viernes, 24 de agosto de 2007

ULTREIA ET SUSEIA

Ultreia et suseia, saludo de los peregrinos a Santiago. Su significado sería "ánimo, más allá, más alto."


Abandonando las heladas costas de Isla Bouvet (actual residencia loser) con sus amicales pingüinos, nos disponemos a poner a prueba toda la ropa Quechua (y algún pantalón del Lidl, todo hay que decirlo) Cargados con cacahuetes con miel y barritas energéticas, sellos, sobres, una guía del Camino pegada con esparadrapo (ya sabéis que no me detengo ante nada), la capa de lluvia que te hace chepa y más del 10% de mi peso a la espalda sé que podremos disfrutar (¡a pesar de todo!) Guardadnos el sitio y, ya sabéis, cotillead lo que queráis por los blogs. Ahora me pregunto, por ejemplo, qué estaría yo pensando el año pasado por estas fechas.

En fin, majetes, nos vamos (¡por fin! que ya nos estábamos poniendo pesados) Espero que nada nos defraude y veros al volver.

jueves, 23 de agosto de 2007

HAIKUS DE LA CIUDAD (IV)

X
El dolor nace
en el momento justo
de ser felices

XI

Estoy mejor,
hoy podría fingir
una sonrisa.

XII
Buscando paz
afilas tus cuchillos.
Gritan los buitres

martes, 21 de agosto de 2007

Al equilibrio, a la elegancia, al homo doctus et facetus y a otros demonios europeos.

Un reino de paz acecha
y la paloma se ha vuelto carroñera.
Un reino de paz sonríe y muestra
sus dientes agudísimos.
Los ojos, todo sangre,
miran asustados los labios, todo mármol.
Un reino de paz acecha.
Ha llegado el reino de la armonía.

lunes, 20 de agosto de 2007

SEIS AÑOS DE GACELO+BONUS TRACK

Miro fotos de Gacelo... cambia las pilas a una cámara sentado en frente del Sena, me mira sonriente encaramado a una torre de la Sagrada Familia, bebe zumo en el Torrent de Pareis, se asoma en el alcázar de Córdoba, se ríe conmigo en la facultad de filología de Salamanca, tuerce la cabeza en Alicante, patina sobre hielo como puede, rema en el Retiro, me coge por la cintura (para no caerse por el mareo) encima de una cama en Gijón, pone cara de duro en el parque Juan Carlos I, posa en el teatro de Mérida, le ciega la lluvia en el jardín de los poetas de la Alhambra, besa a una ranita a los pies de Augusto en Zaragoza, se rié (como un niño tonto, le digo yo) de un indio arrodillado ante la entrepierna de Colón, pone carucha de enfermo en mi cuarto, bebe agua en la Tejera Negra, se pone trascendente y tal en el Bukowski, pone cara de amor y de "¿qué coño?" en la puerta de las cuevas del Drach...


Pero ¿qué tipo de hombre es Gacelo? Gacelo no es pequeño y peludo, ni tan blando por fuera (eh, eh, que fue al gimnasio)


Gacelo es dulce, es un candoroso pill of sugar, pero a mí me va lo amargo y él lo sabe y juega a ponerse café pero nada, no funciona y me da la risa o la desrisa (que es como un enfado pero más histérico y se pasa muy rápido)


Me gusta descubrirle los hilos. "Se te ven los hilos", le digo y él pone caras. Pone muchas caras, pero no se da cuenta y por eso no podría ser actor, porque no es capaz de controlarlas stalivnaskianamente, pero podría ser la muestra para un curso de teatro. Podíamos ir él y yo y que el profesor-director nos pidiera poner caras, yo le diría justo eso que le hace poner justo esa cara y él, de forma natural, la pondría. Así que cuando le digo "Gacelo, que se te ven los hilos" depende de si estamos de broma o no. Si estamos de broma él baja la cabeza con risa y pena y dice "jo" Si no estamos de broma y se lo digo porque ha intentado hacerme daño seguramente acabemos riendo y se nos pase el daño y todo. No, no, que nadie piense que es que intenta hacerme daño a menudo, pero, eh, seamos sinceros, los humanos somos así. Y yo soy más borde que muchos.


El caso es que formamos un buen equipo. Yo se lo digo a veces. Escribimos poemas juntos, aunque no siempre los escribimos, los vamos improvisando. Somos como cebras: no se sabe dónde acaba uno y empieza el otro. Y así también nos defendemos, a veces.


Con Gacelo es complicado, muy difícil aburrirse. Para empezar porque siempre está "diseñando castillos de viento". Me recuerda a Momo: siempre escucha. Uno no sabe cómo, pero se le solucionan los problemas al contárselos.


Me compra helados y cervezas y le gusta que se lo agradezca con sonrisas. Dormimos el sueño de las manzanas y lo archivamos para la posteridad.

Gacelo no es inocente, pero se lo hace, es su recurso animal. De hecho, es más retorcido de lo que hasta yo creo. Lo cual no lo hace de poco fiar ni nada de eso, pero me hace gracia que los demás (los demás que no son de Gamoondra y sus alrededores) piensen que es como un seminarista (eso tiene muchas interpretaciones, lo sé) Básicamente, creo que uno pertenece a Gamoondra en la medida en que se da cuenta de que Gacelo guarda cosas... Cosas que nadie conoce, ni siquiera él. Eso no me da miedo, estoy preparada para todo.


Me gusta cuando se cabrea, no, cuando se cabrea no, cuando se indigna por algo. Mueve mucho las manos. Bueno, mueve mucho las manos siempre, no tanto como yo, de eso sí me he dado cuenta, pero las mueve. Es un gesto que tengo totalmente asimilado: dedos estirados, el pulgar un poco doblado y la mano va arriba y abajo. Es gesto de político, esto no se lo he dicho nunca, lo acabo de pensar. Es gesto de político, pero, claro, ya se sabe que él nunca sería político, eso es de ricos, como ser virgen.


Le toco los rizos de la nuca, cuando los tiene, y le entran escalofríos. Como cuando me como una manzana y me río. Yo sé, porque me lo cuenta todo, que una mano le recorre la espalda cuando ve a la gente comer. Yo creo que le pasa siempre que ve a alguien feliz.


Lo malo es que Gacelo trabaja mucho porque es un chico muy responsable. Yo le digo que no lo sea, que queme algo, pero él sabe que lo digo (casi) en broma. Me gusta, de hecho, que sepa cuándo digo las cosas en broma y en qué grado. Soy demasiado exagerada y, a veces, asusto a los demás con mis comentarios.


Él me dice que tenemos muchos estilos de vida, porque no voy en pack (pack fiestero, pack vida nocturna, pack montañero, pack estudiante...) Él rema, el ríe, él llora, él escala, él corre, él juega, él bebe, él se controla, él odia muy poco y si le tocan. Y si le tocan de verdad él ama, él come (menos pimiento), él se reprime, él habla, él espera (uuuh, espera muchas cosas, te espera a ti, eso seguro) "Tu me manques", aunque te vea práctiamente todos los días. Te echo de menos, sobre todo cuando estás preocupado porque estás en un sitio que ni es Gamoondra ni es este círculo de fuego.


Algún día va a saltar al vacío. Ya lo ha hecho. Sin red, ¿eh? No hay marcha atrás. Ni falta que hace.


Pero, despues de estos seis años que se cumplirán el 2 de septiembre, sigue siendo un misterio. ¿No es genial?



viernes, 17 de agosto de 2007

CARNAVAL SE SUICIDÓ (Tercera y última parte)

"La naturaleza es cruel, al final sólo quedaremos los más fuertes", me dice una voz en mi cerebro. No entiendo por qué el hecho de la supervivencia del más fuerte ha de ser cruel. Es natural, por tanto normal... Normal, como Carnaval ¿no? "Quedaremos"... No, quedan, quedan.

He empezado a hacer memoria sobre mi vida con ella. De pronto hay un montón de huecos que se rellenan con palabras suyas, con su cara, con sus manos... Y siempre esa angustia de saber que eran palabras planas ("Perdona", "sí, espera", "gracias", "no, no, tranquilo") y gestos necesarios.


La madre de Carnaval me dio la foto en la que estábamos juntos. He recordado el día, fue una excursión a unas excavaciones romanas. La recuerdo como calurosísima. Yo no tenía gorra y Carnaval me ofreció su pañuelo, pero me dio vergüenza. Ella no se daba cuenta de que los chicos no nos ponemos esos pañuelos en la cabeza. Nos altaba confianza como para hacer el ridículo con ella. Siempre todo necesario y plano. Carnaval no se daba cuenta de muchas cosas. Por ejemplo, que la gente no siempre quiere escucharte. La he recordado como muy habladora. Qué extraño, hace unos meses apenas recordaba nada de ella. Creo que tampoco se daba cuenta de cuándo se estaban riendo de ella. O era muy inocente o le daba igual con tal de hablar con alguien. Recuerdo otros detalles de ese día. Se me pegó como una lapa... como un perro abandonado, más bien. Sí, creo que me daba lástima. Hablamos bastante ese día, pero después nunca más volví a hacerla mucho caso. Ni siquiera recordaba haberle dado mi teléfono, aunque debí dárselo porque su madre me llamó. A veces le das el teléfono a la gente, sin esperar que te llamen. Luego, te sorprendes de que te llamen, cuando lo normal es que lo hagan si les das tu teléfono. Su madre me llamó para decirme que, haciendo limpia (eufemismo de deshacerse de las cosas de la hija muerta) había encontrado unas cartas que, tal vez, quisiera tener. Me aterró pensar que esas cartas podían ser mías, que se las había escrito a ella y no las recordaba. Y me aterró no por miedo a una enfermedad degenerativa de mi memoria, yo ya sabía que mis lagunas para con Carnaval no se debían a la muerte neuronal, sino a la estupidez basada en varios aspectos y manifestada en otros tantos. Pero para mi consuelo (para mi destrozado sentimiento de culpabilidad) esas cartas no eran mías, sino para mí. Carnaval las había escrito antes de suicidarse, para mí, para un extraño.


Estaban fechadas hacía un año. No decían nada que pudieran augurar el final que tuvo. Hablaban sobre su vida, a modo de diario, sobre las cosas que hacía (leer, escribir, trabajar ), las que le gustaban (el chocolate, el rock de los 50, los animales), las que le dolían (el silencio, la falta de espontaneidad que ella misma sufría a veces) Intentaba buscarme a mí mismo en sus cartas, una referencia a mí, algo. Pero no, era como un legado testimonial de quién fue, sin más. Supongo que ella nos conocía mejor a todos nosotros que nosotros a ella. Era su último acto egoísta: ahora tenía que leerla. Eso o una venganza. Pero no me parecía propio de ella. Pero ¿qué era propio de ella si ni siquiera la conocía?


Y allí me quedé, echándola de menos como ni su familia la añoraba y maldiciendo nombres y memoria. Acababa de recordar que no se llamaba Nuria.

jueves, 16 de agosto de 2007

CARNAVAL SE SUICIDÓ (Segunda parte)

He ido a casa de Carnaval, a dar el pésame a su familia. He tenido que preguntar la dirección. Ellos me conocían y eso ya me resultó raro. No sabían mi nombre, eso sí. En estos días he pensado mucho en la inutilidad definitiva del nombre. Al llamar a la puerta, al abrirla , no he preguntado por Carnaval (porque está muerta) ni he dicho su nombre (¿Nuria?), sino por "su hija". Estúpido del todo. El caso es que conocían mi cara. Su madre me ha hecho un gesto de reconocimiento y me ha dicho "ah, sí, sí, muchas gracias..." "Darío", he dicho yo. Me ha vuelto a sonar estúpido mi nombre en medio de un salón que no estaba de luto, que no olía a luto, con su padre y su hermana mayor en un sofá, tan normal todo. Notaba vergüenza, pero no tristeza; extrañeza, pero no desesperación. Darío, como el enemigo del también estúpido Alejandro Magno. Y algo se me agarra al pecho al preguntarme si a Carnaval le gustarían o no las historias de Alejandro Magno.
Su madre me ha enseñado la habitación de Carnaval. No he entendido esta morbosa costumbre de mostrar las intimidades del muerto. Sospecho que su madre ha pensado que somos... éramos amigos. Miro las paredes de la habitación. Hay algunos carteles de congresos de varias especialidades diferentes: biología, geografía, matemáticas... ¿le interesarían todas estas cosas a Carnaval? Y es el segundo condicional que me asalta en poco tiempo y sobre el mismo tema y cada vez siento más angustia, porque sé que no es un condicional sin más, sino un condicional perfecto (si Carnaval hubiera estado viva...) Perfecto como la muerte. Entiendo la no sorpresa de su madre cuando veo unas fotos mías en una de las paredes. Me sorprendo, yo sí, pero me parece lógico verme junto a otros compañeros de clase y algunas otras personas que no conozco. Corrección: que no he visto nunca. Conocer, lo que se dice conocer, no conozco a nadie. Empiezo a conocer a Carnaval ("perfectamente muerta", me digo) Su madre señala una foto mía junto a Carnaval. ¿Cómo puede ser que no me acuerde de ese día, ni de haber estado agarrándola? Sonreímos. Yo con mi sonrisa de siempre. Ella... ella sonríe con una cara que no he visto nunca, porque sólo ahora me doy cuenta de cómo es... era. Me rebelo contra los tiempos verbales que se me revelan.



miércoles, 15 de agosto de 2007

CARNAVAL SE SUICIDÓ (Primera parte)

Carnaval se suicidó hace tres días. Carnaval no se llamaba Carnaval. Creo que se llamaba Nuria o algo así. Pero es que le gustaban los alias. Nos ha sorprendido mucho este acontecimiento. Y me sabe mal llamarlo acontecimiento. Uno espera con ansias los acontecimientos que te sacan del aburrimiento. Hace unos meses me sorprendí a mí mismo deseando que pasaran acontecimientos, aunque fueran trágicos, sólo por tener algo emocionante (dentro del conjunto de emociones también las hay que nos retuercen las tripas... y no dejan de ser emociones, emocionantes) Por eso, el suicidio de Carnaval no es un acontecimiento.

La conocí en la universidad. Era extraña. Y era extraña no por ser extraña sino por ser, básicamente, normal. No llamaba la atención, aunque a veces creo que lo intentaba todo el rato. No me gusta la gente que intenta llamar la atención. Aunque yo mismo lo intente todo el rato. Carnaval hacía teatro, cantaba, tocaba el piano, algo así, yo qué sé, yo soy un tío normal no sé de esas cosas... Quizá por eso se hacía llamar Carnaval. Eso es algo que nunca supe, ya me parecía bastante tonto que se hubiera rebautizado a sí misma. De todas formas, nadie la llamaba así, sino por su nombre de pila bautismal (sí, Nuria o algo así, no sé, ahora mismo sólo puedo recordar el alias que nunca usé para nombrarla) Así que era un poco... un misterio (que no misteriosa, ya que se la veía venir) porque tenía la vida llena de cosas, podía habernos conquistado a todos, pero... vaya, no lo hizo, el caso es que no...

Supongo que siento un poco de culpa por no haberla hecho más caso. Quizá era eso lo que necesitaba, aunque, bah, quién sabe. Siempre pretendemos saber lo que necesitan los demás. A lo mejor esto ha sido un intento de llamar la atención, pero, bah, eso es otra tontería porque ¿de qué le iba a servir una vez muerta? O tal vez esa vida tan, aparentemente, rica, era ya su intento de llamar nuestra atención. Y de nuevo vuelvo a intentar meterme en la cabeza de alguien a quien no me molesté en conocer.

lunes, 13 de agosto de 2007

42

Cuenta la Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams, que el ordenador Deep Thought (que era un ordenador ensimismado por definición) dio como respuesta al sentido de la vida "42" Para ello tardó siete millones y medio de años.


"—¡Cuarenta y dos! —exclamó Loonquawl—. ¿Es eso todo lo que tienes que mostrar tras siete millones y medio de años de trabajo?
—Lo he comprobado muy minuciosamente —dijo el ordenador—, y ésa es casi definitivamente la respuesta. Creo que el problema, para ser honestos, es que no habéis sabido nunca cuál es la pregunta
."


Así que los exploradores de la raza superior que creó el ordenador han de irse a un viaje fantástico a buscar la pregunta.


Casi siempre que alguien da una respuesta como ésta se intenta conectar el número con la verdad cósmica. Parece ser que el 42 es uno de esos números que participa de varias hipótesis y problemas matemáticos (¿Sabe ya esto Dann Brown?)


Sea o no sea el 42 la respuesta al sentido de la vida, me quedo con lo que subyace a la historia original: a veces lo que nos falta es la buena pregunta (que tampoco es unívoca) Recuerdo una película que vi hace poco. En ella un muchacho se quejaba de no encontrar respuestas, todo por lo que había vivido y luchado no le había servido para encontrar nada. Entonces, el típico sabio y maduro profesor le dice "he ahí el problema, no te has hecho las preguntas acertadas como, por ejemplo, ¿todo lo que has hecho te ha servido para ser feliz?"


Cuarenta y dos o trece, decimal o binario, mi respuesta es un verbo de la tercera conjugación y mi pregunta no termina.

domingo, 12 de agosto de 2007

¿DÓNDE ESTABAS CUANDO EL TERREMOTO?

Eran alrededor de las 11 de la mañana. estaba soñando que iba a comprar empanada gallega. Me había costado mucho dormirme porque por la tarde me había tomado un tancazo de café en el Starbucks (que, por cierto, primera y última vez, por-fa-vor). Empanada gallega y un temblor en muslos y gemelos, coño. Es la primera vez que me he despertado dando un grito, ni en las peores pesadillas he hecho eso. Lo primero que noté fue como si alguien empujara mi cama por debajo. Ya despierta me di cuenta de que era un... terremoto. El cabecero de la cama se movía y yo me sujetaba a la pared. No me parecía muy real, la verdad, así que escuché en la lejanía el resto de sonidos de la casa. Nadie hacía nada, pero la ente tarda en darse cuenta de que el cielo se les cae encima, así que empecé a fijarme en los animales: tortugas, en silencio; peces rebuscando en la grava, normal; pájaros agapornis piando, como siempre. Menos mal que, más tarde, mi abuela me ha dicho que ella lo ha sentido y me han dado la razón en la tele (debe ser la primera vez, hoy ha sido un día de primeras veces) pasado el mínimo susto inicial, sólo pregunto ¿cuándo lo repetimos?

viernes, 10 de agosto de 2007

BALDANDERS

Hace mucho tiempo que andaba buscando este texto de Borges. Lo que siempre me gustó fue el hecho de la metamorfosis, pero no por los cambios, sino por la multiplicidad. Es decir, Baldanders es todas las cosas en las que se convierte, es cambiante y por eso nadie lo puede atrapar. Es un heteroyó inetiquetable, de esos que admiro y aspiro a ser.



Baldanders (cuyo nombre podemos traducir por «Ya diferente» o «Ya otro») fue sugerido al maestro zapatero Hans Sachs, de Nuremberg, por aquel pasaje de la Odisea en que Menelao persigue al dios egipcio Proteo, que se transforma en león , en serpiente, en pantera, en un desmesurado jabalí, en un árbol y en agua. Hans Sachs murió en 1576; al cabo de unos noventa años, Baldanders resurge en el sexto libro de la novela fantástico-picaresca de Grimmelshausen Simplicius Simplicissimus. En un bosque, el protagonista da con una estatua de piedra, que le parece el ídolo de algún viejo templo germánico. La toca y la estatua le dice que es Baldanders y toma las formas de un hombre, de un roble, de una puerca, de un salchichón, de un prado cubierto de trébol, de estiércol, de una flor, de una rama florida, de una morera, de un tapiz de seda, de muchas otras cosas y seres, y luego, nuevamente, de un hombre. Simula instruir a Simplicissimus en el arte «de hablar con las cosas que por su naturaleza son mudas, tales como sillas y bancos, ollas y jarros»; también se convierte en un secretario y escribe estas palabras de la Revelación de San Juan: «Yo soy el principio y el fin», que son la clave del documento cifrado en que le deja las instrucciones. Baldanders agrega que su blasón (como el del Turco y con mejor derecho que el Turco) es la inconstante luna. Baldanders es un monstruo sucesivo, un monstruo en el tiempo; la carátula de la primera edición de la novela de Grimmelshausen trae un grabado que representa un ser con cabeza de sátiro, torso de hombre, alas desplegadas de pájaro y cola de pez, que con una pata de cabra y una garra de buitre pisa un montón de máscaras, que pueden ser los individuos de las especies. En el cinto lleva una espada, y en las manos un libro abierto, con las figuras de una corona, de un velero, de una copa, de una torre, de una criatura, de unos dados, de un gorro con cascabeles y un cañón.
Me dicen que no diga novio, sino compañero. Me dicen que no crea en los rubios, ni en los altos, ni en los que llevan rastas, ni en los surferos, ni en ella. Me dicen que no diga amarillo, sino que matice. Me dicen que no crea en arriba, ni en abajo, ni en dentro, ni en fuera, ni en la geometría, ni en Barrio Sésamo, ni en Sesame Street. Me dicen que no les valen mis matices. Me dicen que no crea en los libros, ni en los DVD's, ni en las pantallas planas, ni en la televisión, ni en los cuadernos, ni en la poesía. Me dicen que no hable de política y que lo llene todo de comodines y sacos. Me dicen que no crea en lo que supongo, ni en lo que creo. Me dicen que no diga lo que siento. Me dicen que no crea en el pasado porque es conservador, ni en el presente porque es frívolo, ni en el futuro, porque es aburrido. Me dicen que diga. Me dicen que crea en las contradicciones, pero no me dejan enseñar las mías.


Estoy dejando de creer y no creer. Pero aún no soy antisocial. También me dijeron que fuera eso.

miércoles, 8 de agosto de 2007

HETEROYÓ

Hay unas doscientas chicas más guapas que yo
con los ojos más felinos
con las piernas mejor torneadas
y siempre alguien "¿tan pocas?".
Alrededor de sesenta agentes que quieren mi muerte
y de dos a tres personas que me defenderían de ellos
(sólo estoy segura de una
pero la cortesía...)
No más de quince personas que saben vivir
mejor que yo.
Una mayoría aplastante de mujeres que
uña a uña, saben tanto de manos
que no las alcanzaría.
Cuarenta poetas modernos
a los que admiro al compararme.
Quinientos ochenta voluntarios más decididos que yo.
No creo que mucho más de cuarenta profesores más motivados.
Veinticinco montañeros con menos arañazos en las piernas.
Toda una comunidad científica sin prisas.
Y yo no puedo dejar de pensar en números
con mis treinta vidas
yo soy todos ellos.

martes, 7 de agosto de 2007

Me gusta que diga MI nombre, cualquier nombre, de todos los que TENGO, uno, cualquiera, o varios, pero YO. Porque SOY muy egocéntrica y esa es fuente de todo mal y toda dicha.


ME gusta soñar con él. Porque a veces no SOY tan egocéntrica. ME gusta que ME saquen del yoísmo con sueños en pantalla grande, con palomitas. Pero ME gusta que diga MI nombre, porque ¿os habéis fijado? se dicen muy poco los nombres. Se dicen las cosas, pero no con el nombre al final o al principio.

No SOY una princesa, mucho menos una princesita. Para ser princesa, de lo que sea, hace falta glamour y ganas. La más barriobajera puede ser princesa, no es una cuestión de nobleza o alta cuna. O lo es, de esa nobleza que nos distingue. "¡Qué distinguido!", dicen, pero es que, en el reparto, a MÍ me tocó el poder de la invisibilidad, no el de que ME distingan. Aún no ENTIENDO -y mira que YO muchas veces la entiendo- por qué Silvi dice que es su súper poder más deseado... Nada más fácil que hacerse invisible. Claro, que quizá a MÍ me parece fácil porque YO lo POSEO. Ella es princesa, YO invisible. Aún así, YO ME distingo muchas veces, y si no ME distingo, nada mejor que acariciarle la cabeza a una tortuga o inventarse una palabra o contarle a Gacelo la historia en que él es el agente Gacelo y YO la señorita Melindra o andar unos kilómetros escuchando al viento.


¿Véis? Al final todo es egocentrismo, pero con todos los DEMÁS. Aunque esté mal que yo lo diga.

domingo, 5 de agosto de 2007

A-SILVESTRE-HADA

Para Pili, la reina de Azuara



Los muros anchos de su casa no se parecen a los de su corazón. Su casa, nacida en otro tiempo, se mantiene en pie, acogedora.




Machado dijo que "son tierras para el águila un trozo de planeta por donde cruza errante la sombra de Caín" y yo me dejo acompañar trazando por ellas pasos y retales de esta vida que sería un poco menos vida sin nuestras palabras . Tierra seca, tierra fuerte, tierra, mi elemento. Y el silencio... que nos dice tantas cosas.



Nocturnos, amaneceres, brisa y su risa. La energía latente de la cadiera me escribe versos. Ella quiere aprender a ser poeta y yo a ser ella porque el cangrejo siempre sabe a dónde va.


Yo soy la asilvestrada y ella... ella un hada silvestre, la reina de Azuara.




miércoles, 1 de agosto de 2007

SÍMBOLOS Y ABREVIATURAS EN TEXTOS ANTIGUOS

Nos quedó pendiente a raíz de la explicación de Marcus Versus sobre el símbolo & (ampersand), otras historias sobre otros símbolos como Ñ o @.


Hay que saber que los antiguos escribanos usaban toda clase de abreviaturas o ligaduras para ahorrarse escribir todas las letras de todas las palabras (cuando hay que copiar las escrituras de 200 conventos o la compra-venta de 300 fincas, se entiende) Una de estas abreviaturas era una rayita encima de diferentes letras. Así, para poner "para" se escribía una "pra" con una raya o lineta encima indicando que ahí faltaban letras. De igual manera, cuando había doble n (como en ANNO) se eliminaba una y se ponía una raya encima de la otra (Ñ) He ahí la ñ actual, ya que doble n se pronunciaba como nuestra ñ actual.


La historia de @ es curiosa. No es más que otra ligadura que servía para representar la preposición latina AD o quizá para la conjunción AT, aunque tiempo después empezó a usarse como símbolo de la medida "arroba". Pero ¿cómo ha llegado a formar parte del lenguaje informático? Ray Tomlinson, en los años 70, estaba buscando un símbolo para separar el nombre de usuario del nombre del dominio en los correos electrónicos. Se decidió por este símbolo ya que no aparecía en ningún nombre común y era muy poco usado en la vida cotidiana (sólo se utilizaba para simbolizar el área en algunos libros de texto antiguos y, como ya hemos dicho, la "arroba", que hacía tiempo que no se usaba como medida de peso)
Es difícil encontrar documentos de estos. En realidad, lo difícil es acceder a ellos, ya que están en archivos históricos en los que te dejan buscar algo si tienes una carta de recomendación. Aunque documentos antiguos pueden verse en cuadros (dibujos de cantorales y misales) o en algunos museos (sobre todo museos catedralicios, donde cuentan con amplios archivos) En uno de éstos últimos es donde descubrí que existe una s alta, parecida a la f pero sin la raya inferior cruzada.
He escrito esto un poco rápido, así que espero que los expertos, Jane Vicente entre ellos, perdonen la somera explicación y los posibles errores.