jueves, 31 de mayo de 2007

2007, 30 DE MAYO... EN ALGÚN LUGAR...

Dos personas se lían un cigarro a la vez. Me encanta (literalmente) por lo que tiene de rito. Justo a la vez terminan. A veces, esto es posible.

Like a virgin. Ella lee en plan eléctrico. Y como, a veces, todo es posible, convertimos lo existencial en sexo (da que pensar, da que pensar) ¿No será que tenemos hambre y en cuanto oímos "largo" se nos ponen los ojos brillositos? Se ríe como una virgen (aunque eso de ser virgen sea cosa de ricos)
Ya lo sé, dice con retintín Peqe desde el rincón hit-parade. Yo la oigo, porque, aunque el bullicio, a veces, todo es posible (y tengo muy buen oído aunque la mayoría de las veces tenga que preguntar ¿cómo?, ¿perdón? Pero eso es porque se me desconecta el cerebro, es como el salvapantallas del ordenador, que se activa si no interactúas con él)
Satisfuckme y los sátiros. A veces, todo es posible y lo leo sin reírme, porque me gusta ese poema. Y me suena a Elvis. Y me gusta haberlo escrito con Gacelo, verso a berso (sin golpes) (apenas)
Me suena expresionista el leer cada uno nuestro poema. Es curioso que cada uno a su bola se convierta en to share. Ya sabéis, a veces, es posible.
Yo estoy escribiendo esto en el móvil, no tengo boli. Las nuevas tecnologías, me dan un móvil, yo doy el mío. Confío en ellas lo justito. Pero ahora escribo esto en un móvil porque, a veces, todo es posible.
Hache fuma como ríe: hacia dentro. [Leer lento, sílaba a sílaba] Sostiene el cigarro con la punta hacia arriba para no boquee, pececito (¿existirá un equivalente de "galpito" en el mundo acuático?). Melodidani. Se cabrea conmigo porque no toqué la guitarra en Villajuanita. Le digo que no sé tocarla. Esto es una verdad a medias (a tres cuartos) porque es cierto que no sé, pero sí que podía haber trasteado más en Juanita's ville. De hecho, lo hice, pero el señor Plutón estaba ocupado. Y tú sabes que eso es muy posible (casi más que el que yo toque bien la guitarra)
Me invitan a su casa Patty y Reyes, me abren las puertas. A veces, todo es posible. Patty me dice de Reyes y yo capisco, yo capisco.
Yo también fui a Toulouse y pensé lo de "to lose" (cómo no, ganar, perder, vivir acaso) Creo que el cuarto de baño de Edwin tiene que ser muy grande. Quién sabe, a veces, todo es posible.
Villavicio desde que él está, me han contado, pero no se sabe. Aunque yo me lo creo, a veces, todo es posible.
Silvi hace hei,ho,let's go pero acaba recitando y, a veces, todo es posible, nos ríe y nos emociona.
Carlos me dice que no sabe si puedo dormir, que siempre llego pronto. Pues no, Carlos, no siempre puedo dormir, y en parte, es por culpa de la poesía. Esto es porque, a veces, todo es posible.

miércoles, 30 de mayo de 2007

No quiero ni siquiera saber si antes de mí hubo otro hombre. Descartes


Decir que me la pela Descartes es mucho decir de un muerto y es cosa que no quiero decir porque peu importe Descartes y los suyos (y su santa cas-t-a) Decir que la susodicha frase fue usada por los dadaístas es decir más, pero tampoco mucho, porque si haces de dadá algo así como una hornacina o un libro de rezos... pues fin.

Pienso ahora en el post-teatro, que aseguraba que el teatro había muerto por puro amor al teatro, que se había inmolado (estaba pensando inmolado en vida, pero esto es obvio, en la muerte un sacrificio vale mucho menos) Los artes antiartísticos han de ser entendidos de esta manera. A manera de amor y duda y nada es eterno (no jodas) Cuando los cubos encajan en los círculos, los cubos dejan de ser cubos. Yo me entiendo, pues faltaría más. Los cubos tienen que ser cuvos en un mundo de curbas. Y si no, no valen. Por cierto, en el post-teatro había un Hamlet binario (guiño, guiño) Lo binario no encaja bien, por puro encaje, de tanto encajar, se pierde.

Primitivismo, decía un haiku (uno de tantos que no hablan de ranas, mueran las ranas si llevan pajarita) Todo empieza en 0, pero tampoco, es muy difícil olvidarse de cada día. Y no queremos, que sólo somos recuerdos y no voy a venderlos por la pureza del arte, que todo tiene un límite, tú. Lo que está claro es que el buen gusto es algo entre interrogaciones. Menos que eso, mucho menos. Buen/mal gusto sirve para controlar y vender, nomás. Lo de-toda-la-vida nos toca.

martes, 29 de mayo de 2007

LA ABRAZADERA DE PLÁSTICO

Creo que casi todas las travesuras que se hacen de niño son por curiosidad. Hay otras que se hacen por reto o por llamar la atención. Pero la curiosidad nos lleva aún más lejos, porque la curiosidad no se cansa. ¿Qué pasaría si...? Nuestro cerebro no nos lo dice así, pero es eso lo que ocurre. Lo hacemos, sin más, porque queremos ver el resultado. Pero ¿y si esa curiosidad permanece intacta con los años?

Soy una persona traviesa. Me controlo. Meto mis manos en los bolsillos para no pulsar el botón rojo y me enfado porque me crea tensión no hacerlo. Clavo cosas en los muebles bajo la mirada horrorizada de sus dueños sólo por ver cómo la aguja o el tornillo se mantiene clavado. Hace ya mucho que no experimento con insectos si éstos quedan malheridos, pero, mientras no sean dañados, ahí estoy yo, probando "a ver qué pasa" Cojo flores por ver cómo vuela el polen y pulso "aceptar" aunque sepa que eso supondrá una catástrofe. Me controlo, más o menos, pero a veces es más fuerte que yo y lo hago, lo hago, me arriesgo a pulsar, escribir (poesías, mails, cartas, cosas que jamás debieran haberse escrito) deshacer, manipular, apretar.

Y de apretar va la historia de hoy. Llueve. Gacelo y yo nos metemos en un portal. Pongo mi cara de "me abuuuurro" [Inciso: el 99% de (mis) las travesuras se cometen por aburrimiento o en estados de sopor] En el portal encuentro una abrazadera de plástico. Miro a Gacelo, víctima de casi todas mis fechorías, y le digo que cierre los ojos fuerte, fuerte. Le cojo dos dedos y se los "abrazo", cuidando de que los pueda sacar (no es cuestión de dejarle los dedos como para bendecir, así juntitos) Él abre los ojos. Crisis. "Y ahora ¿qué hago, bobina?" (bobina no es vaca ni hilo, es boba con amor) Pero le salvo, ya que tenía previsto eso. Pero, jo, qué rollo de experimento. Me pongo la abrazadera en el pulgar y aprieto. Aquí entra un poco el rollo reto. Gacelo me mira y yo aprieto más. "Mira, mira, soy capaz de apretarla más, mira, otro punto más" Me duele el pulgar, soy tonta, pero no lo admito. Sobre todo tengo miedo de mí, de mi mente, no tanto de la abrazadera ¿cómo se me ocurren estas cosas?

Contemplo mi obra y decido que hay que actuar o perderé el dedo (no, vale, esto es exagerar, es que quería darle dramatismo) Gacelo se ríe y yo también, pero me río menos cuando no encontramos herramienta para quitarla. Pienso en un cúter, pero mi dedo se esconde, escandalizado con semejante propuesta. Gacelo me deja unas tenazas. Yo flipo. Ni de coña lo conseguiré con eso (mi dedo está preocupado y lloroso, haciendo amistad con la abrazadera) Pero lo consigo. Mi dedo recupera la sangre. Auch (SIEMPRE hay que tener unas tenazas a mano, mis queridos amigos)

Seguí pensando un rato en mis ideas... hay que ver, estoy fatal. Soy adorable y peligrosa. Podía ser peor, creo yo (¿no?) Gacelo me dijo que eso debería servirme de lección. Qué inocente, lecciones yo. Mientras salga viva... habrá una próxima.

lunes, 28 de mayo de 2007

Fui a ver a la doctora Novela. Mi hermana dice que esas cosas sólo nos pasan a los que tenemos blog, para contarlo. Pero no, darling, es que la literatura me persigue, casi más que la política. Dra. Novela, especialidad en alergias: me he rendido (me he vendido)

Me subo en el metro nuevo. Es un metro de aldea. Los preciosos poemas sobre el anonimato del metro, su soledad, su ligoteo quirúrgico... aquí no sirven de nada porque nos conocemos todos. Los cien mil habitantes que conformamos la metrópolis col'ladeña y la aldea sanfernandina no son suficientes. Caras conocidas. Metro de aldea. En mi vagón se suben un montón de estudiantes de instituto con su profesor. Yo le miro y le sonrío. Yo, someday...

Tengo que hacer ejercicios de francés de inglés pero Historias de berlín hace pom-pom en mi mochila. Hago trampas y me voy directamente a la segunda historia porque tengo ganas de encontrarme con Sally Bowles, otra vez. Me quedo con una frase: "Yo soy como una cámara con el obturador abierto, pasiva, minuciosa, incapaz de pensar. Capto la imagen del hombre que se afeita en la ventana de enfrente y la de la mujer en kimono, lavándose la cabeza. Habrá que revelarlas algún día, fijarlas cuidadosamente en el papel" Así se sienten los escritores. Y así me siento yo muchas veces. Yo camino identificando ambientes, personajes, todo es materia literaria: esa monjita de República Argentina, ese dolor de estómago porque son las 11 y no he comido nada, esa recepcionista con micro a lo Madonna y pelo naranja... Yo voy haciendo fotos que revelo o no. Ya sabéis: me fijo con ojos de lechuza.

El hospital al que voy es el San Francisco de Asís. Tiene aspecto de cárcel de la II República o de local de la checa. Faltan las espinas. Bah, es como todos. Lo gracioso es que dentro, pasado el patio, las consultas están situadas en casitas bajas con macetas de geranios. Parece un internado femenino. Está claro que toda mi vida se desarrolla en edificios reciclados, como lo era mi facultad, como lo es la Escuela de idiomas...

Le pido drogas a la doctora, me da permiso para ir a comprarlas a la farmacia (me recomienda que no use navaja en mi transacción) Me dice que por la mañana me eche unas gotas en los ojos y, mientras me hace efecto, me pinte, me arregle, me tome un café... La hemos cagado, 3 de 3. Así que he ido sustituyendo el plan: dar de comer a los animales, hacer té, encender el ordenador.

Vuelvo a casa. Hay tantas historias que vivir...

sábado, 26 de mayo de 2007

Ah, el fin de semana, qué dulce pereza (odio la pereza aunque la sienta a menudo) Entretengamos nuestros sentidos con estos amables parajes que Edryas nos ofrece en Con cara de loser

viernes, 25 de mayo de 2007

Me apetece.

Hacer el imbécil. Cantar sin acento "amado mío, love me forever" y que la gente asienta como en una misa en Memphis, Tennessee. Meter citas en mis speech y que los oyentes las pillen o les gusten sin necesidad de comillas y no saber qué es de quién sin importarnos las autorías, y no pido demasiado, hacer el amor sin muletas. Que no me regañen. Cortarme las uñas. Que no me obliguen a reírme y menos si es para vampirizar mi risa. Acariciar a una perra. Cambiarlo todo, pero sin violencia. Contarle al mundo mi teoría de los hippys de principios del siglo XX. Seguir imaginando con los pies en la tierra. Soñar sin que me reprochen que son sueños nada más. Hacer el indio. Que no me vendan sectas diciéndome que son asociaciones no lucrativas destinadas a mejorar la sociedad: yo ya tengo una secta y vamos de frente. Comprar a Mirko, la cobaya hembra. Que se acepte que no me gusta jugar al ajedrez y se entienda que eso no significa que no me guste el ajedrez. No pensar tanto y a la vez. Ser sincera, pero de verdad. Preocuparme seriamente por la gente normal. Que ningún bufón de la mentira me prohiba hablar de ciertos temas. Que no me regañen. Dudar de todo/s. Que no me prometan nada. Que no me exijan lo que no puedo dar. Que no me pongan etiquetas, por favor, aunque suenen tan bien como "revolución" o "poeta". Que no usen mis miedos como arma arrojadiza. Que no me agredan, y no pido demasiado, escribir en un papel sin tener que cambiar la voz, eso sobre todo, quiero escribir, pero también para mí. Opinar. Pegar carteles con mis ideas, pero que sean simpáticos. Oler a vida, oler la vida. Que me dejen hablar. Explicar mis cosas, por absurdas que suenen. Que dejen de pedirme de eso que no tengo, ¡que no tengo! Llorar sin dar explicaciones. Que no me traten como si fuera tonta, aunque pueda serlo. Leer en silencio. Estar oscura y enfadada y punto. Hacer el imbécil.

jueves, 24 de mayo de 2007

HISTORIA EGOCÉNTRICA EN TRES CAPÍTULOS, versión alegre (III)

En la naturaleza he encontrado buenos momentos. No he visto arder naves más allá de Orión, pero he visto hacerse de noche a las cuatro de la tarde por una tormenta, he visto un bosque respirando vaho, he visto la luz en la espuma de un río, he visto a un río destrozar una roca, con paciencia, como sólo el agua sabe hacerlo, labor de estalactita, de ola de piedra... La naturaleza lo perdona todo, incluso mi orgullo. En medio de todo uno no es nadie y eso, qué curioso, me hace feliz (¿"sucede que me canso de ser hombre"?) Soy salvaje.

No sabía que me gustaba viajar, aunque disfrutaba viajando. Me gustaba fingirme ciudadana de los sitios que visitaba (sí, fui a Grecia y fui Grecia, creía en Apolo y me coroné Atenea; cuando fui a Granada pensaba qué barrio me gustaba más para vivir, croe que donde vivía Ángel Ganivet y en Gijón ya tenía pensado cómo sería mi casa) Con Gacelo le puse nombre: me gusta viajar. Bajábamos una cuesta en Toledo y planeábamos ir a Zaragoza y nos reíamos. Y cada dos meses me decía “why don’t we go…”

Una vez, un compañero de clase me hizo un esquema de la felicidad. Me anotó todas las cosas felices que había en mi vida. Fue un buen esquema, pero luego torcí un poco el gesto. La vida no es un esquema ni yo (como él decía) una amiga imprescindible (qué horror de declaración) Pero era su manera de decirme “y para ser felices, sed felices”

Conocí a una niña que se llamaba Jenny. Nada más conocerla me dijo “¿cómo se llama tu marido?” Yo sostenía el libro de Los tres bandidos y tres niños se me subían a las piernas para verlo. Yo se lo leía. Me sentía útil, no amada, pero me daba igual. Yo era como esos niños, yo tenía ilusiones cuando me dejaban, como ellos. Conocí a sus padres y quise ayudarlos. Me enteré de cosas que no sabía sobre la pobreza. Quise pegar carteles en cada ladrillo para que todos supieran.

Mis amigas Elena y Lourdes vinieron una vez a escucharme recitar. Les gustó. No, mejor, les emocionó, me dijeron que mi poesía era “de la entraña” Fui feliz. Esto era mejor que ser la más rápida del cole. Yo escribía, sí, pero tampoco mucho. Pero esto era bueno, era mío, era yo, eso REPARA muchas brechas de la versión triste. Amor, poesía… ¿no decía eso Juan Ramón Jiménez?

A veces la felicidad se empaña con el pasado (sobre todo), con el presente, con el futuro. Pero permanezco optimista casi siempre. El pasado terminó, no, no hay reparación (apenas), nadie me devolverá lo perdido, nadie me va a pedir lo que no se me pidió hace 15 años… pero terminó y ahora todo puede ser. El presente nace y muere, hoy alergia, mañana besos, pasado muerte, luego amigos, más tarde… Y así llega el futuro, nebuloso, jodido, pero hay motivos (atrás van unos cuantos) para sonreír.

Me doy cuenta ahora de que la versión triste se escribió sola. Con un poco de rabia, con muchos nudos, con tanta necesidad de salir… Para la versión alegre he tenido que reflexionar “a ver, momentos felices, momentos felices” y no sé si ha sido por eso, por el esfuerzo, o, simplemente, por recordarlos, pero… me siento muy feliz. Ya dije que no quería finales tristes en mi historia.

Y aquí acaban estos seis capítulos. Sois mis elefantes, ya sabéis, los que recuerdan. Porque yo, al final, aunque suene mal (me la fly) escribo esto porque temo que nadie me haga una pregunta en la que pueda contestar todo lo que precede y se (me) quede dentro. Lo que me recuerda que tengo que haceros unas cuantas preguntas importantes.

Merci de votre attention. Y por vuesta visita.

HISTORIA EGOCÉNTRICA EN TRES CAPÍTULOS, versión alegre (II)

Lo mío con Gacelo (lo nuestro) fue un tema after hours. Después de haber pasado toda la noche hablando de gilipolleces exquisitas decidimos que éramos maravillosos, tan maravillosos como para darnos el uno al otro. Las 12 de la mañana (al estilo Jorge Guillén), ya no era hora para desayunar, sino para vermut, pero bueno. Descubrimos que entre el asiento del conductor y el del copiloto podía haber 120 kilómetros si la timidez actuaba de guardabarrera. Pero hay locomotoras que… Gacelo me puso delante de mi estantería. Yo lloraba, no sé por qué, porque sí, porque soy yo. Gacelo me puso de pie y me dijo “cuéntame qué libros tienes” Yo le hablé del orden de mis libros, de algunas historias. No vale, Gacleo, jugabas con ventaja, tú ya sabía que eso me pondría alegre. Él me enseñó una gran lección: hay que ser buena persona. Yo le corrompí y le enseñé a ser malo.
De pequeña estuve en Salou y en Mallorca. Yo pensaba que los extranjeros, al entenderse, se entendían en español. Yo no les entendía, sólo oía “was, wo, rei wa”, pero porque yo no sabía inglés, si hubiera sabido inglés pensaba que les podría haber entendido “y el caso es que estaba en mi casa…” Aún no me interesaban las lenguas, pero ya pensaba cosas así.
Uno de mis primeros recuerdos es el piano blanco de teclas azules y rosas (unas cuatro en total) que me regaló mi tía. Era un joyero, pero yo no tenía joyas, así que, en el cajoncito, metía de todo. Encima del teclado tenía un espejo de papel de aluminio que se cayó (o quité, no recuerdo) Lo que sí recuerdo es que a mi hermana le entró en un chicle una pegatina del Abominable Hombre de las Nieves (o un esquimal, quién sabe) y yo la pegué en vez del espejito. En lugar de ver mi cara deformada, veía al Yeti.

Mi amiga Noemí es mi amiga más antigua. Éramos lo más parecido a una pareja de novias. Noemí siempre decía que quería un hombre como yo. A veces bromeábamos: un día ella se cambiaría de sexo para ser mi novio; yo también lo haría y nos encontraríamos en la “esquina de siempre” (nuestra zona de quedar) dos tíos, y uno de los dos tendría que cambiarse de sexo otra vez. Con lo fácil que hubiera sido ser homosexual, joder.

Yo quise estudiar Filología para escribir las partes de atrás de los libros. Eso le decía yo a mi madre. De todas formas, hubo una semana que quise hacer Derecho, pero mi padre me dejó un Código Civil y leí que si unas abejas se escapaban se las podía perseguir por el campo vecino haciendo destrozos. Hombre-colmena-campo no se podía comparar a Kafka-su padre-yo. Al final estudié Filología, pero me di cuenta que la literatura, de fondo, tenía un aspecto que me resultaba muy interesante: la comunicación. Me gustaba ver cómo uno podía decirle a otro algo sin decírselo en realidad, pero entendiéndolo todo el mundo. La comunicación, más allá de los anuncios de teléfonos móviles.

Entre mis días felices encuentro días en que encuentro. Encuentro dinero perdido y me lo gasto en vicios (libros, bebida, comida, discos, chocolate) Encuentro amigos, pero no amigos de esos de una noche (si es que a mí siempre me ha resultado mucho más fácil ligar que hacer amigos y un rollo de una noche me parece la cosa más normal del mundo, pero un amigo de una noche… no tiene sentido) Encuentro un libro que me mira y me dice “tú, yo, tus ojos, mis páginas, ahora” Encuentro esa palabra, la palabra, en labios de otro y yo quiero pegarle porque me pongo nerviosa, apretarle mucho las manos y hacerle daño porque le quiero mucho por haber dicho esa palabra. El amor es dolor, le digo, y no es sado-maso ni una canción de Marylin Manson, pero cuando quiero de verdad a alguien y tengo confianza con él le pellizco, le muerdo, le golpeo despacito los hombros.

miércoles, 23 de mayo de 2007

HISTORIA EGOCÉNTRICA EN TRES CAPÍTULOS, versión alegre (I)

Creo que me cuesta más escribir la versión alegre de mi vida. No es porque no haya momentos felices, sino porque, estúpidamente, lo sé, estos momentos los recordamos de otra manera, más suaves. De hecho, creo que esta historia se puede empezar por el final: cuando llegué a la conclusión de que la felicidad eran una serie de momentos de paz, amor, sin sobresaltos.

Cuando era pequeña tenía la visión trastocada. Aún no era miope, no era eso. Las cosas que veía, las veía a mi modo (ahora también, pero primero las veo de la otra manera y luego las cambio a mi antojo) En el salón de casa teníamos un cuadro de una cacería (perros y ciervos, el mismo que tiene la familia Alcántara, por cierto) En uno de los grandes perros de cacería yo veía un perro, sí, pero su cabeza era parte de su hocico y la mancha negra de su lomo era un ojo enorme en mi versión. Bien es verdad que los cuadros de la casa era de estilo cubista surrealista, pero sin quererlo. Los había pintado mi abuela (bendigo a la vejez que no se interesa por Internet y me permite decir estas cosas) Ella hacía bodegones, pero yo nunca entendía nada “¿Por qué el melón tiene pelos, abuela?” “¡Anda! No son pelos, son las cuerdas para colgarlo” Así, mi mundo pictórico se había llenado de cuchillos con gorro (paños enrollados al mango) y jarras con trenza de india vieja (el mango de la jarra era cerámica gris trenzada) ¿Qué me importaba a mí que el perro pareciera una ballena?

En el colegio era la que más rápido corría, más que muchos chicos. No recuerdo la marca, creo que eran 60 metros en unos 7 segundos. Me da igual. Era la que más rápido corría. Una vez gané una medalla. Eso me daba igual porque a la semana se olvidaba todo el mundo. ¿La fama? Nada de eso, no me importaba. Pero yo sabía que era la que más rápido corría, aunque no me sirviera para nada. Había otras cosas que me gustaban del colegio: los cuadros mágicos donde, realizando una serie de operaciones matemáticas, te daba como resultado 15, y el retrato de Rousseau en el libro de Sociales. Soñaba con ambos.

El río de la aldea era un lugar mágico, siempre cambiante. No era más que una acequia sucia, un río al fondo, una casa labriega y una depuradora. Pero aquello era mío y misterioso e inquietante. A veces iba allí a patinar (las bicis me daban pánico y pertenecen a la versión triste de la historia) y, luego, me quitaba los patines y me adentraba (adentrarse, no me gusta) por los maizales, el campo de trigo (de donde yo cogía granos para mis hámsters), el puente verde y gris, los prados de la Guindalera… Siempre había poca gente (o nadie) lo que aumentaba la sensación de que todo podía pasar. No sé muy bien en qué pensaba, no pensaba en fantasmas ni en duendes ni en ninguna mitología conocida. Eran mis mitos. Y siempre olía a vida, a agua con plantas pudriéndose dentro, a verano. Volví a encontrarme esa sensación en Asturias, algunos años más tarde. Algunas veces paso por allí y lo huelo y lo veo y lo siento, aunque diferente, lo siento: todo puede pasar allí porque es un no lugar, a pesar de su depuradora, su adoquinado, su cascada falsa.

martes, 22 de mayo de 2007

HISTORIA EGOCÉNTRICA EN TRES CAPÍTULOS, versión triste ( y III)

Empecé la universidad y era más feliz. Allí estaban Noam y Celestina y Ana y Rodrigo, que me caía mal, pero me gustaba su historia, y el hijo del sol y el teatro. Aaaaaah, el teatro, punto importante. Yo no soy tímida, aunque lo sea. Yo me atrevo con todo, yo me bañaba bajo los puentes musgosos de Asturias, yo todo lo podía, yo no era tímida, yo me atrevía a hacer cosas… aunque fuera tímida. En la universidad estaban las matemáticas, el valor de las cosas, los profesores no me exigían más, yo cada vez escribía menos y era más inteligente (aunque esté mal que yo lo diga). Me descubrí menos especial de lo que pensaba y me gustó. No en la universidad, pero sí por esas fechas, estaba Gacelo con sus haz lo que quieras y la lógica-práctica, pero esta es una historia egocéntrica. En cualquier caso, a mi alrededor se moría gente aunque su corazón seguía latiendo, había penas, claro, mi mente trabajaba en la tristeza porque era muy experta. Yo era más sencilla, también más simple: casi todo se había decidido en años anteriores, la evolución, aunque incompleta hasta la muerte, estaba finalizándose. No sabía cómo hacer amigos, pero respiraba hondo. Luego fue Cuarto Mundo y darse a los demás y un poco menos de soledad, allí había personas vivas. Esperanza. Comprendí que nada repararía las divisiones de dos cifras, ni la soledad, ni la incomprensión, porque ni yo soy el centro del mundo, ni la vida te devuelve nada que no hayas trabajado (y a veces ni siquiera) Tiempos decisivos para bostezarse el nihilismo. Sencillez, más sencillez. Me daban igual Demian, el Quijote y un poco yo misma.
Actualmente soy feliz (no me gustan los finales tristes, mentira, me gustan, pero no hay que olvidar que esta es mi historia) Odio menos, eso es importante. Callo más, escucho más. Vivo una segunda adolescencia (o primera, según se mire) Tengo miedo, pero sigo atreviéndome con todo, quiero volver a nadar por el Sella, quiero escribir más poemas malos, quiero… descubrir que ser pequeño también es ser, que los nudos en la garganta son parte de mí, quiero volver a escuchar a Bach y no ponerme triste, quiero que no me dé pena la niña que veo en mi pasado, quiero no preocuparme por estas tonterías, tonterías-tonterías y que lo que he conseguido no se me muera en los brazos como tantas cosas deshechas y filtradas entre mis dedos. Qué sí, que al final la depresión es útil y me río de mí misma sin metáforas complicadas ¿Será que he conseguido desterrar la idea de un método para hacer amigos?, ¿la idea del método, en general?
[En próximos días la misma historia, pero versión alegre]

lunes, 21 de mayo de 2007

HISTORIA EGOCÉNTRICA EN TRES CAPÍTULOS, versión triste (II)

En el instituto fui menos infeliz, pero no era feliz. Me inventé una teoría que yo creía muy buena sobre los caminos que simbolizaban la vida, no sabía que ya estaba inventada. También le puse letra a la canción Adelita y resultó ser la misma que ya tenía. Un fracaso. Yo quería un novio para hablar con él, sí, y para besarnos, pero no quería que su concepto del romanticismo (yo seguía siendo adolescente, no nos olvidemos) lo hubiera copiado de una peli. Empezó a gustarme Extremoduro. Yo quería ser un chico. En realidad, eso lo quería desde los 8 años. No sé cómo funciona eso de la identidad sexual, si es tu madre el modelo o qué. No quería ser un chico porque le viera ventajas, es que me veía más chico que chica. Seguía sin saber la mecánica de la amistad y esperaba que algún día todo fuera un poco mejor, pero lo esperaba con más venganza que esperanza: exigía una reparación. Me reía poco, no fuera a ser, se me olvidaba reir, como esas veces que se te olvida mear y llegas a casa después de 2 horas y dices "coño, si yo me meaba" pues igual, igual con la risa. Me seguía aburriendo, pero, encima, me resultaba difícil entender conceptos. Decidí que quería saber cosas de los escritores, no de sus vidas, sino desentrañar cosas como “un carámbano de luna la sostiene sobre el agua” Para mí eran como adivinanzas: eso significa que está muerta. Unívoco. Yo lo entendía así, eran otros tiempos. El hallazgo en mi casa de dos libros me precipitó en esa idea: una antología de Lorca y otra de Kafka. Rarísimo, en mi casa no gustan esos autores, pero allí estaban (es lo único que me ha pasado que atribuyo a la magia) Odiaba que me dieran órdenes. Odiaba mucho, eso mi hermana lo sabe (uy, la bola otra vez) Escuchaba a Bach y leía el romancero clásico medieval. Escribía cuentos con metáforas y símbolos muy burdos y muy complejos (muy malos) Escribía sonetos. Me gustaba la música y hacer bailes, aunque me daba vergüenza hacerlo en público. Pensaba que yo sola me bastaba y lo llamé “independencia” Intuía que algo pasaba conmigo y reforcé la idea de que era muy especial. Escribía pequeños artículos llamados Tonterías, porque lo eran sin serlo, porque eran intimidades de esas de las que uno se avergüenza y dice “bah, tonterías” Fui a Grecia y fui Grecia. Buscaba una receta total, que me sirviera siempre, porque me daba miedo que la historia de mi vida siempre estuviera por escribirse.

domingo, 20 de mayo de 2007

HISTORIA EGOCÉNTRICA EN TRES CAPÍTULOS, versión triste (I)

Esta es una historia egocéntrica. Está mal escrita. Eso me importa un poco, porque soy maniática y un poco perfeccionista. Pero me cuesta hablar de mí estableciendo verdades (eso, creo, es bueno, no hay verdades absolutas) Esto va a ser difícil, pero creo que todos nos vamos a quedar muy a gusto. Y podría hacerlo con una poesía de esas que hace Dani Hache tan bien, pero mi vida es prosa, prosa azoriniana.

Cuando estaba en el colegio no era feliz. Los otros niños me pegaban y me aburría en clase. No sé si en mi expediente (¿teníamos de eso?) ponía algo sobre mi inteligencia, pero los profesores me exigían más, y entonces, me aburría más. Estaba claro que si había algo escrito en mi ficha no era sobre mi psicología, porque yo estaba triste nadie hacía nada. Supongo que no estaba muyyyyy triste. Me exigían más y mi letra era horrible. Fue cuando desarrollé el orgullo zurdo. Vivía bastante deprimida todo el tiempo. Era incapaz de hacer amigos. ¿Cómo se hacía eso? Parecía natural (joder, puta memoria, qué bola en el esófago, ya ves tú) Los niños se reunían y jugaban, ¿por qué yo no hacía eso? Bueno, el porqué no me importaba mucho. Me aburría tanto en clase que anotaba las cosas que pasaban alrededor “las palomas vuelan y se persiguen” Odiaba las divisiones de dos cifras. Me leí La historia interminable, pero todo el mundo había visto la peli. No estaba entre mis planes dedicarme a la lingüística, yo quería ser veterinaria. Aunque algunos animales me daban miedo (todo esto lo cuento para que se me pase el nudo de la garganta, no creáis) A veces me gustaba ser diferente (no era tan diferente, pero bueno, era lo único que me quedaba, la autocompasión, bla, bla, bla) Me gustaba tener un solo amigo cada vez, porque me gustaba la intimidad, decirle cosas que sólo nosotros supiéramos, tener claves, reconocer sus leivmotives. Estaba enamorada de un chico de mi clase, sin fruto, claro. Odiaba la geometría. Con 11 años quise suicidarme, pero al final, como habréis imaginado, no lo hice. Declaré que la adolescencia era una mierda pegajosa y maloliente y me puse en huelga de vida. Decía cosas como “es mejor ser nada porque la nada lo es todo, es la posibilidad de serlo todo”, pero con muy poca gracia y no lo discutía con nadie, así que se me pudrían los pensamientos. me sentía fea porque era adolescente y no me gustaba ir a los coches de choque porque era adolescente y no me gustaba ser adolescente porque era adolescente. Vamos, que no me soportaba ni yo. Un encanto.

viernes, 18 de mayo de 2007

DOS TEXTOS

[Los siguientes textos fueron concebidos por separado, pero al tener la misma temática, he decidido juntarlos y ser repetitiva a la vez]
Nada más levantarme subo la persiana y veo la parte de cielo que me deja el edificio de en frente. "Cielo azul", me digo. "Nublado", y estornudo. Poco a poco he aprendido que mi ventana miente; "nublado", estornudo y, asomándome, giro la cabeza a la izquierda: el cielo está azul, la nube sólo ocupa ese trozo de en frente.
Como dice Silvi, superencontra de los vayaputada. Las ventanas mienten (como la memoria, mema y mentirosa, que todo lo intensifica o lo desgasta), pero más mienten los pesimistas. "No soy pesimista, soy realista", te dicen los hombres grises de Momo. No me cameles porque la realidad es una mierda de color rosa.
La florista se queja porque la naturaleza regala lo que ella vende.
El agente inmobiliario se queja porque, aunque ha conseguido ponerle puertas al campo, no logra escriturarlo.
Los hijos se quejan porque los padres fueron hijos (¿será que los padres tienen hijos ara apaciguar su propia queja de hijos?)
Las niñas se quejan porque, aunque fuman y se emborrachan y dicen hijodelagranputa, aún no han conseguido mear de pie.
El poeta se queja porque ciertos hechos dicen más que mil palabras.
El mimo se queja (con de mime) porque el cuerpo como signo, la supermarioneta, necesita del músico, del bailarín, del pintor, del poeta... y todos éstos forman al dramaturgo.
Los hombres se quejan porque llegaron tarde al reparto de armas (y no le agradecen lo suficiente el regalo a Prometeo)
El arte se queja de ser imagen, sombra en la caverna.
El tulipán se queja de ser bulbo.
Pero el optimista sabe que todo es un poquito gris, hiriente y, por tanto, vida.

jueves, 17 de mayo de 2007

La aurora, de Lorca VS Calle melancolía, de Sabina


La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno

Las chimeneas vierten su vómito de humo

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces


desolado paisaje de antenas y de cables

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados


así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte

por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre


Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto

por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas


soy esa absurda epidemia que sufren las aceras

La aurora llega y nadie la recibe en su boca

Como quien viaja a lomos de una yegua sombría

a los juegos sin arte, a sudores sin fruto

ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama

y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas


a un cielo cada vez más lejano y más alto

porque allí no hay mañana ni esperanza posible

Ya el campo estará verde, debe ser primavera

miércoles, 16 de mayo de 2007

Estoy desordenada, es decir, sin ordenador. Un virus peludo, patudo (como la leche patuda -con música de be Bop a Lula, de Gene Vincent-) se nos está comiendo las placas y los transistores. Ahí se indigeste. A ver si el ordenador en cuestión aprende a no folar a pelo.
Estoy fuente. El polen, dicen. ¡Pero si yo jamás fui alérgica! Era más bien alérgena. Y me vana-gloria-bah de no serlo. The revenge: moqueo y lloro. En parte por eso no pude ir a lo de Peace Avenue: no me aguantaba ni yo. Así que estornudaba en el hombro de Gacelo (él en plan Gaselo y la hasienda hablándome de nuestra casa, oh-lá-lá) Que para una vez que renueva el blog (él, Gacelo) me lo pierdo. El tigre de la pata chula... que no de la zarpa al revés, que es que el tigre está en plan o-sea-que-soy-tigre-grau-grau. Cuando tenga el ordenador bien (o adquiramos uno nuevo) haré fotos y que el respetable público (impúdico) decida si el tigre de tu infancia tiene la zarpa al revés o al verrés. De momento, se puede ver en el blog de Gacelo.
Estoy henchida (juas) Acabo de leer una cosa (no, cosa no, joder, pero provisionalmente... aunque nada más eterno que lo provisional ¿me equivoco?) de Dani Hache, plutoniano. Uah! o ¡aaaaaaah! no sé, pero onomatopéyico y con ganas de aplastarle la cabeza por ser tan bueno (a ver, a ver, aplastarle la cabeza en plan Tyler "quiero destrozar algo hermoso") (venga ya ¿no os dan ganas frecuentes de destrozar cabezas) (es la alergia) (Hache, ya tú sabes que te quiero y tal)
Estoy semifeliz, aunque asustada con el hecho de no tener los típicos exámenes de junio, sólo los de la EOI, que, bueno, sí, y eso, ya, habrá-que-estudiar/aprobar. Pero imagino a todos los estudiantes en plan "tío, tío, que acabo el 24 de junio" (mentira, el 24 es domingo y desde ya os anuncio que os lo vayáis reservando porque es San Juan y lo mismo hacemos un buksolsticio -pendiente de confirmación-) y eso, que no tengo exámenes (muy graves) que afrontar y voy a tener unas largas vacaciones hasta octubre que empezaré a jugar a profes, así que ¿se viene alguien a la piscina? (propuestas en mi mail)
Estoy divertida. Los políticos me hacen cosquillas. Esto tengo que desarrollarlo más, pero no hoy, estoy en la biblioteca de la aldea usando ordenadores públicos... Gran Hermano te vigila (mirada por encima del hombro, cojo mis armas biológicas sitas en mi clínex, porsiaca)
Os leo a todos, pese al desordenamiento y a la impreparación de la portabilidad consultable de mi ordenador (langue de bois)

lunes, 14 de mayo de 2007

[Para mi amiga Bohe, que desconfía de los poemas que hablan de la naturaleza]

Jugamos como gorilas,
nos mordemos el cuello,
nos tiramos del pelo.

En la selva no entra la luz
todo es penumbra en nuestras vidas,
aunque subamos a las ramas altas de los árboles
para comer las hojas
calentadas por el sol imprescindible,
las hojas que comemos
para mordernos el cuello
y tirarnos del pelo
y golpearnos el pecho
reclamando territorios,
hembras,
prioridad en el desparasitamiento.

Entonces los elefantes abren claros,
pasan día tras día creando sendas,
con la fuerza de la rutina
abren claros con agua
donde nos juntamos a beber
todos juntos, variados,
sin tensiones,
todos necesitamos sales minerales.

Nosotros, los gorilas,
tan tímidos, tan vulnerables
pasamos algunos minutos con los elefantes
para que
cuando muramos
alguien nos recuerde.

domingo, 13 de mayo de 2007

COSAS DE LA ALDEA (IV)

INTIFADA COLEGIAL

Mi colegio se llamaba (y se llama) Ciudades Unidas. Un precioso y democrático nombre debido al hermanamiento de la aldea con los pueblos de Bucraa (Sahara), Castelnau le Lez (Francia), Carabayllo (Perú) y Vitoria (Italia) ( y esto en un centro que se llamó Carrero Blanco) Junto a éste estaba el colegio Tierno Galván. Esta es la historia de dos colegios divididos por el odio cuyos destinos sólo podían quedar truncados a base de pedradas.
Todo empezó como empiezan estas cosas, con la identificación. "Yo soy del ciudades, soy mejor que nadie, mi camiseta es roja" "Yo soy del tierno, tenemos un equipo de balonmano terrorífico, nuestra camiseta es amarilla" Como un juego, unos estudiantes insultan a los otros, esto es así. Pasaba lo mismo en el Olivar y en el Miguel Hernández, la sana competición, lo llaman.
Cuando yo tenía unos 7 u 8 años empezó lo grave. El estado de Israel Galván nos quitó un trozo de patio. Nuestro patio era inmenso y, lo mejor, tenía un olivar (¿recuerdan ustedes cuando toda esta zona aldeana eran olivos y olivos y olivos?) donde nos subíamos a jugar. Dejaron tres. Testimoniales. Esto fue tomado como una traición más allá del color de las camisetas. No nos paramos a pensar que en los colegios públicos nada es de nadie y menos el patio.
Al grito de "guerra contra el tierno" los estudiantes nos juntábamos a coger piedras. El recreo de las 11, descanso para el "amaiketako", se convirtió en nuestra intifada particular, sin objeto ninguno, ya que no queríamos recuperar el patio. Lo que nos gustaba era la emoción, el riesgo de las pedradas silbando al rozar nuestras sienes. ¿Puenting? ¿Rafting? ¡Piedring!
El hecho que narraré a continuación es uno de los más vergonzosos de mi carrera como proto-delincuente juvenil. Mucho más que cuando tuve que huir de la policía por el monte de Vicálvaro por un crimen que no había cometido. Era un mágico de recreo de la mañana, yo me había provisto de piedras, pero encontré una enorme, casi más grande que mi odio y mis posibilidades de cogerla. Pero la cogí y, epa, la lancé (si por aquel entonces hubiera sabido lo que era un piedrolari, ahora sería deportista de élite y tendría más puntos en las oposiciones, jodé) con la mala suerte de que rebotó en la valla metálica oxidada que separaba ambos patios. Yo, que medía cosa de metro y medio, no vi la piedra que se acercaba a mi cabeza y me daba en toda la nariz... Mis lágrimas rodaban por el dolor y la tierra que se me había metido en los ojos. Pero tragué saliva: al menos había salvado el orgullo ya que nadie me había visto. Al contrario, mis condiscípulos agitaban su puño con ira contra los vecinos de colegio. Rechacé el ser mártir de la causa y echarle la culpa a algún niño del Tierno. Desde ese momento rechazo la violencia y sé que... quel conerie la guerre!
Por cierto, la valla fue reemplazada por un muro. Un muro que no rebota.

viernes, 11 de mayo de 2007

El problema de los problemas no siempre es el problema mismo. Si pierdes tu trabajo (si es que eso es un problema) el problema no es perderlo, o no sólo. Si tu novia te deja (es sabido que son las novias las que dejan, los novios hacen otras cosas) eso es un problema, pero viene con más cosas. El problema de los problemas es el recuerdo de otros problemas, de otras novias y otros trabajos, de otros fracasos, de otros ¿qué estoy haciendo con mi vida? El primer problema es el más duro debido a la inexperiencia sentimental, pero no tiene la carga que tendrá el segundo, ni el tercero. Así como en un poema nos marca más el último estribillo, así como el poeta usa la anáfora para lapidarnos con una palabra, el último problema tiene el peso de todos los problemas del mundo.

jueves, 10 de mayo de 2007

Se me quedan grabadas palabras, conjuntos de palabras. A veces no sé de dónde vienen. Otras, al rato, lo recuerdo "lo dije yo", "lo dijo Machado"

Recuerdo qué vida tan estúpida de labios de un ser de papel más real que mi vida.

Recuerdo se veía el verano a lo lejos encontrado al azar como otras (tantas) cosas buenas.

Recuerdo que el ombligo es la primera cicatriz (pero no la última) como una bien/mal dición de esas del final de los libros.

Recuerdo sois buena gente pero sin creermelo.

Recuerdo busco sueldo para futuro rescate de versos.

Recuerdo acercarme, hacer-carme, hacer carne y enjuago, en-juago, en juego, en jugo y encima, en la cima, como los winers.

Recuerdo que recuerdo palabras que nadie dijo.

Recuerdo algo así como que la pedantería es una inflamación del pensamiento.

Recuerdo a las vacas mirando al tren. La caca de las vacas, ni una sola i en el sintagma.

Recuerdo que se la llevaron al río por duplicado, un granadino y un vasco. Pero no era la misma, creo.

Recuerdo oublier la poesie, pero no era para no poetizar, era para hablar más claro, para hacer más poesía.

Recuerdo the lonely and the man (Met me, please, met me. And drink me. I swallow with a metal eye, with a Mary's glass. Kill me, please, kill me. I'm hook on the sunshine, I'm hooked on the nightmares. Met me through the bright crows and aim your heart to my chest and kill me, kill me like a rat, like a tender lovely rat. It sounds a softly music, with a spoon I clean my brain. The music stops. Met me wherever I go)

Recuerdo que el mundo es un vampiro enviado para drenarnos.

Se me quedan grabadas palabras, conjuntos de palabras. Y soy feliz al recodarlas(os)
Pero... Recuerdo que si me dejo soy feliz. Recuerdo sin querer recordar que mis líos afectan a otros... También hay hechos.

miércoles, 9 de mayo de 2007

SIENTO CON LOS RIÑONES

Ya los griegos sabían que no se sentía con el corazón sino, probablemente, con el hígado. El corazón está demasiado alejado, allá aislado en su caja torácica. Cuando tengo miedo, cuando pienso en él, cuando quiero llorar, cuando me oprime la angustia... se me agarra a los riñones. Quizá por el hecho de ser mujer lo siento así y, en realidad, siento con los ovarios. Esto me recuerda a un dibujo propio de camisetas en el que una mujer tienen dibujado un corazón en el pecho, o en la cabeza... no recuerdo, y el hombre lo tiene en la entrepierna. Bueno, pues yo siento con los riñones o con los ovarios o con lo que sea que esté a ambos lados del ombligo, hacia los costados.
Cuando camino por la calle suelo ir muy despistada, no me fijo en nada (o quizá sí me fijo, pero en otras cosas) Suelo ir despistada y con el ceño fruncido y seria, como si fuera enfadada, pero eso es por la fotofobia, como algunos ya sabéis. Así que ahí voy yo, andando (tralarí, tralará), ajena al mundo exterior y, de pronto, algo me sobresalta: un coche, un pájaro, algo que no veo pero presiento (y esto es cada vez más frecuente) Entonces mis riñones saltan sobre mis caderas.
Sí, es cierto que el corazón a veces toca jazz, pero eso es a parte de los riñones. El corazón bombea sangre para que pueda huir, pero la adrenalina la segregan las glándulas suprarrenales. Eso o que mi instinto de supervivencia hace que mi cuerpo esconda a mis ovarios del peligro.

martes, 8 de mayo de 2007

Si rastreas en el pasado encuentras viejos papelitos (billetes, los llamaban) o e-mails o comentarios en un blog o cualquier rastro de vida humana. A través de ellos puedes ver cómo las relaciones cambian, cómo los primeros siempre son tímidos y saben a presentación (introducing X): "Hola, soy yo, espero que no te moleste que te escriba..." para acabar llamándose de todo con toda dulzura. Así, como en las cartas a Milena de Kafka, se pueden ir rastreando emociones, momentos y, casi siempre, hay un cambio entre un mensaje y otro, un punto de inflexión, como Kafka y Milena tras su encuentro en el bosque de Viena, en que dejan de llamarse de usted, por ejemplo. Lo malo es que en estas huellas sólo nos queda la intuición ¿dejan de llamarse de usted porque han hablado de lo divino y lo humano o porque se han acostado? En cualquier caso, al leer cosas así nos salen más ojos que los ojos y permanecemos alerta buscando amor, odio, celos... No en vano lo hacemos con los escritos que nos dirigen (siempre que no sean del banco, donde no hay segundas intenciones, ni pragmática, ni cortesía)
Hubiera sido (lo sigo siendo, a veces) una buena detective. He dicho.
Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

lunes, 7 de mayo de 2007

DEMADRES

Mi madre me enseñó una vida fácil, a no planchar los calcetines y a cocinar en 8 minutos.

Me enseñó a no preocuparse demasiado por qué se va a comer cada día, Dios proveerá, si eso, o en todo caso, Internet.

Me enseñó que el silencio, a veces, trae palabras de vuelta, y que casi, siempre, es mejor callar, aunque uno se sepa con razón ya que la V de vehemencia no suele conducir a nada.

También me enseñó cómo llevar ropa conjuntada, pero sin que me inquietara demasiado eso (y de hecho, este ha sido uno de sus pocos fracasos conmigo)

Me mostró que el pescado y las naranjas merecían una oportunidad.

Me demostró que la vida sin chocolate no tenía sentido y que tampoco merece la pena pasarse media hora eligiendo sabor de helado cuando el mejor es, efectivamente, el chocolate.

Yo, por mi parte, le enseñé un par de cosas útiles: el verbo to fuck (que ella pronuncia “fag”) y a cascar un huevo con una sola mano. Pero ella siguió enseñándome y me explicó que no sirve de nada hablar cinco idiomas si no se dice nada interesante en ninguno y que si, al freír un huevo, éste se rompe, se lo tiene que comer el que lo hace. Porque eso es lo que hacen las madres.

sábado, 5 de mayo de 2007

FOTILLOS

Tenía unas fotos perdidas en Con cara de loser y me he acordado hoy de ellas, por si queréis echarlas un vistazo. No son como las de Villajuanita, pero bueno, ahí quedan.

viernes, 4 de mayo de 2007

NUEVA UBICACIÓN

Desde que tenemos la nueva plantilla de Blogger, mi habitual país de residencia (Saint Keats y Nevis) que sonaba tan caribeño, tan fresco, tan espasmódico (ki-ti-ki-ti and neeeevis) ha sido traducido por San Cristobal y Nieves... ¡puaj! Con esto de traducir los países se nos han quedado pocas opciones ¿San Pedro y Miquelón? ¡amos, don't fuck me! ¿Islas Georgia del Sur y Sandwich del Sur? Ni que fuera esto Rodilla. Antigua y Barbuda siempre me ha llamado la atención, pero tienen poco glamour. Así que he optado por ISLA BOUVET, que, por cierto, está junto a las Sandwich, en la Antártida. Sí, señores, en la Antártida, me he vendido al glamour del nombre (bouuuu-veeet, con [v], labiodental, bua, la leshe)

Lo que no acabo de enterarme es de si vamos a ser muchos o pocos. En la Wikipedia dicen que 0 total, no hay habitantes, sólo una base ballenera y una estación meteorológica (menudas fiestas, señores) Pero luego veo que se anuncian hoteles ¿Se ha vuelto el turismo tan friky? Investigando he visto un sello matasellado en Bouvet island ¡hay vida! Aunque la siguiente foto aérea me da mala espina:


Hielo, hielo y más hielo. No, si a lo peor se me deshace el terreno. Y de la estafeta de correos... ni rastro.
La isla es de Noruega desde 1923 (mierda, yo que pensaba que el que descubría un islote, pa él) De momento voy a implantar la Megalópolis madrileña con su Aldea y su Metrópolis col'ladeña (pienso hacer la fiesta de la fresa en el Ejcándalo) (NOTA: Ejcándalo, centro de ocio col'ladeño, tontódromo)
Por lo pronto he podido ver que hay campistas y pingüinos.










También hay juerguistas. Pero me temo que sólo vienen a visitar a los pingüinos, lo mismo una vez al año. Bueno, con eso me vale.
¿Que cambiar el Caribe por un islote de hielo no es un buen negocio? Aaaaah, pero ¿quién podía seguir viviendo en San Cristobal y Nieves, un nombre con tan poco cachet, tan de sacristía?
Ahora, lo que me extraña horrores es que Blogger dé esta isla como "país" ¿Una revolución?

jueves, 3 de mayo de 2007

MERECE LA PENA CON RECETA DE BIZCOCHO

Merece la pena perder las falanges tocando el djembé (¿o era darbuka?)
Merece la pena dejarse medio pulgar con la guitarra ("¿pero dónde está the fucking púa?") Merece la pena (y mucho) dejar la cocina hecha una mierda, como si 300 ciclones hubieran pasado por allí y 200 parejas hubieran hecho el amor sobre el fregadero, sólo por ver cómo la gente (no, no, las personas) disfruta con un bizcocho (receta adjunta abajo)
Merece la pena compartir la manta con un perro.
Merece la pena estarse en silencio diez minutos ("¡que hay más bares!") para escuchar, con guitarrita de fondo, los poemas que ya reconocemos.
Merece la pena robarle horas al sueño para acompañar Five to one siendo muchos más de five.
Merece la pena jugarse el pellejo y casi morir quemados por encontrarse la lobotomía televisiva.
Merece la pena ser feliz.
RECETA DEL BIZCOCHO AL MICROONDAS (con consejos prácticos)
Para hacer este bizcocho hay varias recetas que se pueden encontrar por internet. Yo os doy la mía, lo demás... es investigar.
Ingredientes:
2 huevos
125 grs. de azúcar (yo le echo 150, porque soy muy lambiona -golosa-)
150 grs. de harina (se puede poner la mitad de trigo y la mitad de maíz)
125 grs. de aceite de oliva (igualmente, se puede poner la mitad de oliva y la mitad de girasol)
2 cucharadas de cacao en polvo (ya sabéis, yo le pongo 3)
1 cucharada de levadura en polvo (en su defecto, se puede usar bicarbonato, pero yo aconsejo levadura. Importante, estamos hablando de levadura química, la otra es para hacer pan)
Mantequilla (o margarina) para engrasar el molde.
Lo primero que necesitamos es un molde para el bizcocho. debe ser un molde de corona y de plástico (apto para el microondas) En los chinos y tiendas del estilo venden uno que está especialmente diseñado para bizcochos.
Se baten los huevos con el azúcar y el cacao hasta que esté cremoso.
Se mezcla la harina con la levadura y se añade a la mezcla. A esto, se añade el aceite y se bate (mejor con batidora) Es importante quitar todos los grumos de la harina batiendo bien (subiendo y bajando la batidora) Esta mezcla debe quedar untuosa, como la miel, ni muy líquida, ni muy sólida.
Se engrasa el molde con mantequilla (o margarina) y se pone la mezcla anterior en él. Se mete en el microondas 8 minutos a una potencia de 450W (ya, ya, en mi microondas tampoco salen 450W, sólo 360W y 600W, pero bueno, ya a ojillo, señores)
La masa va a experimentar increíbles cambios en esos 8 minutos, que nadie se preocupe si la masa parece que se sale del molde: cuando creemos que se va a adueñar de nuestra casa, empieza a bajar.
Tras los 8 minutos hay que dejarlo enfriar. No seáis ansiosos y no lo comáis caliente, el dolor de estómago es fenomenal.
Una vez frío, se desmolda (esto es fácil, sobre todo si se ha puesto la mantequilla) A este bizcocho ahora se le puede poner nata o lo que se quiera.
En vez de cacao se le puede poner ralladura de limón, naranja, almendras... Pero esas recetas han de ser probadas en el laboratorio.