miércoles, 15 de noviembre de 2006

ZOMBIS

A veces uno se muere sin darse cuenta. El problema es que sigue haciendo su "vida" normal, es decir, va a trabajar, come, duerme porque tiene sueño, coge el autobús, pisa una caca de perro... Pero, en realidad, está muerto. Él no se da cuenta, pero ha dejado, por ejemplo, de hablar con algunas personas, no con todas, pero sí con algunas importantes. Otro síntoma de los muertos es que dejan de ver algunas cosas. No siempre son las mismas cosas, depende del muerto en cuestión. Entre los estudiados las cosas que se han vuelto, de pronto, invisibles, han sido el papel, ciertas casas, algunos libros... Sin embargo, otras se hacen más grandes y toman dimensiones gigantescas sin que el muerto aprecie la diferencia: sólo ve eso, pero no se para a pensar por qué.
Al muerto se le va olvidando su vida pasada y aunque, aparentemente, la siga llevando a cabo, las omisiones cada vez son mayores: ya no se comunica con nadie, olvida todas sus aficiones... El muerto tiene un mecanismo de defensa que le impide darse cuenta de que está muerto: cuando le hablan o tratan de contactar con él responde mecánicamente. Es consciente de que contesta, pero no se da cuenta ni lo que dice ni a quién. Al gunas de estas respuestas son "sí, mañana lo hago", "te quiero, ya lo sabes", "a ver si quedamos", "estaba pensando en llamarte". El muerto, de igual manera, crea una vida (una muerte) paralela con nuevos hobbys que, en realidad, jamás practica.
La salvación del muerto es resucitar como zombi. Esto puede hacerlo por sí solo o con ayuda de los demás. Si el muerto se da cuenta de que está muerto, el sortilegio se rompe y comenzará a retomar su vida anterior. Otras veces, las menos y más difíciles, los que le rodean y aún le ven (que no son todos) consiguen traerlo de vuelta con su insistencia, conversando, intentando pasar tiempo con el muerto.
El problema es que el muerto reanimado y zombificado ya nunca será el mismo y conservará mucho de su falsa vida, de su muerte, sobre todo porque el resto de personas, en muchas ocasiones, ha dejado de verle, le han dado por muerto y les resulta complicado volver a verlo en vida y, además, como zombi. Pero, en fin, todo el mundo tiene un muerto en el armario. Todos, excepto los zombis, que ya no distinguen entre la vida y la muerte.

3 comentarios:

sinclair dijo...

Es un post como de David Atenborough pero teniendo de cámara a Cortázar.

A veces tengo tanto miedo de perder la esencia de lo que soy que me emborracho como un zopenco. No lo cura, muy al contrario, y tampoco compensa: así de contradictorio es uno.

Anticonstitucional dijo...

Muy bueno el texto, muy bueno!

Sólo paso a visitar, qué agradable sorpresa...salu2!

Alfie dijo...

Edryas, me has dejado de piedra, consigues conmover a tus lectores, eres, eres...no encuentro un adjetivo... la caña. Tu mejor texto sin la menor duda. Que pedazo de lucidez y madurez. No tengo palabras. Es cierto, totalmente de acuerdo contigo. Vivimos en una sociedad que no hace más que aletargarnos, somos verdaderos muertos vivientes. Ovejas, que sólo sirven para producir, reproducirse y consumir. Esa sensación la he vivido, la he sentido, y trato de romperla con todas mis fuerzas. Gloria, envidio tu madurez intelectual, de veras, pero tras esa visión un pelín negativa, existe otra positiva, que todos luchamos en mayor o menor medida por revelarnos contra esa zomibificación.