jueves, 13 de diciembre de 2007

DÍMELO CON CHOCOLATE O NO ME LO DIGAS NUNCA

Inversamente proporcional al precio es la calidad de los chocolates (habitualmente) Así, el antiguo chocolate del inframercado DIA era un placer de dioses. Luego cambiaron de fabricante y subieron el precio: cagada.

Oh, ir comiendo cuadradito a cuadratito, con ansia al principio, luego dejar que se te deshaga en la boca cuando queda poco, trágico y anunciado fin: se acaba, se termina, no tengas prisa.

En una reunión convivencial se comentó que, en realidad, no es el chocolate el sustituto del sexo, sino a la inversa, ya que, cuando has practicado sexo (qué verbo más chungo, practicar, como tiro con arco), todavía puedes hartarte (y, de hecho, es probable que quieras hartarte) a chocolate. No lo digo yo, esto ya lo decía Bernal Díaz del Castillo en su Historia verdadera de la conquista de la nueva España (la verdadera, ¿eh?, no la falsa) o Fernando de Alva Ixtlilxochitl en su crónica sobre la Historia de la nación Chichimeca. Y a quien no se lo crea le invito a leer las magnas obras y que me saque del error, que yo estoy encantada de rectificar con pruebas (¡a mí tetruños!)

¡Ah!, cómo el chocolate puede arreglar cualquier día gris y satisfacer la urgente necesidad de ingerir alimento a eso de las 11 a. (antes) m. (de merendar), hora del amaiketako, que a partir del año 1519 se basó en la bebida de los dioses chocolateada y no en el bocadillo de bonito con tomate (la fecha varía según fuente, a ver si me voy a pillar los dedos con la tontería)

Recientísimos estudios aseguran que una mujer tipo (¿de cuál tipo?, me pregunto yo) obtiene la cantidad diaria recomendada de energía (4'8 unidades), hidratos de carbono (4'2 unidades), grasas (8 unidades) y proteínas (1'5) con la ingesta de 20 gramos de chocolate. Vamos, que con una tableta de 150 gramos (tableta estándar de Milka o Nestlé) esa mujer tipo (tipo adicto, sobre todo) puede sobrevivir más de una semana. Es más, se puede hacer una dieta de chocolate, está clarísimo. (Fuente: un tipo que trabaja en Air France)

Hablaremos ahora del chocoholismo. No está demostrado que el chocolate provoque adicción, aunque podemos hacer una encuesta informal (no como el resto del artículo, que es muy serio) ¿Cuántos de los lectores no volvieron loca a su madre por comer chocolate pa merendar? ¿Quién no ha tenido tentaciones de trincar un bote de nutella y echar a correr y que el dios Quetzalcoatl provea? (Nota: la autora no se basa en experiencias personales para la realización de la encuesta)

8 comentarios:

Víctor Sierra dijo...

Sitio MUY recomendable. Está en una paralela a Génova, cerca de la calle Hortaleza.

http://madrid.vivelaciudad.es/2007/11/27-cacao-sampaka-el-exotismo-del-chocolate

!!!

Yo también soy chocolaterisíííísimo.

Víctor Sierra dijo...

Ay, no cabe el enlace. Bueno, busca en google "Cacao Sampaka" y aparece :P

Yuya Lou dijo...

A mi particularmente me encanta el chocolate, pero sólo el negro, ese que es quasi amargo en vez de dulce (cosas de la vida), así que un atracón supone un seguro dolor de estómago. Y sí, he padecido más de uno.

UB dijo...

Pásate al de marca blanca de Carrefour. Yo ayer me di un atracón de bombones caspa deluxe, digo Ferrero Rocher, que me dan mucho vicio. En cambio los de la Caja Roja me son insufribles. Y los delicatessen que venden al peso...Bueno, paro ya que estoy babeando el teclado.

Alf dijo...

Ya, ya, eso es como cuando alguioen entra enmi consulta y me dice, un amigo tiene... ya se que el amigo es él :-)
EN segundo lugar, el chocolate es adictivo, no me cabe la mnenor duda, a mi todas las noches después de cenar me apetece mogollón, y Rafa no lo compra para que no lo comamos, sólo entra en casa ese manjar cuando YO voy a la compra. Ya te casarás amiga Edryas y ya verás lo que se pasa cunado te cierran el grifo del chicolate.

isabel dijo...

y me lo he leido acabándome la tableta de nestlé

amoremachine dijo...

sabes qué
el shocolate
además de ser un excelente antioxidante, te protege
el higadillo...

yo lo uso.

Rafa dijo...

Iba a felicitarte por la entrada cuando descubro con horror que me acusan vilmente de chocolatefobia y mil cosas malas más: una cosa es el gusto y otra muy distinta el vicio, digamos que soy un asceta del chocolate, pero sólo cuando hay gente delante.