jueves, 30 de abril de 2009

Como una isla entre edificios, primos bastardos de rascacielos,
está mi aldea, entre dos ríos espaldados,
esquizofrenia que se queda también en tus zapatos.
Como un milagro que sobrevive al ateísmo
sigue oliendo a leña podrida cada noviembre
y a plaza en domingo.
Ciertos ladrillos tienen más años que la ideología de los alcaldes,
ciertas buhardillas se han reecontrado abriendo sus altos brazos.
Y ha cambiado sin moverse un ápice,
todo distinto y reconocible,
su cerro de Tesorillo de hospitalidad desagradable,
las calles y el intento restaurador de antigüedad moderna.
Como una isla en la Nacional Dos
permanece
evolutiva y costumbrista
mi aldea de irreductibles comunistas apolíticos.

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