lunes, 10 de septiembre de 2007

La comedia de divertirse es agotadora. Es un trabajo más en este mundo moderno. Moderno desde el 29 de mayo de 1453, desde el Renacimiento que valorizó los relojes. ¿No véis a la Celestina apremiando a sus interlocutores y hablando con ellos siempre en movimiento de casa de una doncella a otra? El tiempo es dinero. Y empezó la prostitución de la humanidad, que empezó a trabajar por dinero. Y los comensales exprimen las montañas, el mar, la naturaleza, los paisajes de postal, las playas... lo exprimen todo para sacarle un poco de obligada diversión porque hay que divertirse, que para eso trabajas (por dinero, siempre por dinero) tantas horas al día, así que exprime (que no aprovecha) exprime todo lo que te rodea. Y que las 12 de la noche sean la medianoche no tiene sentido cuando te acuestas a la 1 a.m. Claro, no vivimos en cuevas y gracias al progreso del fuego se desarrolló el lenguaje y Babel (que nunca fue una maldición, ni bíblica ni de las otras) Pero cuando el ocio se convirtió en un trabajo que costaba dinero, y se empezó a trabajar por dinero y el Renacimiento, además de las nalgas y los senos, valorizó los relojes, entramos en un círculo de decadencia.

2 comentarios:

UB dijo...

Cuando en clase de marketing nos poníamos a hablar, el profesor decía "préstenme dinero, o préstenme tiempo". Y nos callábamos.

JUAN MARTIN PINILLA dijo...

Me temo que vaya un poco más atrás, y que cuando no hay consuelos estables, como la riqueza inteligente, el placer sereno u otras formas de savoir faire somos carne de ordeño. Aunque el tiempo, encarnado en los relojes, sea nuestro verdadero Dios ya ha tiempo, las cosas no van necesariamente a peor... Celine me describe estos días un mundo al que no me gustaría regresar. Por cierto, feliz vuelta.