domingo, 11 de febrero de 2007

CONVERSACIONES EN LA TERRAZA (VIII)

-¿Sabes que estoy leyendo?
-¿Qué es lo que debo saber, Peter? ¿Qué cosa lees o el hecho de que lees?
-¡Qué aguda observación, Matt!
-No dejo de pensar en esas cosas, es como una obsesión.
-Yo me refería al hecho de leer.
-Pues no, no lo sabías, pero, ¡cielos! ahora que me fijo bien observo que tienes un volumen en las manos.
-Eso es, Matt.
-¿Y de qué se trata?
-Es poesía... de una poetisa, para ser concretos y fieles a la realidad.
-¿Por qué se llamará poetisas a las poetas?
-Pues no tengo ni idea. Será por lo mismo que me llaman a mí caballero.
-¿Y no eres un caballero, Peter?
-¿Y no es la poeta poetisa?
-Pse.
-Eso digo yo: pse.
-¿Y cómo se llama el libro?
-Se titula Los perdedores están ganando.
-Ah... Es un título lógico.
-Bueno, lo que es ilógica es la ira de esta muchacha... o vieja, no sé nada de su biografía.
-¿Ira? ¿Cómo sabes que está airada?
-Bueno, Matt, en sus poemas no hace más que insultarnos.
-¿Insultarnos? Pero si ni siquiera nos conoce... qué valor.
-Era un nosotros impersonal. Insulta al lector.
-¡Qué desagradecida!
-Yo creo... Ya sabes que soy un gran psicólogo empatista, Matt.
-Lo sé, Peter, no he conocido a nadie que se introduzca en las mentes como tú.
-Pues bien, yo creo que esta señorita o señora está airada porque ha tenido un trauma, o post-trauma, que la hace despreciar al género humano y sólo quedar en pie ella.
-Déjame que lea sus poemas, Peter.
-¿No me crees?
-Sócrates nos enseñó a desconfiar.
-No fue Sócrates.
-Pero bien hubiera podido ser él.
-En eso tienes tanta razón que no puedo evitar dejarte el libro.
-Tras la lectura rápida del libro, pues ya sabes que todas tus dotes empáticas son comprables a mi capacidad de lectura rápida, podría a hacer una primera afirmación.
-¿Y cuál sería ésta, Matt?
-Creo que la chiquilla, no cabe duda de que es una chiquilla, está indignada, pero no sólo con el mundo, sino con ella misma.
-Pero, bueno, es asombrosa tu capacidad de indagación psíquica.
-Son las largas horas en el metro, esa soledad tunélica.
-Da que pensar ¿cierto?
-No, no se pinesa en nada, se vacía uno y acaba por comprender que sólo los perdedores pueden ganar.
-Oh, bueno, Matt, ese concepto está claro desde el principio... Así que crees que la poetisa es poeta, y que, además, es muchacha y que, encima, se odia.
-Sí, más o menos esas son mis impresiones.
-Se me ocurre algo indigno de mí, Matt.
-Cuenta: todo lo indigno es digno de decirse.
-Podíamos ponernos en contacto con ella.
-Quizá haya muerto.
-Me da igual, me da igual, ¡me da igual!
-No te excites, Peter, suelta tu rabia pero sin que se te note, ya sabes.
-Sí, ya sé, ya sé... es sólo que creo que las poetas no debieran perder.
-Pero pierden... Si no ¿cómo iban a ganar?

5 comentarios:

Rafa dijo...

¿Cómo llegó el poemario a sus manos? Espero que nunca lean nada de lo que escribo. Escondo secretos oscuros.

Una Bohemia dijo...

Si es que ya dijeron por ahí que el poeta es la menos poética de las criaturas. Pues va ser verdad.

Ahora va mi pregunta absurda de la semana: ¿por qué se llaman estos dos cosas raras y no Pedro y Ramón, por ejemplo, que es una cosa mucho más ibérica?


www.unabohemia.blogspot.es

Edryas dijo...

Para Rafa: Peter y Matt a veces me dan miedo hasta a mí. Yo no me hago responsable.

Para una bohemia: me temo que Peter y Matt son ingleses. Te invito a que leas otras de sus aventuras pinchando en la etiquetita para comprobar si realmente estoy en lo cierto y son ingleses o, simplemente, son relamidos. Lo que está claro es que viven en una ciudad con metro, ya que uno de ellos trabaja ahí.

Una Bohemia dijo...

¿Y se puede ser a la vez inglés y relamido? (segunda pregunta absurda de la semana).

www.unabohemia.blogspot.es

Edryas dijo...

Uf, ahí ya... entra la etnografía y...
(maneras casi-sabias de eludir una pregunta, absurda o no)