domingo, 30 de julio de 2006

CONVERSACIONES EN LA TERRAZA (IV)

-Matt, me asalta una duda, casi una paradoja.
-No te la guardes, Peter, sabes que te escucho.
-Bien, la expondré: yo sé que 2 y 2 son 4 y que 4 y 4 son 8. ¿Por qué, entonces, 2 más 2 más 2 más 2 no da 8?
-No debieras jugar con los números. Es peligroso.
-Pero no puedo vivir así ¿qué calidad de vida se me ofrece con estos quebraderos de cabeza?
-Pero, mi querido Peter, es que sí da 8.
-No, no. Observa 2 y 2, 4. Y 2 y 2, 4, y 4 y 4, 8, pero eso no son 2 y 2 y 2 y 2.
-Pero si lo sumas todo dará 8.
-Demuestra tu hipótesis citando tus fuentes.
-Mis fuentes son las del parque, aunque no funcionen. Y he aquí la demostración: 2 y 2, 4; más 2, 6...
-¡Ah! Te pillé, Matt. Eso ya no es 8, sino 6.
-De acuerdo, pero si le sumas 2 a 6, dará 8.
-Pero antes ha dado 6, nunca, si sumas cuatro doses, dará 8.
-¡Pero, Michael!
-Peter.
-¿Qué?
-Me llamo Peter.
-No, Peter soy yo, me acabas de llamar.
-No, tú eres Matt.
-Y si tú eres Peter ¿quién diablos es Michael?
-No sé, ¿eres tú?
-No, yo soy Peter.
-No, tú eres Matt.
-Sí, es cierto. ¿Ves? Te dije que no jugaras con los números, se nos puede caer Saturno encima.
-Pero Saturno no está encima.
-¿Cómo que no? Saturno está en el cielo, y el cielo está arriba.
-Pero, según me enseñó en la escuela Mrs. Tonguelong, los planetas están al lado de la Tierra, alineados como buenos amigos.
-¿Quién es Mrs. Tonguelong?
-¿No la conoces? Oh, bueno, quizá tú la conociste como Miss Eagleye.
-¿Y se ha casado?
-Sí, con un astrofísico.
-Mi gozo en un pozo.
-¿Pensabas desposarla?
-No, convertirla en mi concubina.
-¿Qué ventajas presenta eso, Matt?
-Todas.
-Entiendo.
-Me pregunto si Sócrates tuvo concubinas.
-No lo creo: él no comía naranjas.
-Nosotros tampoco.
-Puede ser, pero nosotros hemos descubierto algo que, si quisiéramos, podría cambiar el mundo.
-Sí, tenemos la verdad en nuestras manos.
-Sabes a qué me refiero, entonces.
-¿A lo de Saturno?
-No, Matt, por Dios, eso lo sabe todo el mundo.
-¿Dios lo sabe?
-A Él no le importan esas tonterías.
-Entonces ¿a qué te refieres con la verdad suprema y revolucionaria?
-A lo de la suma.
-Oh, cielos, sí, Peter, eso podría cambiar el mundo tal y como lo conocemos.
-Pero no lo sacaré a la luz. Me gusta el mundo tal y como está.
-¿Con Saturno encima y todo lo demás?
-Sí, sobre todo con todo lo demás.

jueves, 27 de julio de 2006

TETRUÑOS: TEORÍAS PSEUDOCIENTÍFICAS Y PATRAÑUDAS (VI)

FOREVER LOVE (lo que nos regaló la sexualidad)

Juan Luis Arsuaga, director científico del proyecto de Atapuerca, en el fondo es un romántico. Sus investigaciones siempre van encaminadas a descubrir comportamientos en los homínidos de aquellas épocas, pero siempre le da un puntito love, ya que se interesa por saber qué le decía al oído el rey de la cueva a su señora o las canciones infantiles que cantaban los pilluelos mientras saltaban a la cuerda. También asegura que es una ventaja evolutiva el hecho de que los humanos copulemos enfrentados, es decir, mirándonos arrobados a los ojos. Y he aquí el tetruño irrefutable: gracias a esta ventaja han nacido grandes obras de la humanidad que seguidamente veremos.
Así que ahí volvemos a tener a Liotto, nuestro viticultor prehistórico, cuyas bodegas siguen en activo y cuya sociedad se está desarrollando a ritmos vertiginosos. Pero a Liotto le falta algo: tiene vino, una cabañita aceptable, nenes, una hembra dispuesta a darle placer... ¿qué más se le puede pedir? Pero él no es un homo sapiens cualquiera, él tiene inquietudes. Una noche de luna llena camina con su compañera por la ribera de la charca junto a la que han creado su pequeña aldea, basada en la producción vinícola. Ambos han tomado algún copazo de más y ese vino espeso (aún no se han creado procesos de refinamiento) se sube a la cabeza más de lo que ellos creen. Se procede a la cópula y Liotto, mientras mira la cara de su compañera, descubre qué es lo que le ha faltado todo este tiempo: clima romántico. El ver a sus animales de granja procrear nunca le había producido esa sensación, pero la noche, la luna, el vino, la fermosura de su hembra... le lleva a un estado catártico donde, sin duda, nacieron las canciones románticas y el mito de la cena con velas, las (grandes y pequeñas) serenatas nocturnas, los ramos de flores, los poemas de amor, los (espeluznantes) osos de peluche que dicen "I love you" y tantas y tantas cosas... Todo eso recorre la acelerada mente de Liotto mientras mira los brillantes ojos de su compañera.

jueves, 20 de julio de 2006

REIVINDICACIÓN DE ROYALTIS

Tralará,trilorí... paseaba yo por la web cuando ¡sapristi! (con perdón a don Sapristi) en una de los enlaces de la web de la universidad veo una página de los postgrados de teatro. En su encabezamiento, fotos, pero ¿qué fotos? ¡Fotos mías! ¡Fotos de obras realizadas por los alumnos! ¡Fotos mías, señores,fotos mías!
Si mi relación con el eje teatral de la universidad hubiera sido otra, quizá me sentiría orgullosa de mostrarme vestida de militar de semana santa, pero estos personajos son de los que se apuntan tus gloriosos tantos. Me explico: verano del 2004, estamos inmersos en la preparación de obras de post-teatro. El post-teatro postula que el teatro has muerto, así que... ya me dirán cómo monto una obra de este rollo. Aún así, nos arriesgamos. Cogemos las obras: dibujos, móviles, recortables... pero aquí no hay teatro. Pero seguimos, nuestra líder espiritual (y supuesta directora) asegura que podemos hacerlo. Así que nos dedicamos a copiar cada dibujo y llevarlo a escena. No hay diálogo y las viñetas no se pueden unir. Creamos un texto copiado de Calderón y cambiamos cada viñeta para que nos cuadre. Trabajamos, trabajamos, trabajamos. Pero hay quien no trabaja ¿adivinan quién?
Ahora podemos leer en su curriculum que montó, organizó y dirigió estas obras de post-teatro y, encima, pone nuestras fotos para recordarlo. Ay.

martes, 18 de julio de 2006

PENCHU (in memoriam)

Hay una leyenda urbana que dice que una tortuga estuvo dada la vuelta, panza arriba, hasta que se ahogó y murió. Cuando fue vuelta del derecho, con las patas tocando tierra, a las horas, la tortuga resucitó, ya que sus pulmones tienen una capacidad asombrosa al desgaste. Pero las leyendas urbanas son aún más inciertas que las leyendas de siempre.
Es una leyenda que siempre cuento porque lo que más me aterra es que alguna de mis tortugas se dé la vuelta y se ahogue. Penchu sabía que sería un buen final para ella.
La pequeña Penchu adoptó su nombre de las tiras supuestamente cómicas del tío Pencho . Como cabe esperar de toda tortuga, no se conoce su sexo, así que de ahí el final en -u.
Penchu era una tortuga ascética. Eso se lo había pegado su compañera de tortuguero, Flechu. Pero Penchu se lo tomó aún más en serio hasta que llegó al convencimiento de que su reino no era de este mundo. No osaba comer pollo ni pescado, caprichos que Flechu sí se concedía. Había ensayado su suicido varias veces: se colocaba en una pared y se dejaba caer patas arriba. Ese gesto tan natural (como mortal) en una tortuga también lo realizaba Flechu, pero ésta usaba su cuello como palanca para ponerse derecha. Penchu nunca lo hizo. Cuando se quedaba así, subía un poco la cabeza y me miraba con esos ojos plácidos que siempre tuvo. Yo la colocaba para evitar una desgracia, pero pronto me di cuenta de que yo no siempre estaría ahí. O quizá es que se cumplía la maldición de Jeanco: "cuando dos tortugas viven juntas, una de ellas muere inexorablemente." Yo pensé, inocente de mí, que se refería a unas condiciones de higiene más estrictas, pero no: la tortuga muere, da igual cómo.
Cuando fui a comprar una amiga para Flechu escogí a Penchu entre todas las que me ofertaba el vendedor porque, al ponerlas panza arriba, fue la única que levantó la cabeza y me miró directamente. Qué ironía.
Los especialistas han comentado que quizá se la ha llevado un golpe de calor, pero yo lo dudo, ya que semanas antes de su "accidente" Penchu pasaba la mayor parte del tiempo fuera del agua buscando el sol. Había dejado de comer y sólo dejaba que el sol quemara su piel. Pero ese método quizá era demasiado lento para ella.
Una serie de circunstancias a veces se alían para conjurar las tragedias. Porque lo de Penchu fue una tragedia: sentenciada desde el principio, mi instinto me decía que algo terrible acabaría ocurriéndola.
La mañana del 17 de julio del 2006 me levanté tarde. El día anterior había bebido demasiado café y la noche había sido larga. Me acosté pronto, pero estuve leyendo un novelón de una golfa del siglo XVI y no me dormí hasta pasadas las 3 de la madrugada. Al levantarme ese fatídico lunes fui a echar un vistazo a las tortuguitas. Penchu yacía panza arriba, uno de mis mayores miedos. La puse derecha y eché comida a Flechu, que no estaba en huelga de hambre. Dejé tranquila a Penchu, pero pasado el rato, me volví a aproximar. Tenía mala cara, sus ojos, normalmente apacibles y serenos, estaban hinchados y sus pupilas eran pequeñas y afiladas. Su boca estaba ligeramente abierta. Recordé la leyenda de la tortuga que volvió a través del éter y coloqué a Penchu encima de la isla que todo buen tortuguero posee. Le toqué las patas (sin respuesta), le toqué la cabeza (no la encogió), le toqué el pecho (¿masaje cardiorespiratorio?) Llamé a Gacelo para darle la fatal noticia: Penchu estaba muerta o muerto o qué se sé yo. Me he preguntado qué hubiera pasado si la hubiera encontrado antes, si hubiera podido salvarla si no hubiera esperado a levantarme a las 11 de la mañana, si no hubiera leído el libro de la golfa renacentista hasta tan tarde. Hacía unos días había comido un poco, eso significaba una mejoría o, quizá, como bien saben los psiquiatras, su despedida de este mundo: todo suicida parece más feliz cuando toma su decisión.
Penchu era mucho más dulce que Flechu. Le gustaba comer, aunque poco. Jugaba mucho con Flechu y se le subía encima de ella buscando el sol. Tenía el pecho liso, sin manchas y el caparazón de un verde intenso, casi fosforito. Pero su destino era morir ahogada panza arriba, lo supe desde que la vi intentarlo la primera vez. Es el destino de algunas mascotas, como el pez de Amèlie o mi propia tortuga: la Tierra no es lo suficientemente buena para ellos.
Flechu sólo ahora, 6 horas después de retirar el cadáver, se da cuenta de su nueva soledad. Ha buscado a Penchu y, decididamente, se siente sola. Sólo espero que ella decida vivir.
Penchu, que poco estuviste entre nosotros, apenas unos meses, pero qué huella dejas.

lunes, 17 de julio de 2006

CONVERSACIONES EN LA TERRAZA (III)

-Peter...
-Te escucho, Matt.
-Me agrada que me escuches.
-No faltaba más.
-He estado pensando algo.
-¿Pensabas contármelo?
-Sí, esa era mi intención. Te lo contaré, no obstante. He pensado qué sería de mi vida si yo fuera tú y tú fueras yo.
-No digas tonterías: no sería nada de tu vida porque tu vida sería la mía y la mía la tuya.
-Esa observación es muy inteligente, Peter, pero ¿sería tu vida igual si fuera mía y mi vida sería la misma si fuese tuya?
-Oh, ya entiendo lo que quieres decir: si mi vida fuera tuya, yo sería tú, pero no sería yo, sino tú, así que, desde un principio, yo no hubiera sido yo, sino tú, así que mi vida sería mía, ya que tú eres yo. Y nada hubiera cambiado.
-Pero, Peter, escuchame con atención: si yo fuera tú no me dedicaría a coleccionar sellos que, como sabes, es una de mis pasiones.
-En efecto, lo es.
-Y si tú fueras yo, no te dedicarías a conducir el metro, que es tu profesión.
-Muy cierto que lo es.
-Así que tu vida no sería la misma.
-Pero, Matt, lo que no logras comprender, es que mi vida, si yo fuera tú, no sería conducir el metro, sino coleccionar sellos, y siempre hubiera sido eso así que no habría cambio perceptible en mi vida.
-Oh, Peter, ya sé por dónde vas. No sé cómo he podido estar tan ciego todo este tiempo. Te agradezco tus aclaraciones. Se nota que estudiaste en un colegio de ricos.
-No hay de qué. De todas formas, planteabas algo muy interesante sólo que, quizá, no te percataste de algo. Sí que podríamos sacarle partido a esta consideración si tenemos en cuanta lo siguiente: que yo fuera el coleccionista de sellos, pero con tus ideas e inquietudes y que, del mismo modo, tú fueras el conductor de metro, pero con tu propia personalidad de coleccionista de sellos.
-Pero eso sería imposible porque si colecciono sellos no puedo, a la vez, conducir el metro.
-Era sólo una forma de hablar, Matt.
-Peter...
-Estoy atendo a ti, Matt.
-¿Te gusta conducir el metro?
-Oh, por supuesto que no. Es tremendamente aburrido.
-¿Y por qué lo haces?
-Porque coleccionar sellos es aún peor.

miércoles, 12 de julio de 2006

MALOS-MALÍSIMOS (BRONCE)

Losers are winning ha llegado a un momento histórico. Desde auqel lejano mayo del 2005 ha venido ofreciendo su visión de la maldad peliculera. Hoy, julio de 2006, llegamos al podium oficial. En tercer lugar...


ANIBAL LECTER (El silencio de los corderos)
INTELIGENCIA: 10, Su mente es lo único más afilado que sus cuchillos.
PODER: 8, tenemos que tener en cuenta que la edad no pasa en balde y para sus años está bastante fuerte.
VILEZA:10, no solo te mata, sino que te aliña.
CONTROL: 10, su inteligencia consigue que hasta el tipo más frío caiga bajo su influencia, controlando así las conversaciones.
PUREZA: 10, el doctor Lecter hace tiempo que se pasó de la raya. El enemigo público número 1.
FÍSICO: 7, si no supieramos nada de él no veríamos más que a un encantador madurito, pero la fría y fija mirada nos dice mucho más. Por no hablar de sus disfraces de persona.
TOTAL: 55, lo más temible de un canibal es que sea tan exquisito y con tan buenos modales como este.