viernes, 31 de octubre de 2008

CANTOS RODADOS (V)

13. Los narradores autobiográficos se hallan a menudo en la disyuntiva de elegir entre ser fieles a su historia y, por tanto, a sí mismos y ser fieles al entretenimiento de su público lector.

14. Tenemos ya suficiente circo: ahora esperamos ansiosos el pan.

15. ¿Cómo hubiera sido encontrarse a las Vanguardias realmente vanguardistas allá en los años 20 y 30?

martes, 28 de octubre de 2008

POEMA DE ÚLTIMOS VERSOS

Y recuerda que como coja la puerta
me la llevo,
que bajando y subiendo, en algún punto nos encontraremos,
pero hoy voy ascendiendo.
Cuando te has decidido a venir
has encontrado el vestido de novia muerto
y la despensa saqueada por los gatos
y a los gatos saqueados por las ratas
y las ratas acosadas por las moscas
conservando un orden socio-animal inamovible,
como amurallados son tus párpados
y recuerda que párpados y pestañas
no sirven para proteger,
sino para esconder avestruz.
Quédate gritando "¿alguien me oye?",
pero hazlo en silencio.

viernes, 24 de octubre de 2008

DO

Practica ese juego ameno de ser tú
al menos cuatro veces al día,
pero nunca al levantarse. Se aconseja
que sea siempre antes de merendar o el meridiano
te coje por los pelos (ha habido casos)
Coméntale al sofá que le abandonas
y juega al poker echando órdago cada tres risas.
Gira sobre ti mismo sin moverte demasiado, no te pierdas
ni una mirada, ni un secuestro espontáneo de ojos voladores
(que te veo, que te veo)
y echa la cabeza hacia atrás siempre que puedas, coge ángulo,
proyecta tu futuro en el presente.
Vive el cielo.
Hazlo.
Practica el yoísmo con todo el que puedas.



domingo, 19 de octubre de 2008

VIOLENCIOS

Te lo imaginas austriaco y un poco judío sólo porque toca el violín, de igual manera que siempre imaginamos rumano al acordeonista y mujer al arpista (y ahí está Harpo Marx para demostrar lo contrario, que además de ser un gran ideólogo, tocaba el arpa, a más de la bocina)
Lo malo de vecinarse con un músico es que no atiende a peticiones del oyente y repite, repite la misma pieza hasta que ambos la conocéis a la perfección. Te dan ganas de subir y decirle "oye, majo, ¿me haces tú el cuadre de fin de mes?, ¿no? Pues yo tampoco quiero aprenderme el dueto de Mozart KV 487" Y eso de "KV" te hace sentir importante. Tú sabes por qué.
Pero otras veces te anima el día. Cuando estás en casa intentando dormir esperas a que suene su melodía e intentas adivinar si está triste o contento, aunque no por lo que toca (imaginas que siempre son tareas impuestas y que no suele elegir) sino por cómo toca. "Hoy le duelen los dedos", te dices. Has intentado descifrar en su música si es hombre o mujer, joven o viejo. Pero no eres tan hábil (a pesar del detalle "KV") Te gusta pensar que es joven, de no más de 30 años y hombre, por supuesto, tímido y de pelo ralo. Claro, es violinista.
Asomado a la ventana esperas que empiece a tocar. Hoy le has visto un codo, el del brazo que sostenía el arco. Estaba quieto sobre el violín, poniendo resina a las cuerdas. Sólo un codo, pero lo has sabido: es mujer, y muy brava. Porque no es un violín lo que toca, sino una viola.

viernes, 17 de octubre de 2008

Ya no recuerdo
quién fue el que me enseñó a distinguir nimbos de cirros
y yo siempre enamorada de estos detalles
lo amé mostrando mi baza
(un poco de mitología bajo el plano de las estrellas
es un chapeau en la primera cita no preparada)
Ya no recuerdo a quién conté
el argumento de Giselle
y él, torpe y cumplidor, me puso ese nombre. Pobrecillo.
Ya no recuerdo qué amor medía uno ochenta y uno,
cuál pesaba sesenta y cuatro kilos,
quién dormía con un tanque entre las sábanas.
Seguro que ellos no diferencian ya
mi Pólux de su melena,
mi prosa de su cintura,
y ninguno recuerda, seguro,
el golpe de efecto último,
el consabido juego del ahora o nunca en el abismo ¡salta!
(llámese coche, cama, hierba)
Pero ¿y si recordaran al menos como yo ahora?
Imposible, no,
ellos no escribían versos.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Las calles todavía,
aunque se empeñaron en borrarlas,
conservan las huellas de su estado mítico.
Los hombres todavía,
aunque se empeñaron en borrarla,
usan su intuición persiguiendo esas huellas.
Subidos a promontorios,
lo que el urbanismo llamó miradores,
dominan la parte alta de la ciudad.

Y a las siete de la tarde
ocurre el milagro del conocimiento.

Los hombres olfatean el aire rosado
y lo calibran
y saben con su íntima sapiencia
que llega la primavera
independientemente del mes que sea:
dentro
es algo más antiguo que el ángulo solar.
Los hombres llevan grabadas en su esqueleto
el recuerdo de las calles que buscaron
y agradecen la caricia de la tierra
que los llama a cada uno
por su nombre verdadero.





lunes, 13 de octubre de 2008

TUBA MIRUM

No hace falta creer en la resurrección
para saber que una tuba resplandeciente nos llama,
que toda criatura se alza
y cae
y va a su juicio
y responde.
¿Quedarás tú reducido a cenizas?
¿Por fin darás que hablar
o sigues esperando un hecho admirable
más allá de nubes a la carrera,
de la trompera brillante que nunca oyes?
Todos los sepulcros rotos
y en cada uno una flor despidiendo a la muerte.
Es la era de las novedades consabidas,
lo que nunca estuvo escondido se mostrará,
reunidos todos mirando el hueco que deja en nuestros cuerpos
el alma huida.


viernes, 10 de octubre de 2008

ENCONTRANDO

Lo que siempre quise hacer quizá no era
construir barcos y meterlos en botellas
o escribir en las paredes grafitis ingeniosos
y por eso iba buscando acción en esos actos
válidos y curiosos, pero muy ajenos.

Llegar al punto de no reconocerme y gustarme,
llegar al punto de temer haber cambiado a mejor,
temer, como siempre, como todos, haberlo tenido,
tenerlo hasta cuándo.

Lo que siempre quise hacer era ordenarme
en este sacerdocio delicado,
actividad plena de sentido
donde una cara no es igual a otra
y ya da igual qué palabras elijas
mientras acaricies la cabeza adecuada
con algo de fuerza y seda entretejidas.

miércoles, 8 de octubre de 2008

CONVERSACIONES EN LA TERRAZA (XIV)

-¿Sabes, Peter?

-Evidentemente, no, no sé.

-Pues hagamos que la evidencia desaparezca y que sepas, al fin.

-Sin estar de acuerdo del todo, no rechazaré tu sugerencia.

-Bien me parece.

-Me parece bien.

-Así, pues Peter, lo que no sabes es que nunca hemos hablado de mujeres.

-Ni siquiera sabía que podíamos.

-Creo que en algún libro de Sócrates él mismo afirma esta posibilidad.

-¿En qué libro de Sócrates, Matt? Jamás escribió ningún libro. Ya sabes que él no confiaba...

-Peter, no te pongas pedante, que no te va.

-Lo sé, Matt, lo sé... Pero por una vez me gustaba la sensación de saber algo.

-Cada cual en su sitio y el villano en su rincón, Peter. En fin, amigo estimado, el caso es que estoy enamorado.

-Ni en un millón de conversaciones en la terraza hubiera imaginado esto, Matt.

-Ya, Peter moteado de las nieves... Algo está cambiando.

-¿Y cómo se llama el ser donde depositas tu amor?

-No lo sé. No me lo ha dicho.

-Oh, ya veo, se trata de un amor platónico.

-¿Pero no seguíamos a Sócrates?

-A mí no me mires, Matt, yo soy el ignorante.

-Yo no sé nada del amor, Peter, sólo puedo decirte que ella, mi amada, no me ha dicho su nombre.

-¿Pero acaso os conocéis en persona o ella es de material de sueño?

-Pero ¡cómo! ¡claro que es real! Lo que pasa es que es muda.

-Oh, ahora todo encaja. ¿Y cómo conseguís comunicaros?

-Lo sobrellevamos como podemos. Pero es todo muy confuso. A veces ella me enseña un puño y no sé si es que quiere pegarme o es que me dice la letra A.

-Muy triste esto, Matt. Porque no se puede confundir un puñetazo con una A. Perderás oportunidades de que te zurre con esa ignorancia.

-Lo sé, lo sé. Pero la amo tanto...

-Pero si no sabes su nombre ¿cómo haces para dirigirte a ella?

-Le tiro del bajo de la falda. Así ella sabe que la estoy llamando.

-¿Y si está lejos?

-¿Y para qué querría, piensa un poco Peter, llamarla si está lejos?

-Para que venga hacia ti, supongo.

-Si está lejos no tiene que venir, si está lejos lo que tiene que hacer es alejarse más y ser libre.

-Qué bonito hablas, Matt.

-En todo caso, carísimo Peter, no le veo futuro a nuestro amor.

-No me digas eso, que soy muy sensible.

-Ya sabes que el amor es una urna de cristal. Pero no como las urnas de las elecciones, no por cierto, así no. Mucho más frágil.

-¿Más frágil que las elecciones? Qué terrible es el amor.

-Pero no muevas la cabeza apesadumbrado, Peter. Ella es demasiado buena para mí.
-Seguramente, Matt. Tendrías que buscarte una mujer sorda. Seríais muy felices.

lunes, 6 de octubre de 2008

Simplicissimus

El hastío vital, ese cáncer o mal atávico de algunas de las vidas que he vivido y vivo ("qué vida tan estúpida" tal y cual, tan traído y llevado en bocas de féminas novelescas)
¿Soluciones? Múltiples, y me las sé todas (llevo haciendo estos mismos deberes desde los 11 años, sin pasar de curso) Contundencia, me han dicho hoy, como el rock and roll. Sí, quizá eso es lo que me falta: rodearme de contundencia (que a mí me sobra)

Muchas soluciones (la técnica de la podadera y todo de raíz, la del discurso convincente -esta precisa un auditorio que te quiera hacer caso-, la de ámate a ti mismo como amas a los demás y viceversus...) Aún estoy decidiendo cuál escoger. Si lo único que quiero es ser feliz... ya ves tú... y lo fácil que es, putain. Un post-it... sólo un post-it en el sitio adecuado, un mensaje no necesariamente de texto, una sorpresa no esperada (¿las hay que se esperen? oh, sí, ya lo creo), un... lo que sea... pero es que... sigue tú... yo ya... me rindo.

miércoles, 1 de octubre de 2008

QUINIENTOS-NOVECIENTOS

Tú formas parte de la historia
cuando tocas las piedras milenarias

o bailas en un local de hace veinte años
en una triste pero incesante corriente.

Algo insensato nos empujó un día
a salir de esta meseta inmensa y aterida
y en los barcos se confundían
poetas, bandidos, asesinos, frailes,
aventureros todos,
nada que perder,
quizá el alma dura y amarilla.
Y así pasamos a la edad de los relojes
donde oro y minuto eran lo mismo
y acabamos como una hoja flotando
en el líquido inflamable de los ismos.
Los que conocían soluciones se callaron moviendo la cabeza,
los otros, neorrománticos, gritaron lo que pudieron
mezclando historia, arte, pulmones, excursiones por los cerros.
Algo ha empujado desde siempre
a moverse del lugar de nacimiento,
a veces el valor de un hombre
se mide en su capacidad para irse lejos.
Acabó todo en paréntesis
con alguna orgía
y aquí nos vemos, cero-cero,
idénticas miasmas de polvo
a través de siglos
que empiezan y terminan cuando pueden.