viernes, 20 de octubre de 2006

MÁS SOBRE NAUFRAGIOS Y OTROS PAQUETES TURÍSTICOS

A raíz de la bonita sociedad que se nos planteaba en Coconut Dream he seguido recordando cosas sobre naufragios (hay que ver, o es que los escritores son poco originales o es que el rollo de que la sociedad fuera tan náutica a ha acabado con más de la mitad de las historias)
Mi preferida es, sin duda, la historia de Pedro serrano, contada por Garcilaso el Inca (si Garcilaso el castellano hubiera sabido que le iban a llover los fans) Pedro Serrano naufraga en la isla Serrana (que antes de que él naufragara no tenía nombre o si lo tenía a él se la sudó) Pasaron tres años de dura supervivencia islense (caza de tortugas, calores, higiene altamente escasa...) cuando encuentra a un hombre en su isla (Garcilaso el Inca dice "su isla"... tres años allí y ya era su isla, que no se entere Onassis que por Scorpios seguro que le cobraron una pasta) Pedro Serrano, al verlo, se asustó mil kilos, cuatrocientos kilos menos que el forastero que al ver esa cosa peluda, desnuda y sucia se creyó que era el mismísimo Satanás. Serrano se fue corriendo pidiendo ayuda a Dios y el otro, mira tú qué casualidad, lo entendió y le dijo:"No huyáis, hermano, de mí, que soy cristiano como vos" Toma, si al final resultaría que eran del mismo pueblo, el 5 de octubre celebraban san Froilán y se acostaban con la misma mujer, allá en España. Como el huesped aún no estaba muy seguro de la confianza de Pedro acabó por dar el santo y seña universal: se puso a rezar el Credo, con lo que Serrano se debió decir "date, el Anastasio aquí"
En la isla quedaron otros cuatro años, supongo yo que haciendo otras cosas además de rezar el Credo. Finalmente, les rescató un barco, pero el inquilino murió en el mar. Vaya una mierda, sobrevive al naufragio, al Credo, a cuatro años jugando al parchís con Pedro Serrano y de vuelta a casa, perece. Seguro que no indemnizaron a la viuda (claro, quién iba a indemnizarla, ¿la asociación de aventureros con mala pata?) En España, Serrano fue a ver a Carlos V. Pero para demostrarle que había pasado todos esos años en el mar no se lavó ni nada (a ver si el compa se murió en el barco del asco...) y el emperador le dió dinero por las molestias (a este sí le indemnizaron, ea) Seguro que algún listo se quedó en su casa nueve años sin afeitarse para decir luego que había estado en la isla Serrana (u otra) Y así nació la picaresca.

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