viernes, 8 de mayo de 2009

Bajando la calle de siempre,
que aún no es la calle nuestra,
encuentro mi buen humor
fundido en el crisol de frustrantes semanas
de odio, de asco, de miedo.
Bajando la calle de siempre
quizá hoy yo tengo el mango de la sartén,
poco importa,
no es cuestión de orgullo,
pero poder soltar la fruta madurada en este cerebro mío,
poder al fin tener
actos de comunicación completos es
si no digno de una oda
merecedor al menos de algo de paz.
Sentir la belleza más allá de tus ojos
es soltar una cadena que pesaba demasiado
y, sin embargo, es entenderte a ti con más calma
y a mí, gracias a los dioses, con más humanidad.
bajando la calle de siempre,
nunca nuestro, sino mejor que eso
descubrí la que hay detrás de la euforia,
eso que vale más la pena que la piel
y que podemos llamar,
a falta de mejor nombre,
amistad.

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