viernes, 16 de junio de 2006

CONVERSACIONES EN LA TERRAZA (I)

-Peter...
-Dime.
-No llevo reloj.
-¿Por qué?
-Porque no lo necesito.
-Ya.
-Confío, principalmente en dos cosas.
-Entiendo.
-No sabes qué cosas son.
-Continúa, por favor.
-Pareces el estúpido interlocutor de Sócrates.
-Sí, es cierto, perdona, pero sigue contándome.
-Confío en dos cosas: la gente (su histeria, sus ansias, su necesidad de saber la hora) y el propio sistema mundial.
-No entiendo lo del sistema mundial.
-El sistema, la configuración global del universo, obliga a llevar reloj o, en su defecto, a consultar uno de los miles relojes que podemos encontrar a cada paso. Esos relojes están ahí porque la configuración del universo es tal que se necesita mirar la hora y, por ello, se ofrece ese servicio como necesario.
-Interesante, pero ¿no has pensado qué pasaría si los relojes que encontramos a cada paso no estuvieran?
-Sí, por supuesto que lo he pensado.
-¿Entonces, qué harías? Imagina que la configuración universal del mundo cambia (¿o era configuración mundial del universo?)
-Any way, Peter.
-Bueno, pues eso, si la mundialización de la configuración universal cambiara, mutara y el paradigma fuera sustituído por un mundo sin relojes ¿qué sería de ti?
-Bien sencillo, amigo: no pasaría nada, ya que, si el paradigma y el sistema cambia de tal manera que los relojes fueran innecesarios... ¡yo no necesitaría reloj!
-Bien pensado, Matt. ¿Imaginas un mundo sin relojes?
-Fácilmente: yo no llevo.
-No, no me he explicado, no tengo tu capacidad de oratoria. Empezaré de nuevo. Imagina un mundo sin relojes: ¿qué se regalaría a los que se jubilan?
-Oh, entiendo, planteas un problema muy interesante, très interesante, diría yo.
-Y digo más, Matt: ¿qué adornaría nuestras cocinas?, ¿qué elemento configuraríamos en nuestros teléfonos móviles?
-Cielos, Peter, podría ser un auténtico cambio de paradigma científico-social.
-Cierto, cierto.
-¿Sabes qué te digo?
-No, no lo sé, pero me gustaría saberlo.
-No llevo reloj, Peter.
-¿Por qué?
-Porque lo necesito demasiado.

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