lunes, 6 de octubre de 2008

Simplicissimus

El hastío vital, ese cáncer o mal atávico de algunas de las vidas que he vivido y vivo ("qué vida tan estúpida" tal y cual, tan traído y llevado en bocas de féminas novelescas)
¿Soluciones? Múltiples, y me las sé todas (llevo haciendo estos mismos deberes desde los 11 años, sin pasar de curso) Contundencia, me han dicho hoy, como el rock and roll. Sí, quizá eso es lo que me falta: rodearme de contundencia (que a mí me sobra)

Muchas soluciones (la técnica de la podadera y todo de raíz, la del discurso convincente -esta precisa un auditorio que te quiera hacer caso-, la de ámate a ti mismo como amas a los demás y viceversus...) Aún estoy decidiendo cuál escoger. Si lo único que quiero es ser feliz... ya ves tú... y lo fácil que es, putain. Un post-it... sólo un post-it en el sitio adecuado, un mensaje no necesariamente de texto, una sorpresa no esperada (¿las hay que se esperen? oh, sí, ya lo creo), un... lo que sea... pero es que... sigue tú... yo ya... me rindo.

2 comentarios:

Andrés dijo...

No, por favor, no te rindas. Es un placer (sórdido/sádico/poético) ver cómo te convulsionas frente a la vida misma. Y, ya en frío, pido disculpas por ello, pero no me retracto.

U.B dijo...

Uno debe amarse a sí mismo sobre todas las cosas. O uno deja de ser uno. Es la pura supervivencia.