martes, 20 de enero de 2009

WATERLOO

I was defeated, you won the war

Waterloo
, ABBA

Cuando me dijo que le costaba enamorarse de nuevo lo primero que pensé, y que cualquiera hubiera pensado, por otra parte, fue "espera a enamorarte de mí" Pero, claro, no todo el mundo se enamora tan rápido como yo. Me resulta más fácil creer en el amor que en cualquier otra cosa. No sólo sé que existe, sino que lo veo uno y trino. Por otro lado, yo estaba completamente epatado por culpa de esa mujercita que aseguraba que, por el momento, no había conocido el amor de verdad más que una vez.
¿Pero qué es el amor de verdad?, me preguntaba yo. Yo me había enamorado siempre, todas las veces. daba igual que hubiera durado poco: yo lo llamaba amor verdadero. Si me sentía atraído por una mujer, si quería pasar tiempo con ella y saberlo todo de ella y que ella lo supiera todo de mí, yo lo llamaba amor. Pero se ve que hay gente muy fría que no siente eso cada vez. Qué angustia.
En todo caso, nunca había dejado de sentir el amor como una guerra, como el amor cortés del siglo XV donde el enamorado rendía pleitesía a su dama-señor y pretendía escalar a su inexpugnable castillo. Y quizá mi amada, que no se enamoraba nunca porque, quién sabe, estaba enamorada aún de otro o porque había perdido su capacidad para perder la cabeza, el sueño, el hambre y el alma, quizá ella, digo, vivía mucho más tranquila sin estas luchas que yo tenía, sin calcular avances y retrocesos, la logística de campo o las estrategias de combate. Quizá estaba cometiendo el mismo error que Alejandro Magno, que Napoléon y que Hitler. O quizá el enemigo era aún más duro que Wellington. Pero estaba deseando que ella perdiera la guerra, y no precisamente para ganarla yo. Sobre todo porque, el problema de que ella no se enamorara de nadie era, principalmente, que no se enamoraba de mí. Y yo.. yo sentí un cañonazo la primera vez que la vi. Nunca he creído en los flechazos o en su duración. Ver a una persona sin hablarla era como ver un cuadro sin colores: nos puede llamar la atención, pero no tiene vida realmente. Pero este cuadro era como si tuviera un marco astillado o un lienzo rugoso, como el cubismo en 1900, como la vanguardia del arte delante de unos ojos no acostumbrados a los museos. Y conste que aunque no había visitado muchas galerías, tampoco era manco a la hora de tener contactos entre las "artistas" Pero esta pintura, aún en blanco y negro, me cortó el aire literalmente. nunca había creído en ese verso de las canciones, "me falta el aire", bla, bla, bla, pamplinas. Hasta que me pasó a mí. Creo que estábamos en un pasillo, en una escalera o en la calle. No sé. Pero había estallado la guerra. Cuando pusimos color a esa pintura quise llorar de dolor. No quería ir a la guerra. Aunque mis motivos eran muy diferentes a los de ella. Ella, sencillamente, no sentía la llamada de las armas. Yo lo iba a dar todo. Pero sentía el miedo del soldado que, aunque cree en la causa, tiene un lógico miedo a morir, sabe que es posible que no vuelva. Y esta guerra estaba perdida. Ella era un buque de acero y yo la Santa María. Aún así seguí llegando cada día a la batalla, una guerra de desgaste, por cierto, porque apenas si avanzábamos (probablemente porque ella ni siquiera sabía que luchaba) El día que la besé creo que tampoco estaba allí. Porque la besé, sí. Creo que ella estaba algo aburrida y yo pasaba por allí. Una limosna de trinchera, una paz en la guerra. Yo quería que ella estallara en lágrimas y me dijera "I feel like I win when I lose" pero, claro, nunca lo dijo. Apenas dijo nada. Sonreía. Y yo hablaba sin parar. Por nervios, me supongo. No la hice perder y yo no gané. ¿Después?, ¿próxima guerra? No, no... a mí ya sólo me quedaba Santa Elena. Y su recuerdo.




1 comentario:

josemoya dijo...

Hacía tiempo que no publicabas uno de estos cuentos. Muy bueno.