viernes, 20 de julio de 2007

CUANDO DIOS CREÓ AL HOMBRE TENÍA LA CASA SUCIA

Venga, va, ahí estoy yo, limpiando mi casa tras tres semanas de abandono. Y esto, teniendo en cuenta que las ventanas están siempre abiertas y tenemos una obra al lado, es mucho abandono. En los libros (ejem, cursis) ponen cosas como "gruesa capa de polvo", pero, señores, el polvo es una cosa, las gruesas capas de polvo se llaman arena o, incluso, tierra. Venga, va, ahí voy yo con mi trapito del polvo. Impossible. Sólo he conseguido hacer surcos. Y ahora es la hora de la verdad ¿me interesa plantar patatas en la mesa? Merde, idearemos otra osa. Venga, va, me aproximo con una bayeta mojada, de esas Vileda que-te-cagas (dato, la mesa es de cristal, no se puede limpiar con cualquier cosa) Y, chan-chan, ¿qué pasa cuando a la tierra se le echa agua? ¡Barro! Cuando Dios creó al hombre tenía la casa muy sucia. Y ahora es la otra hora de la verdad ¿cuánto sé de alfarería? Me asomo a la obra de la ventana y grito "eeeeeeeeeh, túuuuuuuu, síiiiii, túuuuuuu, el del moooono, dame una paaaaaaala" El buen señor no me entiende o no me quiere entender y no pienso bajar a buscarla yo, porque hace calor (y es que no se puede limpiar a las 12 p.m.) Y, además, esto no ha ocurrido, pero como estoy sudando y debilitada por la lucha, he tenido una alucinación. Toda la casa huele a tierra mojada, como si hubiera llovido... oh, he creado un jardín de cristal y mala ama de casa.

2 comentarios:

UB dijo...

¿Es verídico?

Edryas dijo...

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