domingo, 14 de septiembre de 2008

PRÓXIMA ESTACIÓN, LA RAMBLA

Lleva un carrito de hipopótamo de felpa. Ahí no caben más que dos o tres pinturas y algún dibujo, pero se agarra al cofre del tesoro como John Long Silver. No, definitivamente no cabe una botella de ron. Dice a la chica que tiene al lado "mama". Pero se lo dice como preguntando, como pidiendo algo. Su madre le mira atenta, pero él no dice nada, sólo apoya su cabeza minúscula en el hombro de ella. Tiene sueño, deduzco. Sube los pies al asiento del metro y no importa porque es de plástico. viva el plástico, abajo la tela. Me lo imagino dentro de veinte años diciendo "bua, cuando yo era ñajo..." (y la lingüista me interrumpe y me dice si estoy del todo segura de si dentro de veinte años se seguirá diciendo "ñajo") llevaba una mochilita con un hipo, más maja..." Le veo perfectamente sus rasgos de hombre joven sobre sus rasgos de niño, un niño que ya no se apoyará sobre el hombro de su madre y una madre que será un poco más vieja. ¿Y cómo será ese hombre? Guapo, deduzco, a no ser que empiece a fumar antes de los 14 y se le estropee la piel (y la bióloga me dice que eso le sucede sobre todo a las mujeres) Y quizá siga igual de tierno, quién sabe, porque le deduzco a mi hombre-niño una ternura exenta de su infancia, una escultura de bulto que puede transportarse a la edad adulta. No sé de dónde me saco esa certeza, quizá en la forma que tiene de relacionarse con su madre, no exactamente mimosa, sino como un amigo fiel que hoy necesita un poco de ayuda.
"Próxima estación, La Rambla", dice Mari Pili Voz en Off. En realidad, no es la próxima, ya que lo dice cuando hemos llegado.
El guaje coge su carrito hipomochila aunque se sorprende de haber llegado ya "¿Pero ya es aquiiiiiiiii?" Sí, tiene sueño, habla igual que yo cuando tengo sueño. Su madre le advierte de la conveniencia de no atropellar mis pies con su transportín "Los pies de la chica", le dice. Yo le saco la lengua, se muere de vergüenza. Bien, he hecho contacto ocular y bromístico. Mira mucho mis pies, quizá crea que los ha atropellado finalmente o se pregunta cuánto podrá apurar el paso sin pasarme por encima sus tres pinturas, su dibujo y su peluche.
Adiós. Así comencé la amistad esporádica y promiscua.

10 comentarios:

U.B dijo...

No soy muy niñera, para qué engañarnos... pero a ése me lo como con patatas.

periploca dijo...

Le has bautizado ya? es curioso por que los adultos siempre sacamos la lengua (o giaul somos solo nosotras?), que es precisamente lo que no te ensenian tus oadres (tecladoo barbaro hoy) Si puedo escoger, y asi sin verle, le llamo Jorge, ok?

Alf. dijo...

un carrito de hipopotamo de felpa? que mente idearia algo así. es encantador

Gloria dijo...

Tenía más bien cara de Luis.

No sé, Alf, no sé quién inventa eso. Los del Toys'R'us o algo. Yo no, te lo juro.

isabel dijo...

maripili vozenoff y las interrupciones de la linguistica me parece muy gloriagiliano. el otro dia me llevé tu-mi bufanda a la noche en blanco. y tuvo mucho éxito. creo que te van a llover ofertas....


mua!

isabel dijo...

maripili vozenoff y las interrupciones de la linguistica me parece muy gloriagiliano. el otro dia me llevé tu-mi bufanda a la noche en blanco. y tuvo mucho éxito. creo que te van a llover ofertas....


mua!

copepodo dijo...

"Próxima parada: La Rambla". Creo que nunca me acostumbraré a eso. Sigue sonándome a ciencia-ficción.
¿Debo entender que hay más encuentros con el niño de la mochila de hipopótamo?

gsus dijo...

jodol, si como dice x ahí la pq
muy gloriagiliano

pero a mí lo que ha hecho saltar como un resorte es lo de ñajo
porque hacía como 15años 7meses
y creo que 24 días que no lo oía

fue sustituida vilmente x lo de "cani"

y vamos, dónde esté ñajo.

x cierto por qué ha sustituidos y sustituidas y no sustitucuerdos o cuerdas, ya, pero este es otro tema.

bso,
prof

josemoya dijo...

Tampoco yo escuchaba esa expresión "ñajo" desde hacía mucho tiempo. ¿Se conserva en SanFer? En cualquier caso, mucho menos cursi que el "peque" consagrado por TV y publicidad.

Andrés dijo...

En gallego decimos 'cativo' (niño de corta edad), curioso término que tabién designa algo cutre, a alguien privado de libertad o a quien se encuentra fascinado por los encantos de otro.