miércoles, 27 de mayo de 2009

Si todo estuviera a punto de morir todo el tiempo,
todo el tiempo sería una vida entera,
el periodo abarcable entre nacer y acabarse,
el periodo más intenso y concentrado del mundo.
Hubiera sido buena pintora en teoría
pues recuerdo las imágenes descompuestas en colores:
una mesa amarilla,
a contraluz sentado en ella
alguien se explica cumpliendo su misión,
por la puerta aparece vegetación urbana, llueve
y se limpian las aristas.
La luz que entra baña la explicación y la mesa
dulcemente.
Un barrio conocido y agradable,
compañía y consuelo
porque todo puede acabarse ahora, ya , luego,
no pierdas tiempo en nada
y sigue mirando la luz de la puerta
que nos hace perfectos e intocables.

No hay comentarios: