sábado, 9 de mayo de 2009

LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN

La vida no es justa. Sólo es más justa que la muerte. Es todo.

William Goldman, La princesa prometida

La parte racional me dice
que así fue, que así es,
que así debe ser,
aunque sea intentar suspender una cascada
en mitad de su torrencial caída
desafiando leyes físicas y humanas
(porque ¿cómo evitar que no siga el agua?
¿cómo, de pronto, fingir que está muerto quien vive?)
La parte inteligente me dice
que hubiera sido mejor el reproche,
focalizar la frustración hacia alguien más concreto,
enfadarme con una figura real y tangible
y no con una situación inevitable.
Pero la otra parte, la de verdad,
esa a la que sobrepasan las circunstancias continuamente,
opina que fue precioso pasear por la capital alemana,
aunque hubiera que forzar la entrada
con un ejército de tanques.

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