miércoles, 9 de abril de 2008

ANTIESTOCOLMO

En el cuarto en el que me tenían cabía tumbado, pero no de pie. Me daban pocas proteínas para comer. Eso es algo que, estando secuestrado, no es que me importara, pero la deformación profesional de nutricionista y la locura del encierro no hacía más que repetirme que estaba ingiriendo muy pocas proteínas. Me aburría. Creo que es el peor de los castigos: la inactividad perpetua. Caminaba en cuclillas, pensaba y, a veces, tocaba ritmos en la puerta metálica del chiscón donde estaba encerrado. Pero siempre lo hacía muy bajito, no fuera a ser que enfadara a los jefes. Hasta que me cansé. Además de un buen nutricionista, soy un gran psicólogo y, sobre todo, un tocapelotas. Temiendo caer en la identificación con mis secuestradores (o síndorme de Estocolmo) y en un desesperado intento de que me soltaran o, al menos, de no hacerles grata mi estancia-secuestro, decidí ponerme lo más pesado posible. Golpeaba con fuerza la puerta, le daba patadas durante horas. A veces bajaba el jefe, siempre encapuchado y me decía:

-Bueno, tú, ya está bien.

Yo bajaba los ojos compungido y pidiendo perdón, pero en cuanto se iba me ponía a cantar (y no soy buen cantante) las canciones más estrepitosas que se me ocurrían:

-¡¡¡Ai guant tu brik friiiiiiiiiiiii!!! -decía yo a grito pelado esperando la ira secuestradora.

Si tardaban en bajar arremetía con más ahínco y peor gusto:

-En el andeeeeeén del corazoooooón -que, para más inri, no me la sabía.

Ahora pienso que tuvieron mucha suerte de que Don Omar aún no hubiera tenido éxito por aquellos años en que me hallaba yo privado de mi libertad.

El caso es que terminaban por bajar a mi cuartucho y me pegaban. Pero yo seguí metiendo el barreno del tocapelotismo. En parte, eso me salvó de acabar loco, porque pensando nuevas formas de molestar a mis secuestradores se me iban las horas volando. "¿Canto alguna de Manolo Escobar?", me preguntaba a mí mismo "¿Les recito las mejores recetas de mi abuela?" Todo era armar escándalo, torturar con el ruido y la furia. Cuando se me acababan los recursos y me callaba sé que también les torturaba en ese impás de silencio porque temían que empezara de nuevo.

Un día de tormentoso orfeón uno de ellos no pudo soportarlo más y bajó precipitadamente a mi trastero. Abriendo la puerta de un golpe vi su cara cubierta con una bolsa de un supermercado con logotipo amarillo y verde a la que le había hecho un agujero para poder ver, con tan mala suerte que se le veía toda la cara. No había encontrado su pasamontañas. O quizá las altas temperaturas de julio estaban cambiando sus costumbres. Mi amigo con pinta de astronauta de barrio bramó:

-¡Que te calles ya, hostias!

Me quedé parado de la impresión de verle así tan airado con la bolsa por la cabeza y no pude más que pensar en si era correcto eso de decir la hostia en plural. Salí del ensueño rápido:

-Y si no me callo, ¿qué? ¿Me vas a matar? Pues mátame, cabrón, no se puede vivir con tan pocas proteínas -y eso se lo dije escupiéndole, porque era verdad que me dolía sobremanera las carencias alimentarias.

-No me cabrees, que tú no me conoces.

-Ni tú a mí -le dije y, sonriendo, añadí -aún no os he cantado ni la mitad de canciones que conozco.

El secuestrador puso una mirada calibradora por si era un farol, (que lo era, pero eso él no lo sabía) En su ensimismamiento no vio cómo me acercaba hacia él. Puede ser que no lo viera porque la bolsa se le estaba girando y le tapaba un ojo. Pero me acerqué y le di un rodillazo en la entrepierna (parecido al que mi hijo solía darme cuando me mostraba el cuarto kata que le habían enseñado, ahí decidí que iba a apuntar a mi hijo a violín, pero esa es otra historia) El secuestrador se quedó encogido en el suelo y masculló:

-Hi... jode... pu... ta...

Ni le miré, ya estaba subiendo por la escalera de hierro forjado que sabía comunicaba con el exterior. Pero dijo algo más:

-Te odio.

Yo me volví y le dije chulesco:

-Es mutuo... majo.

2 comentarios:

Henry J dijo...

Juas…
Pero Juas juas juas…

El violín mal tocado es peor que la patada en los cojones (nota para el secuestrado)…
Pero tal vez ese es el plan, joder como desarrollan…

Comooooooo unaaaaaaaaa olaaaaaaaaaaaaaa….

A.V.G. dijo...

Buena escena. Me ha encantado lo de "AI GUANT..." ¡esa fonética de moda! Luego, el final, la frase final concretamente, es hilarante, genial. Esa chulería también me ha gustado.

Besos y ABRazos.