miércoles, 11 de abril de 2007

IMAGINEMOS

Imaginemos que estoy parada en mi portal. Imaginemos que hace frío y que acabo de cortarme el pelo. Imaginemos que me duele la cabeza porque la estúpida de la peluquera se ha atrevido a frotarme las sienes, territorio prohibido para la mayoría de los que me rodean. Imaginemos que, para pasar el rato, me pongo a contar Suzukis. Pero, no hace falta imaginar, esto tiene dos problemas: mi calle es poco concurrida (al menos hasta que Pryconsa -con 85% de las acciones del infierno- termine la urbanización de al lado) y, además, yo no sé diferenciar marcas de coche. Esta es una de esas cosas que se le da bien a Gacelo, saber que un Ford es un Ford desde 100 metros. Me alucina. Como cuando va y le pinta los ojos a una figura de 2 centímetros ¡! Más chulo que un ocho.
Yo soy más imaginativa que inteligente. Por eso de pequeña no entendía lo de la O con un canuto. Yo pensaba que el canuto había de mojarse en tinta y, a modo de aerógrafo, hacer la O. Dificilísimo. Como los pies del gato. Nada más fácil que encontrarle tres ¿pies? al gato. Pero, claro, tardé mucho en saber que tenía sólo 2. O las Fallas: yo creía que en Valencia había terremotos cada año.El aprendizaje salvaje es así, como el pelo o las uñas que no se cortan.
Pero sigamos imaginando. Imaginemos que el cartero viene a mi casa, con su carrito de la compra amarillo y la cornetilla azul dibujada (tardé 15 años en darme cuenta que el símbolo de Correos era la corneta con que se hacían oir los carteros... mare, mare) (y me pongo a pensar que cuando tardas llegas tarde, y que si estuviera aún en Caracciolos correría a coger el Corominas, como cuando mi hermana me preguntó de dónde venía la palabra "cerveza") Imaginemos que el cartero llama a mi piso (no muy alto, ya que en la aldea no se puede construir torres que tapen el sol) pero nadie le contesta porque yo estoy abajo. Imaginemos que, por una vez, no me da por hacer símiles ni crear imágenes sobre mi vida y las cartas. Imaginemos que, por una vez, me da igual (me la fly del todo) que el cartero llame a mi casa con un paquete certificado (estamos imaginando, todo es posible) (claro que, puestos a imaginar, yo podía llevar contados cuatrocientos cincuenta y dos Suzukis)
Imaginemos que, como dice Carlos Sobera, o sus guionistas, Maria Antonieta fue la mujer de Luis XIV en vez de la de Luis XVI (como efectivamente fue) y que Agripa fue emperador, aunque sólo fuera mano derecha de Augusto (o izquierda, es sabido que los soldados romanos eran ambidiestros) Imaginemos que los programas pseudoculturales extienden sus mentiras y todo se confunde. Al final ¿qué importa quién construyera el teatro de Mérida?

4 comentarios:

isabel dijo...

jajsjjjajajajaaj! q me meo contigo!
oye! pero los gatos solo tienen dos pies??? y desde cuando??? no te preocupes por lo de la trompeta, yo macabo denterar leyéndote...
anda
mua!

U.B dijo...

¡Pedazo de rayada que te has escrito, tía!

Edryas dijo...

Dos pies métricos: ga-to
Para tres pies serían ga-ti-tos (esto que te lo explique Dani, que seguro que sabe mucho, je)
Si al final va a ser que me fijo mucho como las lechuzas, vais a ver.

Rafa dijo...

No dejas de sorprender. Me has dejado flipado con el "imaginemos".