miércoles, 13 de septiembre de 2006

TENGO UN RECUERDO

Estoy en un trigal. Quizá no fuera un trigal, pero a mí me lo parecía. Está todo seco y las espigas me arañan las piernas. Quiero llevarme algunos granos, opara comérmelos o plantarlos o hacer algo con ellos. Pero no tengo dónde llevarlos. Hace mucho calor, y la garganta se me seca y me escuece. Me voy a poner enferma, seguro. Y es que deben de ser las cinco de la tarde de una tarde de verano. Me voy del trigal y, poco a poco, vuelvo a la zona civilizada. Estoy triste, con la garganta irritada y con todos los granos de trigo desparramados por los bolsillos, irrecuperables. Creo que mi padre me regañó por irme con tanto calor. Pero eso ya no lo recuerdo bien.

3 comentarios:

juank sinclair fantoba dijo...

Qué años tendrías entonces? o podrías haber tenido?

Voy a por un agüita, que me ha dado un pelín de angustia, tanto calor, escozor y encima febril...

josemoya dijo...

Una escena que podría haber vivido yo mismo en el pueblo de mi padre, donde solía pasar los veranos hasta los 15 o 16 años... El sol cayendo a plomo sobre los trigales, o sobre los rastrojos... Esa gozosa sensación de mareo que precede a la insolación... La idea de trepar a un cerro y refugiarse bajo una roca, o en una caseta abandonada...

Edryas dijo...

Es lo que tiene vivir en una aldea. Creo que tenía unos ¿10?