martes, 9 de junio de 2009

DENSIDAD (tres treinta y siete, aprox.)

Pífanos de esos del mañana será mío,
rítmicos y tamborileros encerrados carceleros,
dulzura de caras desastrosa perfección
y no saber cuándo será la próxima incertidumbre concreta
ni las seis últimas veces vecinas del dolor.
Cambiar de cara, de sueño, de hambre
para volver a ser lo que fueron,
era más fácil.
Menos carne lustrosa y triste
y más desgaste felicitaciones del pasado
porque lo más terrible es tener un solo error en la vida y solo uno.
Algo que se rompe y que debiera romperse y que definitivamente salta en pedazos,
algo que nos destroza la garganta.
Ningún amor se pierde, ninguno se encuentra
y todo puede robarse a la puerta de alguna casa con arpegios en las ventanas.
Podemos salvarnos, al menos eso creo,
con tal de que valentía no sea un señor que gana dinero por las ferias,
sino el ciclón maravilloso que nos lleva cerca y lejos.
Ponerle riñones al asunto y liberar a las generaciones futuras
¿qué sería perder el control sin un poco de ilusión por nuestra parte?
Una ceremonia más, un poco aburrida e insípida,
una pequeña isla donde no merece la pena perderse. Y ese no es nuestro estilo.
Funciones vitales que delaten que lo hemos intentado,
industria de vida hecha en lata
y palomas acurrucándose antes de que sea demasiado tarde
y no podamos ahogarlas con estricnina.
Todo eso será nuestro legado
y cuando ya no existamos, nadie
volverá a divertirse como nosotros lo hicimos,
cuervo a cuerpo.

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