de clase (no Manolo, sino el único compañero de sexo masculino que tenemos) se levantó a abrir la contraventana de la reja. Manolo le presionaba "cógelo, ahora que está atontado", decía. Cuando cayó a sus pies, no os penséis que hizo por cogerlo, de hecho, quiso abrirle la puerta para que saliera al pasillo (y confundirlo más, si cabe... yo ya lo veía en reprografía) Vamos, que casi lo echa de clase. Pero, al fin, Manolo tenía la solución: "si apagamos la luz, igual él entiende que tiene que irse". Me quedé algo perpleja. Es cierto que los pájaros van hacia la luz, pero teniendo en cuenta que el tordo había entrado con la clase casi a oscuras (sólo teníamos encendido un fluorescente porque estábamos viendo un vídeo) no le veía mucho sentido. Además, de pronto me imaginé la situación: todo el mundo a oscuras y callado, haciéndole el vació pájaro, echándole con fina ironía inglesa, lo que haríamos con unavisita pesada o un cobrador. En fin, que el tordo debía entender que no era bien recibido. Afortunadamente, acabó encontrando la salida al patio. Manolo, Manolo...

6 comentarios:

josemoya dijo...

Lo del "hombre de la clase" lo comprendo perfectamente. De hecho, lo fui cuando hacía 4º de carrera (las mujeres eran 7).

Mmm... Clase de teatro en filología. Debe de ser que por fin los planes de estudio cambiaron para bien...

Jane Vicente dijo...

Ja, ja, ja... qué bueno. Me ha encantado la idea de la oscuridad, sólo se le podía ocurrir a Manolo. A mí no me pasaban esas cosas en las clases de teatro... Espera, ya sé: es que sólo fui el primer día, después decidí no volver por allí (no, no me dedicaba a tomar cerveza en el patio. Es que a la misma hora tenía otra asignatura más interesante).

Edryas dijo...

Lo mejor de Manolo es que oscurece la clase para "ver un vídeo" que nunca pone y nos tiene en la penumbra dos horas...debe ser para que entendamos que no somos bien recibidos o algo así.

Rafa dijo...

Me ha encantado la anécdota, me recuerda al revuelo que se montaba en el cole cuando entraba algún pájaro.
Por cierto, el tordo y el mirlo son dos nombres comunes para la misma especie de ave (Turdus merula) así que lo habías identificado bien, y lo de apagar las luces para que encuentre la ventana me suena más a medida para que se vayan los insectos, pero si funcionó, pues oye...

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