lunes, 5 de mayo de 2008

COSAS DE LA ALDEA (VII)

JORGITO

No sé si se llamaba Jorgito, pero yo le llamaba así. Dos meses de convivencia permiten llamar a alguien como te dé la gana (siempre que no sea ofensivo, digo yo)
Jorgito era uno de los obreros que nos cambiaban el pavimento en mi barrio. Esta noticia quizá os suene de Lo de arriba de mi cama (yo sólo escribo verdades) Pues sí, en un "Especial elecciones", el ayuntamiento decidió repavimentar nuestras aceras, quitando el típico gris con cuadraditos y poniendo el playero blanco y rojo brillante.
Jorgito era de los pocos obreros nacionales y de los más jóvenes. Un pieza. Un obrero en una obra sobredimensionada: ahí trabajaba uno por cada cinco que miraban (como el clásico chiste que contaba mi abuelo Antonio)
Un día, a 100 metros de mi portal, decide ponerse a ligar con las muchachas más tontas del planeta (y no lo digo yo, es que tenían carnet) (vaaaaale, veeeenga, no eran tontas, pasaban una mala racha, ya sabéis) Las chicas están intentando partir un baldosín con una máquina infernal corta-baldosines. Claro, ni flowers de ruptura. Jorgito prepara sus músculos para hacer el trabajo y dejar a las niñas fucsias con la boca abierta. "Lo voy a romper por mis santos cojones". Pero llega el Serio, otro obrero español un poco más mayor que Jorgito y dice "Venga, dejad ya de hacer el imbécil, que mira que sois tontas" ¿Celos?, ¿las niñas fucsias son familia del Serio y está curando su honra? En cualquier caso, a Jorgito le han levantado la caza. Odio en sus ojos.
Horas más tarde, bajo a la calle y ahí está Jorgito hablando con el Abuelo, otro obrero más mayor que, con cara de abuelo paciente, intenta calmarlo. Jorgito declara: "estoy hasta los cojones de que me toquen los cojones, porque le ha dicho que no trabajo a ese, a ese, a ese, a ese..." Todo acompañado de indicaciones de su dedo, pero indicaciones metafóricas, porque no señala a nadie. Es una forma de hablar... o de señalar. Pero el caso es que ha dicho lo de "a ese" unas 10 veces. Yo me voy y no me entero de más. Pero vuelvo, y Jorgito sigue dando la chapa (o la baldosa), pero sin pegar golpe, mientras el Abuelo le da consejos sabios. Oño, Jorgito, curra que yo te vea, que te vas a ir y no te voy a ver esos brazos potentes. Y escucha al Abuelo, que sabe lo que se dice.
"Por mis santos cojones que me oye", oigo gritar a Jorgito según abro la puerta de mi portal. Ay, Jorgito, lástima que tu vocabulario se reduzca a 4 palabras...

5 comentarios:

isabel dijo...

jajajjajajajaajjajaja!
niñas fucsias boqiabiertas
qué me meo


muakalará
te veo in cero coma ná

El hombre del banco dijo...

Claro, como a ti nunca te han llamado Jorgito no sabes lo que se siente :-(

Aunque cuando te llaman Jor no sabes que clase de ente extraño tienes delante.

Violeta dijo...

qué chula tu historia ésta
así como cotidiana

como de Jorgitos
de Serios

de niñas fucsias

:)

Henry J dijo...

Pa que digan que profesiones se pierden...

Y llamarse Jorgito le quita "machismo" al "por mis cojones" no?...

Claro que yo "Adrià Tristán" pues mejor me callo un poco.

Donde encuentro la máquina esa...?

UB dijo...

¿Pero pone fucsias o furcias?