sábado, 13 de octubre de 2007

SE VA LA VIDA o SI NO FUERA POR ESTAS PEQUEÑAS COSAS o POR QUÉ DECIDIRÍA LEER ANA KARENINA SI SÉ QUE PESA UN QUINTAL Y NO LO PUEDO LLEVAR EN EL METRO

El 7, símbolo de totalidad (símbolo y punto, tengo la cabeza a reventar con la teoría semiótica de Pierce, así que paso de índices, legisigno, decisigno y su parentela) Y, efectivamente, casi la totalidad de la línea 7 me tengo que hacer.

Una niña deshollina su flauta. Pero yo no recuerdo Las edades de Lulú (un libro que, por otro lado, no me gusta, quede eso dicho), sino de la clasificación que teníamos en mi cole entre los que tenían flauta Aulos y los que la tenían Hohner, siendo éstos últimos humillados sin entrar en la calidad de cada marca. Les había tocado ser los vencidos, aaaah, se siente. La niña sigue fuñe que fuñe limpiando la flauta y le sale una risa nerviosa por la nariz mientras dice a su madre "tiene babas" Ella, la niña, habla como una persona mayor, como una actriz. Claro, que va vestida de vieja, con un uniforme que erradica cualquier fantasía sexual, ya que no es la típica falda tableada con medias por la rodilla, y un jersey ajustadísimo, sino un vestido de una pieza que parece un saco. La madre no habla, sólo escucha los ensayos de la niña y sus explicaciones: "es que nos han puesto dos hojas, ¿eh?" Dos hojas de papel pautado, se entiende.


En frente tres chicos vuelven también del colegio jugando con una PSP (o similar... no sé si hay un similar en el mercado) El nombre de su colegio es gracioso y su logotipo es como una noria. Qué mala elección. Aunque siempre será mejor que la del colegio Brains (no me meto con la calidad de su educación, que la desconozco) cuyo logotipo recuerda a la publicidad de los chorizos. Cerebros embutidos. No entiendo lo que dicen, pero creo que con el más pequeño hablan en español y los dos más mayores hablan en rumano. No me pega y tampoco me fío de mis oídos, pero les he oído decir "¿qué haces?" así como en catalán. Uno de ellos lleva una cresta incipiente... carne neo-punketa. Se bajan en Little Rumanía.

5 comentarios:

Violeta dijo...

lo que comentábamos

línea 7
enterita

un libro que no es especialmente cómodo de transportar por esta nuestra ciudad...

qué bonito descubrir esta historia cotidiana aqui:
flutas Aulos y Hohner (me lo has recordado así, de pronto; yo no sé cuál tenía, pero fíjate, desde la infancia y estableciendo diferencias ...)
uniformes (el mío era horrible, marrón, y picaba muchísimo)
niñas -hadas asexuadas (porque la hadas no tienen sexo, no? eso decía Campañilla, no..?)
madres que son ... madres
y Littles Rumanías (el Este de Madrid, el este del Mundo)

que me ha gustado mucho,
narradora del día a día

;)

Besote

UB dijo...

Las Edades de Lulú no le puede poner ni a un seminarista.

¿Por qué no te has hecho periodista de dominical?
Pues te pega.

Alf dijo...

Cómo te envidio mi querida Edryas, leerte Ana Karenina, yo creo que debes continuar con los Hermanos Kamazov y el Jugador, te prometo que acabarás la oposición siendo una experta en literatura rusa, cómo te envidio, tener una línea entera que recorrerte para poder leerte los libros enteros en el metro, ¡que gran sitio para poder leer libros!

Rafa dijo...

Habiendo catado el metro de la Aldea no me extraña que tomes algunas sabias decisiones, aunque visto lo visto, creo que estar receptivos es lo que más puede amenizarnos el viaje.

Me ha gustado mucho ¡eres un "mostro"!

Anónimo dijo...

Yo digo
Las edades de Lulu "puag" al final y a la postre la protagonista es igual, salvando las distancias temporales, que Ana Karenina, una mujer varios hombres. Querer gustar, querer obrar bien, querer que te quieran y además que te respeten, la historia de siempre.
Pero bueno hay que leer para opinar.
Besos a todos