jueves, 24 de mayo de 2007

HISTORIA EGOCÉNTRICA EN TRES CAPÍTULOS, versión alegre (II)

Lo mío con Gacelo (lo nuestro) fue un tema after hours. Después de haber pasado toda la noche hablando de gilipolleces exquisitas decidimos que éramos maravillosos, tan maravillosos como para darnos el uno al otro. Las 12 de la mañana (al estilo Jorge Guillén), ya no era hora para desayunar, sino para vermut, pero bueno. Descubrimos que entre el asiento del conductor y el del copiloto podía haber 120 kilómetros si la timidez actuaba de guardabarrera. Pero hay locomotoras que… Gacelo me puso delante de mi estantería. Yo lloraba, no sé por qué, porque sí, porque soy yo. Gacelo me puso de pie y me dijo “cuéntame qué libros tienes” Yo le hablé del orden de mis libros, de algunas historias. No vale, Gacleo, jugabas con ventaja, tú ya sabía que eso me pondría alegre. Él me enseñó una gran lección: hay que ser buena persona. Yo le corrompí y le enseñé a ser malo.
De pequeña estuve en Salou y en Mallorca. Yo pensaba que los extranjeros, al entenderse, se entendían en español. Yo no les entendía, sólo oía “was, wo, rei wa”, pero porque yo no sabía inglés, si hubiera sabido inglés pensaba que les podría haber entendido “y el caso es que estaba en mi casa…” Aún no me interesaban las lenguas, pero ya pensaba cosas así.
Uno de mis primeros recuerdos es el piano blanco de teclas azules y rosas (unas cuatro en total) que me regaló mi tía. Era un joyero, pero yo no tenía joyas, así que, en el cajoncito, metía de todo. Encima del teclado tenía un espejo de papel de aluminio que se cayó (o quité, no recuerdo) Lo que sí recuerdo es que a mi hermana le entró en un chicle una pegatina del Abominable Hombre de las Nieves (o un esquimal, quién sabe) y yo la pegué en vez del espejito. En lugar de ver mi cara deformada, veía al Yeti.

Mi amiga Noemí es mi amiga más antigua. Éramos lo más parecido a una pareja de novias. Noemí siempre decía que quería un hombre como yo. A veces bromeábamos: un día ella se cambiaría de sexo para ser mi novio; yo también lo haría y nos encontraríamos en la “esquina de siempre” (nuestra zona de quedar) dos tíos, y uno de los dos tendría que cambiarse de sexo otra vez. Con lo fácil que hubiera sido ser homosexual, joder.

Yo quise estudiar Filología para escribir las partes de atrás de los libros. Eso le decía yo a mi madre. De todas formas, hubo una semana que quise hacer Derecho, pero mi padre me dejó un Código Civil y leí que si unas abejas se escapaban se las podía perseguir por el campo vecino haciendo destrozos. Hombre-colmena-campo no se podía comparar a Kafka-su padre-yo. Al final estudié Filología, pero me di cuenta que la literatura, de fondo, tenía un aspecto que me resultaba muy interesante: la comunicación. Me gustaba ver cómo uno podía decirle a otro algo sin decírselo en realidad, pero entendiéndolo todo el mundo. La comunicación, más allá de los anuncios de teléfonos móviles.

Entre mis días felices encuentro días en que encuentro. Encuentro dinero perdido y me lo gasto en vicios (libros, bebida, comida, discos, chocolate) Encuentro amigos, pero no amigos de esos de una noche (si es que a mí siempre me ha resultado mucho más fácil ligar que hacer amigos y un rollo de una noche me parece la cosa más normal del mundo, pero un amigo de una noche… no tiene sentido) Encuentro un libro que me mira y me dice “tú, yo, tus ojos, mis páginas, ahora” Encuentro esa palabra, la palabra, en labios de otro y yo quiero pegarle porque me pongo nerviosa, apretarle mucho las manos y hacerle daño porque le quiero mucho por haber dicho esa palabra. El amor es dolor, le digo, y no es sado-maso ni una canción de Marylin Manson, pero cuando quiero de verdad a alguien y tengo confianza con él le pellizco, le muerdo, le golpeo despacito los hombros.

5 comentarios:

pepeltenso dijo...

Menos mal que tiene buenos hombros ;-)

isabel dijo...

"Me gustaba ver cómo uno podía decirle a otro algo sin decírselo en realidad, pero entendiéndolo todo el mundo"


toma ya!

este me ha gustao mucho
como tú!
guapa

pd: veo a gacelo a las 8 de la mañana
no es sano madrugar tanto
no no no

Reyes dijo...

Un pellizquito, anda porfa

UB dijo...

Cómo me ha molado lo de la parte de atrás de los libros. A mí de pequeña me flipaba mucho la gente que citaba autores. Pero quise ser publicista después de ver Melrose Place (lamentable, sí).

Gacelo dijo...

No la creais, los golpes en los hombros no son despacito, además mete dedos en los ojos o tira de las orejas.

Un beso before after hours.