domingo, 30 de septiembre de 2007

COSAS DE LA ALDEA (V)

EL GATAZO

El gatazo (que no gatillazo) pertenece a la especie Felis catus enormus, es decir, una mutación de un gato doméstico habitual. Además, podríamos añadir a este F. catus enormus el taxón silvestris.
El gatazo vive en un parterre junto a mi casa (sí, de esos parterres mínimos que cuentan como zona verde a la hora de contabilizar el número de parques y jardines del municipio y que lleva a pensar que en la aldea hay kilómetros y kilómetros de zonas ajardinadas... pero eso es otra historia) Los vecinos del gatazo lo alimentan con whiskas (o similares) y le han porporcionado un techo de cartón, una manta y varios comederos y bebederos, de suerte que el gatazo se está poniendo aún más enormus. Si un perro mediano pesa unos 10 kilos, yo calculo que el gatazo debe de andar por los 7 u 8. Su cabeza es como una pelota de balonmano.
El gatazo, además de ponerse fuerte, se está haciendo fuerte cual Pelayo en la montaña. Es sabido que los gatos son un tanto asociales y tímidos, sobre todo los callejeros. El gatazo antisocial es un rato largo, pero tímido... ¡en absoluto! Pasea por sus dominios cual pantera y si un pobre aldeano decide acercarse el gatazo emite un ruido parecido a "jjjiiiirrrrjjjj" y ataca con su pataza uñada. Por otra parte, me temo que tiene poderes psíquicos de control de la mente. Un día que pasaba por allí, siempre atenta a sus movimientos, vi a un joven que decía cariñosamente "hola, gatito, no me muerdas como el otro día, ¿eh? bonito, hola" ¿Qué persona se muestra cariñosa con un ser que ya te ha atacado, arriesgando tu integridad física y tu salud? Pues una que esté hipnotizada. Además de estas capacidades humillatorias, intuyo un poder de telestransportación. En ocasiones, cuando está metido en su caja (cuidada y arreglada por sus súbditos), me atrevo a pararme y observarle. Más de una vez he oído un ruido y, cuando me quería dar cuenta, estaba fuera de la caja en posición de defensa ¿cómo lo hace?
Señor de Zumárraga, conde de Beasaín, duque de Eibar, marqués de parterres y jardines... muy pronto, rey de la aldea.

sábado, 29 de septiembre de 2007

DIVINO SER

A veces pasan cosas (me estoy dando cuenta de que uso mucho la lexía "a veces", será porque comprendo que nada es demasiado definitivo) que nos emocionan hasta el punto de querer perdurarlas en foto, en relato, en poema, en... arte. Lo curioso (y, quizá, hermoso, aunque peligroso) es que todo parece más grande, más emotivo, más desgarrador al verlo en estático. Así, el fugaz beso suena a amor eterno, y la jugarreta se torna declaración de muerte cuando psicología, visión del mundo y expresividad se ponen a trabajar juntos.

Lo malo es cuando se es consciente de esto y se toma demasiado en serio dejando de tomar en serio (irónicamente) lo que se tiene delante (esa foto, ese poema) ¡Se pierden tantos valiosos datos! ¿Cómo saber la justa medida? Pse, ¿es que acaso abemos la justa medida de otro millón de cosas?

jueves, 27 de septiembre de 2007

VELA EN EL ENTIERRO

-¿Y sabe quién es el muerto? -dijo el hombre de traje negro y raya diplomática con sudor en la nuca.

-Pues sí, lo sé -dijo su interlocutor sonriendo con misterio.

El hombre del traje negro resoplaba impaciente. En las películas que su mujer le hacía ver en la tele siempre había entierros lluviosos. Eso de morirse en junio, en plena primavera, era de mal gusto. Se levantó aire y le entró en los ojos polvo de dentro de la fosa que estaba abierta para recibir los restos mortales del finado. Lo que faltaba, polvo de muerto.
-Yo es que no le conocí ¿sabe? Vengo en representación de su empresa, pero nunca nos vimos -se justificó limpiando el polvo marrón de su frente que se estaba convirtiendo en barro gracias al sudor.
-Ya decía yo que no me sonaba su cara -comentó el otro con una enorme sonrisa.
"¿Y este de qué se ríe?" pensaba el hombre de traje negro. Porque al pensar no le llamaba de usted.
-¿Era familiar suyo? -se interesó el hombre del traje negro.
-Se diría que sí -y se le escapó una risita.
El hombre del traje negro no solía ser pasional. Su vida era una perfecta rutina que aseguraba su supervivencia, pero este individuo con el que le había tocado esperar al cortejo le estaba poniendo nervioso.
-Pero, ¿era su hermano?
-Como hermanos.
-¿Su amigo íntimo?
-Intimísimo.
El hombre del traje negro se dio por vencido. Podía quedarse callado sin más, pero su personalidad apocada le obligaba a este tipo de conversaciones absurdas en ascensores, bodas, comidas de empresa y hasta entierros.
-Pues ahora no recuerdo cómo se llamaba. Y eso que me dieron los datos, pero...
-Álvaro García, mucho gusto -dijo el hombre misterioso tendiéndole la mano sin interés.
-¿Eh?... No, no digo el... el... fallecido ¿sabe?
-Sí, sí, el fallecido se llama Álvaro García, soy yo.
El hombre del traje negro se alejó un paso. Los cementerios son nidos de locos, ya lo decía su madre, que vivía junto a uno y no hacía más que ver gente rara y alucinados. El hombre misterioso sonrió con esa amplia mueca y dijo:
-Bueno, todo llega ¿no? No se extrañe de verme tan vivo, no soy una aparición, pero usted espere, que morir hemos de morir todos.
El hombre del traje negro tuvo que decir entre resoplidos:
-Sí, y ha venido a esperar a la muerte aquí, para no coger atasco, ¿no?
-No, no, de esperar nada, yo voy a morir hoy.
-¡Qué clarividencia! -se burló el hombre del traje negro.
-No, mi buen amigo, no soy adivino, soy filósofo, me ocupo de la lógica, para ser exactos.
El hombre del traje negro había escuchado demasiado, pero, por otro lado, no podía irse. La cúpula de la empresa le había dado instrucciones de esperar un cortejo fúnebre en esas señas. Si bien podía marcharse y quitarse al "filósofo" de encima, no era hombre acostumbrado a aventuras ni desobediencias.
-Yo sé muchas cosas -continuó el filósofo -, pero no por la magia, ni por la brujería. La realidad nos da elementos que, gracias a la razón lógica, unimos en nuestra mente para anticiparnos al futuro.
-¿Sí? Pues a ver si me da los números de la lotería.
El filósofo estalló en una carcajada.
-Sabía que me diría algo así. Ya le he dicho que no soy adivino, pero la lógica me dice que si no compra el boleto no le tocará nunca, al igual que me dice que yo moriré hoy y que usted será detenido.
-¿Ah, sí? ¿Eso le dice la lógica? Pues qué bien.
El hombre del traje negro tenía calor, le dolían los pies de estar de pie y se estaba hartando del filósofo que parecía realmente estar muerto ¿cómo es que no sudaba?, ¿cómo es que estaba ahí plantado, feliz, con un clavel en la mano? ¿Por qué le tocaban a él siempre los locos? ¿Y no se le seca la boca de hablar tanto?
-No se haga el desinteresado -sonrió el filósofo-. Yo observo las cosas, observo el calor, observo su traje nuevo que le es incómodo, observo su malestar y me observo a mí y llego a conclusiones. Esto es ya una teoría muy vieja, ¿no la conocía?
"Y encima, pedante", pensó el hombre de traje negro.
-Se cree muy listo, ¿no? Usted no sabe nada de mí -acabó diciendo con enfado.
-No se crea, gracias a la lógica puedo deducir mucho. Puedo deducir, por ejemplo, que no se alimenta bien, ya que está bastante grueso; puedo deducir también que suele cumplir con su obligación aunque ésta sea tan ridícula como venir al entierro de alguien a quien no conoce y, si se me permite apuntarlo, ni siquiera ha muerto.
-Mira -escupió el hombre del traje negro que ya no tenía ningún respeto por el filósofo -, lo que igual no sabes es que me tocan los huevos los listillos.
-Sí, en eso tiene razón, eso no lo hubiera podido deducir gracias a la lógica, pero con un análisis psicológico podríamos haber llegado a esa conclusión. Acumula usted mucha tensión, no hay más que ver la crispación de sus manos y...
Sin más, el hombre del traje negro empujó violentamente al filósofo, con la mala suerte de que este último cayó a la fosa abierta partiéndose la crisma. El hombre del traje negro con raya diplomática se sentó a esperar a la policía. La lógica le decía que todo llega. El corazón, que en otra vida quería ser filósofo.

martes, 25 de septiembre de 2007

Está oliendo (que no huele) a ceño fruncido y a ganas de retar, a Lingüística general árida. Faltan comas a cada paso y se me empequeñecen los pulmones a este ritmo.
Está oliendo a falta de sueño, a falta de cariño o a cariño ostensivo, pero falso, a qué coño de otoño.
Está oliendo a terror pánico en la garganta, a solidaridad mal entendida, a miedo a encontrarnos, a miedo a conocernos.
Está oliendo a confusión demasiado organizada, a mala leche, a sensibilidad y frustración, a qué calor.
Está oliendo a 12 horas de trabajo, a necesito 60.000 euros, que venían a ser 10 millones, a ni de coña, a me agobio, a no merece la pena, a cuerdas rotas.
Pero huele (expletivamente, como todo lo acogedor) a ropa blanca y nueva, a pájaros de colores, a soledad tranquilizadora, a proyectos lejanos, a miedo a lo desconocido (que siempre huele dulce), a innecesario, a jara, a estulticia abatida, a mío, a recuperación.

lunes, 24 de septiembre de 2007

TE QUEDA MUCHO QUE AGUANTARME

Canción dedicada a la dedicación de Gacelo

RE LA
Pienso poco en los amigos traidores,
RE SOL
no me importa que te guste el pop comercial,
RE LA
no me preocupa que se mueran los peces,
SOL LA
¿y qué más da si no sé multiplicar?

No me importa tener dos pies izquierdos,
si tú tienes la pareja de derechos,
no me importan las obras del gas
ni que el Xanadú colapse la Nacional.

SOL LA RE
Probablemente todo eso sea importante
DO LA
pero, lo siento, no puedo ayudarte, ESTRIBILLO
MI DO SOL
no voy a evitarte mis pensamientos
MIm DO SOL
aún te queda mucho que aguantarme.

No me importa que vayan por Matrix 20,
ni que el Potter pierda la virginidad,
no me importa que nos exploten los bancos,
ni comer todos los días lentejas de Litoral.

No me importa jugarme la vida en Vueling
porque el sueldo no nos da pa mucho más,
no me importa que la higiene sea deficiente,
cuando se ama ¿quién piensa en limpiar?

ESTRIBILLO

No me importa si al final plantas la higuera
que prometiste comprar cuando yo muera,
no me importa que la costa huela a corrupción
ni que el petróleo cueste un riñón.

Porque eres la sílaba que le falta a mi haiku,
eres el aire que le falta a Madrid,
eres cada sonrisa sincera y amable,
merece la pena destrozarse por ti.

ESTRIBILLO

LO QUE PASA ES QUE ESTOY TRISTE

No estoy sembrada (Violeta dixit), lo que pasa es que estoy triste. Tengo "la sinfonía de Beethoven en el pecho", palabras textuales del doctor y alergia a casi todas las cosas que me rodean, con lo que me tienen que bendecir con una inyección semanal (eso me pasa por ir al médico a quejarme) No llevo bien el estar enferma porque no llevo bien el sentirme débil. En un test psicológico que hice hace poco me dio un resultado esperable: tengo mucha personalidad y, además, ésta es impositiva, pero, a la vez, soy extremadamente sensible, con lo que todo lo que se tuerce me afecta. Soy una bomba de relojería. Sin reloj. Es mejor este resultado que las etiquetas y etiquetadores (¿reponedores frustados del Carrefour?) que están esperando a colgarte un cartelito.

Pero tampoco es eso lo que me pasa. No es el otoño, no son los cambios, no es el temario de oposiciones, no son mis rotos pulmones, no es la alergia a diversos pólenes, no son las despedidas ni las bienvenidas. Lo que pasa es que estoy triste y nada/nadie tiene la culpa ni la solución. Lo que pasa es que estoy triste, sin más.

viernes, 21 de septiembre de 2007

CUARTETO

Requerida como una porno-star,
mas ni tan bella ni tan reflexiva,
en reflejar, lo vital, estar viva,
la misión de los muertos es calar.

jueves, 20 de septiembre de 2007

CARASCRUCES DE LA VIDA (y II): "Cornuda y apaleada"

Trot, trot, trot... los dedos trotan encima de la mesa. Los dedos como caballos salvajes, rapa das bestas. Salvajes... pero Merce no se da cuenta de la libertad digital (que no analógica), sino de su ansiedad. Va a llamar otra vez a Fran. Sabe que no lo va a coger porque está trabajando, pero lo va a volver a llamar porque sí, porque es su forma de vengarse de esa espera absurda que no conduce a más dinero, ni a más felicidad, ni siquiera a más (totalmente en contra de esta palabra, pero sería un objetivo) poder.


Merce ha hecho risoto con queso, cous-cous, helado, bizcocho, gazpacho y una tortilla porque cocinando entretiene la espera y se relaja. Pero sabe que nunca podrán comerse todo esto. Fran ya nunca tiene hambre cuando llega, casi nunca cena. Se pregunta qué comerá, porque el caso es que la comida de la despensa no tiene salida. Por un momento, la cabeza de Merce se llena de abastecedores, cifras de supermercado, albaranes... Su casa es un supermercado donde la comida se pudre. Acaba de leer Las uvas de la ira y recuerda cómo la fruta se pudre en las carreteras sin que nadie se la coma porque regalarla supondría que el precio bajara. Este es el tipo de cosas que Fran entiende y que ella no entiende y por eso discuten. Nunca han tenido la misma idea al mismo tiempo, ni han soñado lo mismo aunque compartan la almohada.


Vuelve a llamarle. Que se joda. Se sabe egoísta e histérica y le da igual. Ya le da igual. Esto ya sólo va de hacerse daño.


Lidia ha llegado. Pero Merce no quiere ver a ningún amigo. Y menos a Lidia que no es su amiga. Le pone la excusa de la cocina para no hacerla ni caso:


-Mira cómo tengo todo, tengo que limpiar y tal.


-Tía, qué de comida. Joder, tu novio te tiene de cocinera, y encima estás aquí aburrida. Puta y pones la cama, nena.


Merce va a dejar a Fran. Se siente engañada, aunque hubiera preferido que el engaño hubiera sido con una mujer más guapa y menos nerviosa que ella. Se siente culpable por no ser capaz de soportar más, de entenderle mejor, se siente... cornuda y apaleada.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

CARASCRUCES DE LA VIDA (I): "Puta y pones la cama"

6:10 a.m. ("antes de merendar", piensa Fran, y la boca le sabe amarga, la broma le sabe amarga, porque nunca tiene tiempo para merendar) Se tenía que haber levantado a las 6, pero esos diez minutos son su reserva de calma. Eso dice él, su novia dice que no valen para nada, pero es que para Merce sólo lo suyo sirve. Y la boca de Fran se vuelve amarga otra vez.


Arriba. O casi. Fran se arrastra y se unta cinco tostadas con mantequilla. Este es su momento. Y esos diez minutos tarde son los que no le dejan disfrutarlo "Disfrutarlo a tope, como dicen los anuncios". Hay quien tiene cocaína. Hay quien folla mucho. Él tiene sus cinco tostadas del desayuno. Unos cuarenta minutos desayunando. Se afeita en el metro, pero sólo si le toca asiento. Fran siempre piensa que ser joven es una condena porque nadie le cede el asiento. "Esa señora no es tan mayor", se dice para sobrellevar los ojos de fuego de la anciana y, sobre todo, de su hija. Fran se concentra en el mini espejo donde ve cuatro centímetros de su cara y lo va moviendo por su rodilla. Si fuera por él no haría esto en el metro, ni tan a menudo, pero ¿dónde si no?, ¿en el baño de casa?, ¿y perder todo el trayecto en metro haciendo qué?, ¿trabajando? Mejor así.


Llega a su trabajo (eso era de esperar, no sorprende a nadie) Los nuevos edificios de oficinas ya no se hacen en altura, sino en grandes superficies al estilo Alcampo, así que no tiene que pasar el ratito de rigor comentando el ajedrez climático en el ascensor. Fran odia hablar del tiempo, pero es de lo que más habla al cabo del día. Ocupa su sitio y se pone a trabajar.


Fran no sabe en qué consiste su trabajo. El caso es que tiene que ir de traje y afeitado siempre. Y coger el teléfono y decir que un momento. Y sumar algunas cifras, eso cuando no hay que restarlas. A veces suena su móvil, pero nunca lo coge, porque es Merce que le va a pedir que llegue antes cuando ella sabe perfectamente que no puede llegar antes de las 8 p.m. (no hay broma para esto) Y como pasa de líos, porque Merce tiene mucho caracter y él no... no coge nunca el teléfono.


2:00 p.m. Hora de comer, pero nunca en grupo. Han de salir de uno en uno, porque cada uno es valiosísimo e irremplazable, así que si se van dos... catástrofe (¿a que es bonito el mensaje de los próceres de la empresa? Nadie se lo ha creído, pero es genial, nadie lo discute tampoco) Comer sólo es triste pero, sobre todo, es rápido. Quince minutos después, Fran está en su mesa de nuevo. Total, para la mierda de comida que lleva siempre (se la lleva de casa para ahorrarse los 9€ del menú) Se acuerda entonces de un sabor...sabor rico, a pimientos y cebolla, a patatas... ¡un guiso! Pero ¿quién tiene tiempo para eso?


Suma. Suma. Resta. Un momentito. Suma. Suma. Suma. Mear. Resta. Que no, que mañana. Suma. Suma (Fran percibe que suma más que resta pero a estas alturas no se entera de mucho) Suma. Suma (¿Y si en vez de sumar resta...?) Suma. Suma. ¿Resta? (¿...y se lleva una parte?) Suma. Suma (qué contenta Merce con dinero) Suma. Teléfono. Se rompe el encanto. Hoy no va a a robar nada, porque la voz de Dios le acojona al otro lado del teléfono. Sí, sí, sí. No, no, no. Claro, claro, claro. Y le dice que se quede hasta las 8 p.m. Fran no sabe para qué le llama, si siempre se queda. Será para darle ánimos. De pronto Fran se ve en un teatro. Se abre el telón y aparece su personaje (que no es un personaje sino su propia vida) sumando y restando. El jefe entra a escena y la gente aplaude. Le mira a los ojos como Jesucristo a Ben Hur y le dice "quédate, eres importante" El público llora y él se queda, porque está en el guión. Una función diaria, dos los sábados y domingos.


7:30 p.m. Se ha escapado media hora antes. Más de veinte llamadas perdidas al móvil. ¿Por qué se dirán perdidas, si no se pierden, si se quedan ahí diciéndote que llames a tu madre/novia/colega/hijo del que nunca te ocupas? Brillan en la conciencia de Fran, que se ha quitado su única corbata y se ha sentado en el banco junto a la parada de metro para leer bien el mensaje de Merce. Que le deja, que se aburre, que pasa de él, que nunca se ven. Y como nunca se ven, se lo dice con un mensaje, piensa Fran casi riendo. Fran vuelve a su oficina (que no es suya, claro está) y camina los casi trescientos metros que le separan de su mesa. Allí sigue su jefe, que le sonríe al verle llegar, como el padre del hijo pródigo, pero sin anillo ni carnero cebado esperando. Su compañero, con el que habla del tiempo, cambia de tema por una vez y le dice en bajo:


-Cornudo y apaleado.


Pero Fran sabe que él es la puta que, encima, pone la cama.

lunes, 17 de septiembre de 2007

RODODENDRO, PLANTA PRIMAVERAL

Rododendro, susceptible de sufrir plagas o trastornos,
rododendro, planta primaveral,
te vas a morir como todos mis amantes
por la clorosis férrica, la araña roja, la lepra o los hongos.
Rododendro, del griego, apasionado, como todos los mediterráneos,
aunque esté triunfando la fría literatura inglesa,
entre el hielo, una llama luce más que en una hoguera.
Rododendro, plantado en suelo ácido,
tus raíces perforan mi bilis.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Me pregunto qué equilibrio tiene mi memoria
y por qué al recordarte sangran ascuas.

Me pregunto por qué te odio
aunque lo sepa
y por qué usaré el verbo odiar.

Me pregunto si es verdad que soy tan mala
si tengo tanto que hacerme perdonar
y por qué entre asientos rojos
me pongo a llorar.

Me pregunto qué equilibrio tiene mi memoria al pronunciar:

“y si tú quisieras
volver a la Casa Encendida
sentir melancolía en grises paredes.
Reconocer que todo es redondo
escuchando un agua ya lejos, ya lejos”

viernes, 14 de septiembre de 2007

Mi vida se va llenando de palabras feas
como oposición
que es la guerra de intereses
que no me interesan
oposición contra los otros
¡yo!
que siempre quiero estar a/ante/con/desde/en/entre/hacia/por/para/tras los otros
palabras como concurso
que significa competición
unos valen otros no
tú eres guapo tú eres feo
tú tienes la ceja ligeramente desencuadrada con respecto a la nariz
sin respeto, oiga usté
o palabras como estudiar
que nunca nunca nuncadelosnunca
es aprender más de lo que ya sabías
o ya habías estudiado
o ya habías aprendido con un amigo y un poco de dinero
y sé que yo no voy a cambiar eso
que oposición-guerra
concurso-elección
y estudiar-máquina
van a seguir existiendo conmigo y trasmigo
pero mi ego (ese orgullo hambriento)
no me deja que tape nada
y todo seguirá igual
pero si una duda cae a un lago
ésta crea ondas que llegan hasta las orillas.

jueves, 13 de septiembre de 2007

LA SOMBRA DEL SHERPA

Eran casi las 20 horas, y llevábamos allí desde las 17. El Sherpa, ese gurú del francés, estaba cabreado porque habían calculado mal y les iban a cerrar la escuela antes de que pudieran terminar de examinarnos oralmente a todos. Ah, se siente, no haber suspendido a tantos. mis compañeros están deprimidos y desesperanzados. Ya se quejan por quejarse, la verdad, pero con el Sherpa toda crítica es poca.

Yo creía que nunca podría aprobar este examen, ya que en sus clases sólo hablaba él. He pasado dos semanas hablando con franceses, pero cuando uno charla amigablemente no suelta exordios, así que no me vale mucho para el examen. Trago saliva, me toca hablar de los videojuegos, coño, este tema me lo sé yo bien, además es el mismo que me entró en el examen de inglés. No digo nada, las típicas frases comunes, que si los videojuegos no son tan malos (se me olvida decir que desarrollan la inteligencia), que si lo malo es la adicción, que si Internet es útil para trabajar (que se lo digan al Sherpa, que jamás daba clase, te mandaba a Internet directamente)

Yo no entiendo nada: he aprobado. Y yo no sé qué pensar. Llevaba un mes preparándome para el suspenso. El caso es joder, Sherpa.













"Mubuajajajaja"

miércoles, 12 de septiembre de 2007

ACLARACIÓN (porque ni soy famosa, ni me creo perfecta y supongo que siempre daré explicaciones no pedidas)

Efectivamente, hecho probado,
cualquier tiempo pasado
fue peor.
No creo en la romántica imagen
bucólica sin mierda,
ni en las veladas nocturnas a la misérrima luz de una vela
de a real la pieza,
ni siquiera en la vida de los muy ricos
cuyo frigorífico se llamaba "Juli, la criada"
y cuya aspiradora era "Martín, el mozo"
Un mundo en el que respirar era peligroso,
hablar, suicida,
ser mujer, un continuo riesgo de no ser persona,
no puede ser digno de confianza/alabanza.
Y trabajar 10 horas era un lujo,
y que el rico del pueblo no se calzara a tu mujer e hijas
ya era pedir demasiado.
Puestas estas cartas sobre la mesa y bien comprobados los hechos
pregunto:
¿tan mal hemos aprendido?

martes, 11 de septiembre de 2007

Resiste la tentación diabólica
del todo o nada.
No odies al que es cemento, serrín, caliza.
Quizá no soy así como yo creo:
busco algo y acabo vendiendo mi cuerpo.
Quizá no tenga nombre
ni sea necesario que lo llame: vendrá algún día,
callado, de frente, sonriendo.

lunes, 10 de septiembre de 2007

La comedia de divertirse es agotadora. Es un trabajo más en este mundo moderno. Moderno desde el 29 de mayo de 1453, desde el Renacimiento que valorizó los relojes. ¿No véis a la Celestina apremiando a sus interlocutores y hablando con ellos siempre en movimiento de casa de una doncella a otra? El tiempo es dinero. Y empezó la prostitución de la humanidad, que empezó a trabajar por dinero. Y los comensales exprimen las montañas, el mar, la naturaleza, los paisajes de postal, las playas... lo exprimen todo para sacarle un poco de obligada diversión porque hay que divertirse, que para eso trabajas (por dinero, siempre por dinero) tantas horas al día, así que exprime (que no aprovecha) exprime todo lo que te rodea. Y que las 12 de la noche sean la medianoche no tiene sentido cuando te acuestas a la 1 a.m. Claro, no vivimos en cuevas y gracias al progreso del fuego se desarrolló el lenguaje y Babel (que nunca fue una maldición, ni bíblica ni de las otras) Pero cuando el ocio se convirtió en un trabajo que costaba dinero, y se empezó a trabajar por dinero y el Renacimiento, además de las nalgas y los senos, valorizó los relojes, entramos en un círculo de decadencia.