jueves, 17 de julio de 2008

PRIMAVERA EN ALCALÁ

Pasé cinco años yendo a Alcalá de octubre a junio, de ocho a tres (en el peor de los casos). Allí pasaron y no pasaron muchas cosas. Este poema es para esos con los que compartí cinco primaveras en Alcalá mientras nos hacíamos mayores... se supone.
(Escrito en un tren en mayo de 2008)

Sonrosada y vergonzosa, en Alcalá,
la primavera nos cogió leyendo latines
y confundimos las felicidad de entenderlos
con el entusiasmo de ser jóvenes y amigos.
Desde el primer momento la luz parecía verde y musculosa.
Parecía.
El paréntesis de cierre no se veía límite,
se alargaba nuestra estancia en el inocente.
Cúpulas que no servían para nada
junto a paredes blancas cableadas.
Incoherencias con las que hacía mi historia,
¿no estaba lleno de personalidad
ese caserón, Pérez u Ozores los dueños?
Y el semáforo en rojo por favor
que nos dé tiempo a jugar un poco.
Pero eran inventos míos
con mis reglas y mis premios y mis pérdidas.
No jugaban todos, ahora lo veo.

Nadie escribía poesía,
qué extraño.

Y siempre era primavera en Alcalá. Llegó,
llegó
ese instante comprometido, par y último,
primavera en un río ominoso y tímido,
yo jugaba a ninfas bien armadas,
daba un aire de boxeador de las hadas.
Y te reías. Con la cintura.
Entiendo que prefirieras mis carreras
a un pulmón contaminado de delicias.
Espejismo. Una jarra se vacía.

Gris y estúpida, en Alcalá,
la primavera nos cogió leyendo gramática
y confundimos la felicidad de entenderla
con la histérica situación en un patio de hace tres siglos.
“Aquí viviremos algún día”, se decían.
Luego todo se descompone,
yo era el único habitante que veía
allá en la Quinta de Cervantes
los renacuajos en los canalones.

Nadie escribió un sólo poema.
Muy extraño.

Adiós, adiós, te dije arcilla.
Luego todo se ha borrado.
Competición de cortesía,
callar y no por cobardía.
Ya no más juegos de sátiros qué pena,
inundados de una realidad a dos mil euros el metro.

Hoy he vuelto
a la primavera en Alcalá
y he sonreído al comprender con el estómago
que la primavera se cura,
que la primavera termina y vuelve y la construyo nueva como quiero,
que da igual cuánto mida nuestra casa.

3 comentarios:

Irene dijo...

Ah, yo sigo atrapada en la primavera de Alcalá... en el edificio de techos altos y cables mal disimulados...
Me alegro de haber compartido contigo esos cinco años (o cuatro y pico). El otro día pasé por la Quinta de Cervantes y me acordé de cuando os acompañaba hacia la estación; la próxima vez que pase buscaré los renacuajos.
Besos y gracias.

Andrés dijo...

La realidad a dos mil euros el metro -con todo lo que conlleva- es, sin duda, el gran puñetazo de la edad adulta.

U.B dijo...

Este poema es como para premio, o para libro. O para algo.

Me ha gustado mucho:

"No jugaban todos, ahora lo veo".

"Nadie escribió un sólo poema.
Muy extraño".

"Una jarra se vacía".

Y el último párrafo una pasada.


Y que a Alcalá no sé, pero al Retiro hay que ir pronto a marujear. O sea, que antes de pirarte de vacas, avisa.