domingo, 28 de junio de 2009

Hasta ti,
nunca había estado en los lugares remotos y cercanos
de una existencia que, ¡cielos!,
estaba ahí, tan a mi alcance.
Hasta que tú,
no había podido extraer del sarcófago de mi cuerpo
esto tan mío que se asusta de ser tan propio.
Hasta tus horas,
me había imaginado la vida adulta
como algo parecido a esto:
un poco de glamour
envuelto en la sencillez del día a día,
y resultó ser cierto de tu mano,
cicerone de mi vida.
Así que, gracias por hoy,
creo que mañana podré caminar sola
y enseñarme a mí misma
lo que tú me das dado.

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