lunes, 28 de enero de 2008

LA PALABRA

Una vez estaba frente al río Tarn, subida a un tablao que montaban a partir de primavera para cenar a la orilla del río. Era abril así que quedaba poco para que inauguraran la temporada. Recuerdo la madera recíen barnizada, olía a pino. Me pregunté si cambiarían de tablao cada año. El caso es que jugaba subida al tablao y vestida de rojo, un rojo que se ve en todas las fotos. No podía esconderme, vamos. Encima del tablao, sufriendo la humedad, intentaba recordar una palabra que, claro, en ese momento no sabía cuál era. Sólo me salía "trampantojo", que no tiene nada que ver. Junto a mí estaba Marengo, que no se llamaba Marengo, pero yo le llamaba así, por su manía de añadir el adjetivo "marengo" a cualquier color. "Tu abrigo es rojo marengo", me decía Marengo. Como estábamos en Albi, yo afrancesaba el alias: "Marengó"

-Sí, hombre -le decía -, es esto que se lee igual del derecho que del revés.

-No sé lo que me dices -me contestaba Marengó. Tenía una forma de hablar muy característica, rápida y juguetona. Era muy juguetón, sí, señor. Parecía un actor de telenovela. Pero no el galán, por supuesto. Quizá la suegra cotilla.

-A ver, es algo así como "trampantojo", pero no es eso.

-Chica, qué rara eres, pobrecito de mí, no sé qué me dices.

-¡Joder! -me limitaba a quejarme yo. Seguía subida al tablao fragante. Daba saltitos pequeños probando la elasticidad de la madera. Se me estaba calando el alma. Había estado lloviendo dos días y junto al río la humedad era demasiada para una chica de secano.

Algunos paseantes tiraban piedras al río. Me acordé de los consejos naturalistas que advierten contra tirar piedras a los ríos, ya que se molesta a la vida subacuática. Y yo seguía con trampantojo en la boca.

Bajé del tablao y me alejé de la orilla del Tarn. Caminé hacia el largo puente que cruzaba el río y desde el que se veía una panorámica de la ciudad de Albi. Son esas fotos que nunca te salen bien así que es mejor comprar la postal en la calle peatonal del pueblo. Además, siempre hay una grúa en la catedral y allí no era una excepción. Miraba todo el paisaje, pero sin detalles, como cuando eres pequeño y pintas con témpera un cuadro. Veía el verde de la hierba el blanco de la tierra, el gris del cielo, el naranja del puente, el rojo de mi abrigo y no había sombras. El pintor de mi cabeza aún no sabía hacer sombras, igual que yo no comprendía la perspectiva. Pero mi pensamiento plano es algo que se puede analizar ne otro momento. Creo que cuando escribo también soy cubista y escribo en un solo plano y le doy la vuelta a las palabras, literalmente, la vuelta, del verrés. Si le pusieran un micrófono a mi cerebro y si éste hablara más claro, podríamos oír estos fragmentos: Se dice igual del derecho que del revés, como un tren que empieza donde termina y el último vagón es el primero cuando vuelve. Porque el lenguaje claro y conceptual es mejor que embarrar con (cita) "no sé qué ropajes" Y se queda mi cerebro recordando algo: "Bajo el ala aleve del leve abanico marchaba el tren con su palíndromo, jugaban las arpas ahorcadas, reían plañideras estúpidas."

¡La palabra!, ¡por fin!, Qué razón tenía Blas de Otero: da igual lo que te falte, mientras te quede la palabra. Mi frágil memoria me asusta, acabaré desapareciendo si sigo olvidando palabras.. Giré sobre mis talones (aunque en realidad girara sobre mis tobillos) Llevaba puestas unas botas de montaña muy incómodas, las que siempre uso cuando llueve para no calarme los pies, que es a lo que más temo en este mundo. La segunda cosa que más temo. Son unas botas pesadas y rígidas, imposibles para correr. Pero ahí estaba yo, corriendo hacia el tablao listo para ser usado por los veraneantesbarralugareños. Dolor de pies, eso siempre, no faltaba más.

-¡Marengó! ¡Marengó! ¡Palíndromo, tío, palíndromo!

Vi un único detalle en el blanco suelo, blanco de azulejo y no de grava de río. Me agaché a recoger esa piedra del Tarn para Isabel. Recoger, no coger (la piedra, como el extintor, te espera a ti) Recoger-piedra-Isabel... Le-va-si-arde-y-pregocer (del verbo pregozar)

4 comentarios:

isabel dijo...

yo descubrí la palabra palíndromo escuchando la ser. antes usaba capicúa también para las letras, ya ves. me gusta que fueras de rojo. me encanta lo de se me estaba calando el alma. y qué es a lo primero que tienes miedo?.

tq

MartaNoviembre dijo...

da igual lo que te falte, mientras te quede la palabra. Mi frágil memoria me asusta, acabaré desapareciendo si sigo olvidando palabras..

Ay, madre mía, Glor, que acabas de desactivar el acertijo que tenía enmedio del salón, y que no me falta nadaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!! La ostia, eres... Bueno, tú y Blas de Otero, ok...

Un abrazote

Juan dijo...

MadamI'mAdam, dicen que le dijo a Eva su Adán. Vivita y escribiendo has de estar, pero no te dejas ver a nuestros ojos; Please, Do come, Venez, Venez, SVP!

josemoya dijo...

Me encanta cómo describes un trance tan común y tan molesto: la palabra en la punta de la lengua...