domingo, 13 de abril de 2008

¿HABÍA USTED PEDIDO UNA RACIÓN DE REALIDAD?



Andaba yo ilusionada con una excusión granja-escolar. La unión de las dos palabras resume, así de forma brevísima, las dos partes de mi vida. O de lo que podía haber sido mi vida si, al final, me hubiera dejado llevar de la mano de Ceres, pero acabé siendo profe.

Así que allí nos íbamos felices y adormilados (algunos habíamos dormido 6 horas, los niños bastante menos) hacia Boadilla, donde nos esperaba la "granja-escuela" Bien entrecomillado está, ya que, al bajar del autobús, nos encontramos con que es un club de campo y de hípica para pijos (o sea, no es un falso antro, ¡es un antro!) 

Nos reciben tres monitores energúmenos: Hitler-de-Carabanchel, la Tonta y la Imbécil. Hitler hace que nuestros 31 niños se coloquen en una pared-paredón y les advierte que, si se portan mal, serán castigados. La Tonta no hace más que pegarles silbidos a los críos, como si fueran ganado y la Imbécil les hace todo tipo de recomendaciones estúpidas: no os echéis agua, no corráis, no gritéis... ("esto no se toca niño, con esto no se juega, dame, quita los pies de la mesa, en el sofá no se come, en el salón no se juega..."

Mis 7 alumnos tienen entre 10 y 14 años y están descubriendo el amor (¡cómo viene abril!) lo están descubriendo a base de darse de hostias. Pero la Imbécil no ha comprendido esto y no hace más que echarles la bronca (a gritos). El resto de mis compañeros y yo estamos alucinando. Hitlet-de-Carabanchel se está desgañitando y se dedica a meter prisa a los niños "¡veeeengaaaaaa!, que no nos da tiempo" Pero ¿tiempo a qué? Si no estáis enseñando nada a los niños. Todas las actividades son contemplativas: "mira, un conejo, no lo toques", "mira, una encina, no cojas nada" 

Mis compañeros y yo decidimos actuar y empezar a enseñar cosas a nuestros niños, todo con discreción de cristiano en sus inicios, no vaya a ser que nos pongan en el paredón otra vez. 

Cuando Hitler-de-Carabanchel no nos oye les contamos cómo es el estómago de una vaca, pero cuando se acerca damos silbiditos y miramos al cielo. 

Oigo como la Tonta asegura que le encanta el campo ¿qué campo? Nos han llevado a dar un paseo por el medio de unos chaletes. De pronto me imagino a Hitler-de-Carabanchel hablando con sus amiguitas del barrio y diciendo "sí, yo trabajo con niños en medio de la naturaleza, amo a todos los seres vivos, dejad que los niños se acerquen a mí". 

Uno de los grandes momentos del espectáculo se da en cuanto encierran a los chavales en una habitación sin nada que hacer... 31 fieras aburridas y renegadas (muertas de hambre, además) metidas en un gimnasio donde no se puede gritar, ni pegar patadas a los balones, ni subir por la escalera, ni tocar nada. Ideal de juego dieciochesco. Mi alumna me dice que Hitler-de-Carabanchel está muy bueno. Psseeee, ella tiene catorce años y no entiende que el tío la está tratando como a un perro.

Tras un día estúpido de aburrimiento llega la actividad estrella: montar a caballo. Nada de lady Godiva y su melena al viento, pero algo es algo. Se hace una fila y, por turnos, van subiendo al caballo y, tras dos vueltas, se bajan. Los adolescentes siguen ligando a pedradas, así que me los llevo a jugar a un pañuelo y les interrogo sobre lo que van a hacer esa tarde de sábado.

Si quería realidad, ahí la tengo. Un buen día, porque siempre me gusta pasar tiempo con mi chicos. Un buen día, porque salí pensando que era la mejor monitora del mundo comparada con esos tres esquizofrénicos berreantes. Un buen día, porque he aprendido muchas cosas y he tocado tierra. Un mal día, porque casi todas las actividades para niños y adolescentes están llevadas por un cualquiera de esos que afirma que hace falta mano dura. Aunque ese cualquiera tenga apenas 25 años y no le hayan dado una hostia en su vida. Un mal día, porque esas actividades se desarrollan en lugares donde sólo se mira la velocidad de acción y que los chicos no molesten al resto de usuarios (pijos). 

Conclusión: en verano nos vamos a ir al puerto de la Morcuera en plan freelance, porque juegos nosotros nos sabemos mil. Y respetamos nuestra salud mental y la de nuestros chavales.

Esos locos bajitos - Joan Manuel Serrat

3 comentarios:

El hombre del banco dijo...

Genial, pensé que tardarías más, me alegro de que no haya sido así.

A.V.G. dijo...

Esas fieras y adolescentes hormonados... Habría que darles bromuro para bajar esos impulsos. El resto, seguro que disfrutaste no?.

Besos y abrazos. Nos vemos, nos leemos. A Disfrutar.

copepodo dijo...

¿Por qué a mí siempre me tocó de monitor a Hitler-de-Carabanchel? Tengo envidia retroactiva de tus chavales.