miércoles, 19 de septiembre de 2007

CARASCRUCES DE LA VIDA (I): "Puta y pones la cama"

6:10 a.m. ("antes de merendar", piensa Fran, y la boca le sabe amarga, la broma le sabe amarga, porque nunca tiene tiempo para merendar) Se tenía que haber levantado a las 6, pero esos diez minutos son su reserva de calma. Eso dice él, su novia dice que no valen para nada, pero es que para Merce sólo lo suyo sirve. Y la boca de Fran se vuelve amarga otra vez.


Arriba. O casi. Fran se arrastra y se unta cinco tostadas con mantequilla. Este es su momento. Y esos diez minutos tarde son los que no le dejan disfrutarlo "Disfrutarlo a tope, como dicen los anuncios". Hay quien tiene cocaína. Hay quien folla mucho. Él tiene sus cinco tostadas del desayuno. Unos cuarenta minutos desayunando. Se afeita en el metro, pero sólo si le toca asiento. Fran siempre piensa que ser joven es una condena porque nadie le cede el asiento. "Esa señora no es tan mayor", se dice para sobrellevar los ojos de fuego de la anciana y, sobre todo, de su hija. Fran se concentra en el mini espejo donde ve cuatro centímetros de su cara y lo va moviendo por su rodilla. Si fuera por él no haría esto en el metro, ni tan a menudo, pero ¿dónde si no?, ¿en el baño de casa?, ¿y perder todo el trayecto en metro haciendo qué?, ¿trabajando? Mejor así.


Llega a su trabajo (eso era de esperar, no sorprende a nadie) Los nuevos edificios de oficinas ya no se hacen en altura, sino en grandes superficies al estilo Alcampo, así que no tiene que pasar el ratito de rigor comentando el ajedrez climático en el ascensor. Fran odia hablar del tiempo, pero es de lo que más habla al cabo del día. Ocupa su sitio y se pone a trabajar.


Fran no sabe en qué consiste su trabajo. El caso es que tiene que ir de traje y afeitado siempre. Y coger el teléfono y decir que un momento. Y sumar algunas cifras, eso cuando no hay que restarlas. A veces suena su móvil, pero nunca lo coge, porque es Merce que le va a pedir que llegue antes cuando ella sabe perfectamente que no puede llegar antes de las 8 p.m. (no hay broma para esto) Y como pasa de líos, porque Merce tiene mucho caracter y él no... no coge nunca el teléfono.


2:00 p.m. Hora de comer, pero nunca en grupo. Han de salir de uno en uno, porque cada uno es valiosísimo e irremplazable, así que si se van dos... catástrofe (¿a que es bonito el mensaje de los próceres de la empresa? Nadie se lo ha creído, pero es genial, nadie lo discute tampoco) Comer sólo es triste pero, sobre todo, es rápido. Quince minutos después, Fran está en su mesa de nuevo. Total, para la mierda de comida que lleva siempre (se la lleva de casa para ahorrarse los 9€ del menú) Se acuerda entonces de un sabor...sabor rico, a pimientos y cebolla, a patatas... ¡un guiso! Pero ¿quién tiene tiempo para eso?


Suma. Suma. Resta. Un momentito. Suma. Suma. Suma. Mear. Resta. Que no, que mañana. Suma. Suma (Fran percibe que suma más que resta pero a estas alturas no se entera de mucho) Suma. Suma (¿Y si en vez de sumar resta...?) Suma. Suma. ¿Resta? (¿...y se lleva una parte?) Suma. Suma (qué contenta Merce con dinero) Suma. Teléfono. Se rompe el encanto. Hoy no va a a robar nada, porque la voz de Dios le acojona al otro lado del teléfono. Sí, sí, sí. No, no, no. Claro, claro, claro. Y le dice que se quede hasta las 8 p.m. Fran no sabe para qué le llama, si siempre se queda. Será para darle ánimos. De pronto Fran se ve en un teatro. Se abre el telón y aparece su personaje (que no es un personaje sino su propia vida) sumando y restando. El jefe entra a escena y la gente aplaude. Le mira a los ojos como Jesucristo a Ben Hur y le dice "quédate, eres importante" El público llora y él se queda, porque está en el guión. Una función diaria, dos los sábados y domingos.


7:30 p.m. Se ha escapado media hora antes. Más de veinte llamadas perdidas al móvil. ¿Por qué se dirán perdidas, si no se pierden, si se quedan ahí diciéndote que llames a tu madre/novia/colega/hijo del que nunca te ocupas? Brillan en la conciencia de Fran, que se ha quitado su única corbata y se ha sentado en el banco junto a la parada de metro para leer bien el mensaje de Merce. Que le deja, que se aburre, que pasa de él, que nunca se ven. Y como nunca se ven, se lo dice con un mensaje, piensa Fran casi riendo. Fran vuelve a su oficina (que no es suya, claro está) y camina los casi trescientos metros que le separan de su mesa. Allí sigue su jefe, que le sonríe al verle llegar, como el padre del hijo pródigo, pero sin anillo ni carnero cebado esperando. Su compañero, con el que habla del tiempo, cambia de tema por una vez y le dice en bajo:


-Cornudo y apaleado.


Pero Fran sabe que él es la puta que, encima, pone la cama.

3 comentarios:

pepeltenso dijo...

moooola.

Yuya Lou dijo...

Pero que vida más perra, joder.

isabel dijo...

yo esto lo compro
qiero más