miércoles, 4 de octubre de 2006

LO DE ARRIBA DE MI CAMA (I)

Este relato de misterio (aunque tenga título de película porno o al menos erótico-festiva) comienza una noche silenciosa de primavera. En el silencio de la habitación escucho un arañar, un respirar, muy quedo, muy suave. Agudicé mi oído y detecté dos fuentes de ruido. Una de ellos era Flechu, la tortuga.
Flechu siempre padeció de las vías respiratorias. Cuando llegó a mi casa un 6 de enero no estaba muy afectada, pero entre algún viaje al veterinario para vitaminarla y mi incompetencia para proporcionarle calor (en este caso calor negro, pero negro por prohibido, ya que no me estaba permitido calentarla con mantita eléctrica y debía contrabandearla hasta mi habitación, donde habita Flechu) la pobre tortuga se quedó con un resfriado crónico. Este resfrío se conoce por sus fortuitos estornudos y el boquear del animal que, como no puede respirar por las fosas nasales, abre la boca. Vamos, lo que hacemos todos. Este resfriado crónico no afecta mucho a la vida de Flechu pero le hace una tortuga un poco particular. Por ejemplo, pasa mucho tiempo fuera del agua, cosa rara en su especie acuática. Ella huye del líquido elemento que es húmedo y perjudicial para su estado. Por otro lado, tampoco puede darle mucho el sol, vital para su desarrollo, porque le sube la temperatura y la bajada posterior cuando se la retira de la fuente de calor, esto es, el sol, repercute en su cuerpo haciendo que estornude más.
Por la noche, Flechu intenta salir del agua, arañando su tortuguero, y yo suelo estar atenta, dormir con un ojo abierto, para que no tenga un accidente como el de su amiga Penchu.
Así, en aquella noche, oía claramente a Flechu boqueando con su sonido a vacío y meneándose dentro de su tanque de agua, pero ¿qué es eso que sueña sobre mi cabeza y que es tan parecido a los ruidos de la tortuga?

1 comentario:

Leo Zelada Grajeda dijo...

Interesante tu relato.

Nos vemos en el Bukowski.