miércoles, 10 de mayo de 2006

LA DURA VIDA DEL MUSCULITOS (hacia la comprensión y la tolerancia)

El musculitos (también conocido por mazas, cachas, cachitas y, en el caso de ser homosexual, musculoca) no lleva una vida fácil.



Para empezar, el musculitos normalmente no nace, sino que ha de hacerse a base de sudor y euros de gimnasio. La mayoría de la gente abandona el gimnasio a los 2-3 meses; con suerte aguanta un año, pero la vida, el trabajo, los niños, la pereza pueden más y no se matricula de nuevo en septiembre. Pero el musculitos, el auténtico, no tiene hijos, ni pereza. No es raro que tenga trabajo, pero tampoco es raro que su trabajo sea bombero, go-go de discoteca (también vale portero del mismo establecimiento) o, precisamente, monitor de gimnasio. No vale profesor de Educación Física: ellos no son musculitos. Y si lo son, es por casualidad.
Además, el musculitos profesional no va a un sólo gimnasio. Tiene tres: mañana, tarde y noche, donde alterna varios tipos de ejercicios y varios tipos de monitores. De este modo, su cuerpo jamás se habitúa al ritmo de las tablas con lo que el aprovechamiento es total.
El clásico musculitos lleva una dieta estricta basada, sobre todo, en las proteínas (¿o acaso creiáis que el primo de Zumosol realmente estaba así por el zumo reconcentrado de cáscara de naranja?) Para ello, no sirve con comer carne, pescado y huevos, sino que han de beber batidos de proteínas que no se venden en bricks sino en botes de polvitos solubles. Estos botes o tarracos no son de un kilo, ni de cinco; el musculitos dedicado se los compra de diez kilos. Por no hablar de los ciclamientos (técnica demasiado chunga para contarla aquí)
Lo único obeso en la vida del musculitos
es el bote de proteínas en polvo
El sufrido musculitos suele pasar frío porque siempre, haga el tiempo que haga, debe llevar los brazos al descubierto, esos brazos que tantos polvos le ha costado conseguir. Además, los trajes de vestir nunca le quedan bien.
Hay algunos complementos básicos para ser un musculitos de verdad. El pelo engominado es indispensable, ese efecto mojado con rizo sobre la frente a lo Superman es la imagen perfecta para un torso perfectamente diseñado. Claro, que hay otras versiones del asunto, como el rapado y el pelo-cepillo. La indumentaria es tambíen importante: nada de bañadores tipo bermuda: de boxer para arriba. Un par de tatuajes decorando bíceps, espalda o pecho nunca están de más. Por supuesto, la depilación es indispensable: no lo vayamos a estropear en el último momento. Los aceites corporales son más personales y se suelen dejar a elección del sujeto.
El nuevo tú
Como veis este aspecto de Action Man no es nada fácil de conseguir. Desde aquí pido amor y comprensión para este sector con una imagen tan dañada por la ignorancia, que es muy atrevida y se ha dedicado a tildarlos de superficiales.
Esta aparente cara de felicidad
esconde todo un drama personal

3 comentarios:

Graciela dijo...

Si es que no hay derecho...toda la vida ejercitando los cuadriceps para parecerte a Van Damme (que se seccionó no sé qué tendón para poder abrirse más de 180º, ya ves tú que soplapollez, se ve que vendía más que Bruce Lee de esa forma)y luego la sociedad ni te lo agradece ni nada después de que acabas con vigorexia.
Me hubiera encantado ver la reacción de un musculitos en la fábrica de chocolote de Willy Wonka

Graciela dijo...

Si es que no hay derecho...toda la vida ejercitando los cuadriceps para parecerte a Van Damme (que se seccionó no sé qué tendón para poder abrirse más de 180º, ya ves tú que soplapollez, se ve que vendía más que Bruce Lee de esa forma)y luego la sociedad ni te lo agradece ni nada después de que acabas con vigorexia.
Me hubiera encantado ver la reacción de un musculitos en la fábrica de chocolote de Willy Wonka

Edryas dijo...

Willy Wonka seguro que era como Ned Flanders: debajo de la ropa llevaba a un musculitos