lunes, 21 de mayo de 2007

HISTORIA EGOCÉNTRICA EN TRES CAPÍTULOS, versión triste (II)

En el instituto fui menos infeliz, pero no era feliz. Me inventé una teoría que yo creía muy buena sobre los caminos que simbolizaban la vida, no sabía que ya estaba inventada. También le puse letra a la canción Adelita y resultó ser la misma que ya tenía. Un fracaso. Yo quería un novio para hablar con él, sí, y para besarnos, pero no quería que su concepto del romanticismo (yo seguía siendo adolescente, no nos olvidemos) lo hubiera copiado de una peli. Empezó a gustarme Extremoduro. Yo quería ser un chico. En realidad, eso lo quería desde los 8 años. No sé cómo funciona eso de la identidad sexual, si es tu madre el modelo o qué. No quería ser un chico porque le viera ventajas, es que me veía más chico que chica. Seguía sin saber la mecánica de la amistad y esperaba que algún día todo fuera un poco mejor, pero lo esperaba con más venganza que esperanza: exigía una reparación. Me reía poco, no fuera a ser, se me olvidaba reir, como esas veces que se te olvida mear y llegas a casa después de 2 horas y dices "coño, si yo me meaba" pues igual, igual con la risa. Me seguía aburriendo, pero, encima, me resultaba difícil entender conceptos. Decidí que quería saber cosas de los escritores, no de sus vidas, sino desentrañar cosas como “un carámbano de luna la sostiene sobre el agua” Para mí eran como adivinanzas: eso significa que está muerta. Unívoco. Yo lo entendía así, eran otros tiempos. El hallazgo en mi casa de dos libros me precipitó en esa idea: una antología de Lorca y otra de Kafka. Rarísimo, en mi casa no gustan esos autores, pero allí estaban (es lo único que me ha pasado que atribuyo a la magia) Odiaba que me dieran órdenes. Odiaba mucho, eso mi hermana lo sabe (uy, la bola otra vez) Escuchaba a Bach y leía el romancero clásico medieval. Escribía cuentos con metáforas y símbolos muy burdos y muy complejos (muy malos) Escribía sonetos. Me gustaba la música y hacer bailes, aunque me daba vergüenza hacerlo en público. Pensaba que yo sola me bastaba y lo llamé “independencia” Intuía que algo pasaba conmigo y reforcé la idea de que era muy especial. Escribía pequeños artículos llamados Tonterías, porque lo eran sin serlo, porque eran intimidades de esas de las que uno se avergüenza y dice “bah, tonterías” Fui a Grecia y fui Grecia. Buscaba una receta total, que me sirviera siempre, porque me daba miedo que la historia de mi vida siempre estuviera por escribirse.

8 comentarios:

Reyes dijo...

Uy, me has pasado la bola, la tengo justo aquí, que ni pa un lao ni pa otro. Me recuerdas tanto a mí, que me da miedito. Al menos ya le pongo cara a esa del espejo.

Edryas dijo...

Calma... hay más capítulos...

UB dijo...

Queremos siguiente fascículo.

pepeltenso dijo...

Pues sí que estamos bien. Con la presencia de seguridad que ofreces al exterior.
Bueno, piensa en ser feliz.

pepeltenso dijo...

joder, los comentarios cada vez me quedan más como el abuelo Cebolleta dando consejos a los pobres infantes. Cielosvijostoy.

josemoya dijo...

Espero ansioso el siguiente capítulo...

isabel dijo...

cada vez mejor
eres la ostia!


por cierto...
"porque me daba miedo que la historia de mi vida siempre estuviera por escribirse"
/gloria gil -lía, capítulo dos, versión triste-/

"- todavía no sé por qué nos fuimos- objeté.
- porque siempre hay que irse, octavio. ¿o es que a su edad todavía no sabe que la vida es camino de ida?"
/carlos salem sola - camino de ida-/

Edryas dijo...

Pues conste que no la he leído aún, la novela de Carlos. Cómo rimo, ¿no?