sábado, 11 de noviembre de 2006

LO DE ARRIBA DE MI CAMA (II)

En mi intento por identificar el ruido que se sucedía noche a noche encima de mi cama, hacia el techo, pensé varias cosas. Por un lado, el ruido sonaba como algo desgarrándose. Pensé en el bandó del estor, pegado con velcro. Eso es, el bandó se está quitando. Pero no era posible, el bandó, justo en aquella esquina estaba clavado con una chincheta para evitar que se doblara (chapucillas caseras)
O lo que realmente sonaba era a un insecto con sus patitas. Pero un insecto grande, tipo polilla. No me dan miedo los insectos, ni asco, pero cuando una está en su cama, en pijama (o sea, una tela fina), protegida de todo mal, porque es sabido que las sábanas nos protegen de todo mal (identificado o no), no quiere vérselas con animales que debería encontrarse fuera de la casa o, al menos, en otras circunstancias. Maldije la pequeñez de mi tortuga que debía alimentarse con alimañitas de ese tipo y no estar revolviéndose intentando escalar a su isla. "Ojalá que no sea un insecto", me decía. Meses más tarde lo quise con fuerza porque, al menos, sería una explicación al extraño ruido de arriba de mi cama.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ÑññÑñññ... qué escalofrío final...

Me gustó!

Edryas dijo...

pues aún queda serial